Robotín de Google
25 de octubre de 2012
Las bondades del radicalismo: sobre el aborto
Antes de comenzar quería avisar de que muy pronto tanto este blog como el programa de podcast que le acompaña cambiarán de nombre. Aún no lo he decidido pero la temática estará siempre rotando sobre la crítica (a la raíz) social y la filosofía (historia, fundamentos, ideas...).
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Era medio día y quedaban varias horas para comer. Un compañero de la residencia que, además, hacía la misma carrera que yo bajaba a mi piso para hablar conmigo. Normalmente tratábamos sobre literatura, a veces me ponía pesado y le pedía que colaborase en el podcast ofreciendo sus amplísimos conocimientos sobre historia, etc. Pero justo esa mañana estaba yo enfrascado en un asunto técnico: cómo comenzar el primer ensayo del curso (y de la carrera).
Quería escribir sobre cómo debatir en el tema del aborto para más tarde preparar una exposición oral (que podéis escuchar haciendo click AQUÍ).
Yo andaba muy verde en relación con el tema. No era solo aborto, había mucho más debajo del tema. No era el problema la tecnología del aborto (cuántos meses tenían que pasar para considerar al feto una persona, qué maneras había para abortar, etc) pues eso interesaba más bien poco, sino de los problemas nematológicos que podían derivarse.
Verde, porque en mi cabeza tronaban aún las estúpidas disquisiciones sobre la tecnología de el hecho de abortar.
Entonces él comenzó a desvelarme la raíz del asunto.
El discurso tecnológico por el que, en un principio, abogaba yo, era el siguiente:
Bien, el aborto consiste en la expulsión del feto/nasciturus (nasciturus = el que va a nacer) de las entrañas de la madre antes de que naturalmente lo haga e incapaz este de sobrevivir por sí mismo (siempre diferenciado de un bebé que nazca a los 7 u 8 meses y que justo tras el parto vaya a una incubadora). Dejado esto más o menos claro (aunque alguien que tenga más conocimiento sobre biología podrá ajustar mucho mejor la definición, yo no lo veo necesario hoy en día), el problema se mueve a otro terreno: la neurología. ¿Cuándo está formado el cerebro? ¿Cuándo puede sentir el bebé? Muchas de las opiniones sobre el aborto rotan sobre este, digamos, segundo escalón en la profundidad del tema sobre el aborto.
Pero también lo consideramos (hoy día) una simplificación y una absurdez propia del cientificismo más atroz. Así las cosas, la ciencia (biología, ginecología, neurología) poco pueden decir sobre este evento. Pueden realizar acercamientos sobre la temporalidad de las formaciones neuronales y de los demás miembros del nasciturus, pero en ningún momento eso va a suponer una razón suficiente para decidir a fortiori si abortar es bueno o malo.
Aquí los curas tienen razón, démosles un voto de confianza, hagamos que creemos que su crítica es bienintencionada, que va en busca de la verdad (y sin intención de evangelización) y prosigamos.
Al igual que nadie se convierte en adolescente de un día para otro ni se hace viejo tras levantarse de una siesta en una tarde de otoño, tampoco una persona sucede de un día para otro.
Aparece (permitidme la licencia de "escalar" así el debate, aunque sabemos que toda categorización y cerco supone necesariamente una simplificación del asunto tratado) un nuevo escalón en el debate.
¿Cuándo se es persona? ¿Al nacer, al comenzar a sentir? ¿Cómo sabemos que siente?
Responder a estas tres preguntas que a botepronto se me ocurren nos llevaría mucho tiempo y, creedme, aun no nos pondríamos de acuerdo. Aquí tendríamos que aportar ya una teoría antropológica y también otra mentalista porque, ¿cómo sabemos lo que siente un nasciturus si cuando nosotros lo fuimos no estábamos en disposición de tener juicio sobre lo que sentíamos y, cómo dudarlo, somos ahora incapaces de recordar lo que "vivíamos" en el útero materno?
Hemos llegado a un escalón en que hacen acto de aparición varias materias: la antropología, el mentalismo, también la neurología (hagamos el esfuerzo de creer que la ginecología abarca en alguna medida todo este problema, pero que su potencia teórica se agota antes de responder a todas las preguntas que nos hacemos con todo el derecho del mundo) y, por último, la espiritualidad o las influencias culturales de los sistemas de pensamiento mágico, místico y religioso.
No cabe duda de la grandísima influencia que esto tiene sobre los asuntos aquí tratados.
En los Estados Unidos, aún hoy, se sigue dando vueltas a este escalón, y no se va a llegar nunca a un acuerdo (así como podréis escuchar en el episodio de podcast que enlacé antes).
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Ahí me quedé.
Pero mi amigo no se quedó ahí. Me descubrió que en realidad todas esas discusiones sobre persona sí, persona no, vida sí, vida no, etc etc, eran en realidad una manera muy hábil de esconder un problema bastante más grave y superior.
Llegamos al cuarto escalón: el judicialismo, el jurismo también ATROZ (al mismo nivel o a un nivel superior que el del cientificismo).
Una ley no es dios, aunque muchas veces se la trate como tal. Las leyes no están ahí desde el Big Bang, son escritos, son consensos tras debates, son decisiones en su mayor medida políticas e ideológicas, y tan leyes son las del ojo por ojo de Hammurabi como las que tenemos hoy en España.
¿Cuál es la diferencia?
En el sentido que queremos dar en este post no hay ninguna. Las leyes en su raíz no tienen diferencia. Otra cosa es su enunciación: lo que predican es diferente, pero el que las predica sigue siendo un sujeto, con muchas ideas preconcebidas e imposible de escapar de su historia e influencias.
Por tanto, decir que el "sí al aborto" o el "no al aborto" es algo que las leyes tienen que decidir y que, una vez dicho hache o be en la ley, se acabó el debate, me hace sentir muy intranquilo y deseoso de salir y repartir estampitas cambiando imágenes de vírgenes por las de jueces de prestigio internacional.
Deberíamos de ser capaces de debatir más allá de las leyes. Si estas recogen tras esos numerosos debates una conclusión, allá ellas. Pero nosotros no necesitamos las leyes para fundamentar nuestros debates, lo que necesitamos son las razones que han llevado a aquellos ciudadanos del pasado a aprobar determinadas leyes. ¡Tan o más importante es, como decía Ortega, saber la fecha en que se escribió una obra que su mismo TÍTULO!
Probablemente el primer dato nos haga suponer determinados modelos de conducta, intenciones y posibles contradicciones. El título es, en muchas ocasiones, fruto de otros intereses (publicitarios, sintéticos...).
El título (en este caso la sentencia o ley al respecto) no nos va a servir de nada.
Estos argumentos me parecieron adecuados y al rato subimos a comer. Los masqué y rumié meses más tarde.
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El último escalón sería el debate infinito, el debate que no se apoya en leyes, el debate que no busca una legislación ulterior ni una respuesta veloz a las preguntas que se formulan.
Es muy posible que haya preguntas que nunca podamos responder, también es posible que las respondamos y sigamos adelante (a otra cosa, mariposa) como cuando, tras muchas luchas, se acordó la abolición de la esclavitud.
Entretanto, enfrentadas las subjetividades de ambos bandos, solo se puede dialogar.
En tiempos agitados el diálogo desaparece y se da un encontronazo de fuerzas políticas, muchas de las leyes que tenemos hoy en la mesa han cristalizado tras hectolitros de sangre derramada.
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He sido radical y no he roto ninguna farola. Tampoco he quemado ningún contenedor.
Mis vecinos no han llamado a la policía ni los bomberos están tratando de rescatar a nadie a quien yo haya secuestrado.
Ser radical no implica (solo) el ser violento, ser radical es procurar poco a poco irse sumergiendo en lo que sostiene el debate, pues en muchas ocasiones nos daremos cuenta de algo bien llamativo: lo que damos por hecho y por bien sabido es en realidad lo que peor conocemos.
Un saludo.
Francisco Riveira
En Zaragoza, 24 de octubre de 2012.
26 de julio de 2012
Galdós real
Galdós decía, con menos de 18 años, que la realidad era ya suficientemente poética y que la poesía era un artificio sobre otro artificio (esto último lo añado yo).
Benito Pérez Galdós."
Cuando hacemos una caricatura sobre otra por narices lo que resulte tiene que ser espantoso.
Quizá por eso me gusta tanto leer al escritor canario: no se inventa nada, solo acude al lugar, pregunta a la gente y después lo plasma en un libro, salpicado muchas veces de una ficción que da frescura y velocidad a la lectura.
La única vez que me he sentido patriota (o lo que nos quieren hacer creer que ser patriota es) fue leyendo Trafalgar. Dentro de la piel del aventurero (Gabriel Araceli, protagonista de los libros de la primera serie de los Episodios Nacionales) logré teletransportarme al menos temporalmente a aquella época en la que unos cuantos españoles se las veían y se las deseaban para expedir el certificado de visitante non grato a los ingleses.
La unión se da ante el enemigo, sea en una guerra o en un partido de fútbol.
La unidad nacional es una ficción, pero como toda ficción, necesita ser legitimada por los órganos estatales (que son, o parecía que eran, los más poderosos).
Pensamos que todos los nacionalismos, dentro de lo irracional de su planteamiento, pugnan por sobresalir unos por encima de otros.
Por muy irracional que sea la batalla, no deja de ser batalla.
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A continuación, un poco de realismo galdosiano al más puro estilo para que veamos que también los dorados escritores patrios tenían sus problemas con los usureros y con los mundanos aspectos materiales de la puesta en escena de sus obras teatrales. Don Benito no iba a ser menos:
A continuación, un poco de realismo galdosiano al más puro estilo para que veamos que también los dorados escritores patrios tenían sus problemas con los usureros y con los mundanos aspectos materiales de la puesta en escena de sus obras teatrales. Don Benito no iba a ser menos:
"Madrid y mayo. 18. 1918.
Mi queridísimo Ayala:
Me ha sorprendido mucho que todavía "El Sol" no publique ni anuncie "Santa Juana de Castilla".
Considere Vd que el martes próximo es la última función de esta obra con mi sacrificio. Estoy muy disgustado con Margarita Xirgu que procede con una irregularidad inconcebible.
Pienso hablarle con toda franqueza negándole mi concurso en su próxima campaña de Barcelona.
En cuanto a "El Sol" procure Vd. activar la publicación del folletón.
Sabe cuánto le quiere y admira su constante amigo que le abraza.
Benito Pérez Galdós."
"Madrid y Mayo. 25. 1918.
Mi querido Ayala:
La conducta de "El Sol" que no publica ni anuncia la "Santa Juana de Castilla" me ha puesto en una situación verdaderamente aflictiva. ¿Qué hacemos? Ni siquiera tengo ejemplar para imprimir la obra y darla a el público que ya me parece que es tiempo, pues el único ejemplar lo tiene "El Sol": Haga el favor de decirme hoy mismo lo que hay de este asunto, para yo tomar una resolución.
Esperando su rápida respuesta se reitera de Vd constante y ferviente amigo que le abraza.
Benito Pérez Galdós".
Las dos últimas cartas están transcritas, Benito no podía puesto que la cegera se lo impedía.
La firma es lo único que da él y apenas es legible.
La firma es lo único que da él y apenas es legible.
30 de abril de 2012
Crítica al título de la serie de libros "¡vaya timo!"
No tengo por qué dirigirme a un argumento de autoridad pero aquí os dejo un link que puede servir de entradilla para los que no sepáis mucho sobre este mundo escéptico y, en concreto, de estos libros a los que me estoy refiriendo: AQUÍ
A tener en cuenta que ese post citado es del año 2006 y supongo que ahora LA Gamez ha cambiado de opinión sobre la serie de libros en general.
...
Lo que me ha llevado a hacer esta crítica es haber visto más títulos de esa serie tanto por Twitter como por blogs que los citaban y siempre desde el mundo escéptico (que es como la endogamia real pero en forma de web, porque a los ya convencidos no hace mucha falta convencerles más), nunca desde los sectores afectados por la crítica. Los motivos de que la crítica pueda ser desde el propio escepticismo es que en ningún caso una persona desde los "colectivos" afectados/atacados/puestos en entredicho (como debe de ser, por otra parte) tendría ni los argumentos ni las ganas para rebatir todo lo que en esos libros aparece.
Por supuesto, son muy valiosos títulos tales como "La homeopatía, ¡vaya timo!", "Las abducciones, ¡vaya timo!" o "La sábana santa, ¡vaya timo!". Parecería que nos gusta y que, por supuesto que sí, nos da fuerzas para seguir adelante el hecho de encontrar nuevos adeptos al movimiento racional-escéptico y, ¿cómo no?, estudios que confirmen lo que en un principio podría tratarse de mera precaución ante un hecho inexplicable (al que, como todo el mundo sabe, personajillos como Iker Jimenez se aferran para llenar dos o tres horas de algún programa en tv).
Toda adopción del método científico y de un aparato lo suficientemente crítico a la hora de enfrentar una vida en sociedad creo que, no cabe duda, es muy positiva.
Dejado bien claro esto, a saber, que esta crítica está hecha desde dentro de lo criticado, voy a pasar al meollo de la cuestión:
-El psicoanálisis es criticado en un libro cuyo título sigue el formato anteriormente dispuesto. Ya sabéis: "¡vaya timo!"
Claro que aquí viene el problema, ¿cómo que vaya timo?. El psicoanálisis, como ya sabemos todos (y quien no lo sepa no le costará mucho descubrir el porqué), no obedece ni de lejos al desarrollo y estudio científico de una ciencia dura.
Las ciencias duras son aquellas que no tienen que ver con el ser humano (o al menos que no tienen que ver con él en todo aquello no-físico), ciencias que estudian los elementos químicos, que estudian los números y los algoritmos, que estudian cómo funcionan y se mueven los cuerpos, las leyes que regulan tales movimientos... ciencias que estudian la vida biológica desde una perspectiva totalmente aséptica y, para mí la asepsis en ciencia es la ausencia del hombre como objeto de estudio.
Por eso, ninguna ciencia que estudie al hombre y ninguna """"metaciencia"""" (como la filosofía o la lingüística) van a tener la misma cientificidad que esas duras. Lo que quiero destacar antes de abandonar este preámbulo es que, así y todo, las ciencias duras están basadas en un conocimiento pasado por la criba de lo instrumental, esto es, los aparatos y las técnicas o las mismas teorías en las que están apoyados van a dar grande diferencia a un estudio de otro subsiguiente... no es lo mismo hablar de estrellas con un telescopio en la mano que con nuestros propios ojos o que desde el Paranal de Antofagasta.
Es decir, no todo conocimiento o estudio científico dentro de las ciencias duras va a gozar de una perfecta asepsia y, lejos de criticarlo para entorpecer el camino de la investigación científica, hay que procurar que la crítica tenga como objetivo el deshacernos de este hándicap.
Aquí puede que aparezcan los epistemólogos, porque los científicos deben de dedicarse (habida cuenta de su ultraespecialización tras un máster o doctorado) a su máquina específica o a su labor concreta dentro del laboratorio. La labor del epistemólogo será la de controlar que lo concerniente al descubrimiento científico en lato sensu siga los criterios objetivos de cientificidad exigidos a toda labor de este tipo en cualquier laboratorio del mundo contemporáneo.
Pero timar no es lo que hace el psicoanálisis, quizá el timador sea el psicoanalista o el psicólogo mismo que cobra por realizar una terapia cuya cientificidad puede estar muy en duda pero... ¿es eso un timo?. Aun a sabiendas de lo pseudocientífico de todo lo psicoanalítico podemos afirmar que la intención del psicoanalista (máxime si está, creo yo, dentro de la sanidad pública) no va a ser otra que la de curar al enfermo con sus propios métodos. Ahora bien, si vendemos el psicoanálisis como ciencia o como método infalible de cura de la psique sí que incurriremos en un timo a la misma altura que el dar gato por liebre con un producto homeopático.
Timar es "engañar a alguien con promesas o esperanzas" (a no ser que queramos cambiar el significado de esa palabra). Si un psicoanalista promete o da esperanzas al paciente antes de cualquier sesión estará incurriendo en una mala práxis pero, si ese mismo psicoanalista inicia las sesiones con las precauciones debidamente hechas y con un paciente conocedor de lo inestable en algunos puntos del planteamiento psicoanalítico, tendrá perfecto derecho y responsabilidad de llevar a cabo la sesión.
Por ello, considero desafortunado denominar al psicoanálisis en GENERAL de timo, quizá no sea el término más apropiado y se haya decidido así para encajar en esta colección del pensamiento crítico-escéptico pero he visto necesario apuntar esto.
...
Hay más casos que apuntaré a continuación.
...
-El creacionismo y la religión (vaya timo) respectivamente obedecen a la, en mi opinión, estúpida afición por parte de los escépticos-críticos de este círculo ya citado por meter las narices de la ciencia donde no se le ha llamado.
En efecto, nada tiene que ver una religión con ciencia y, por supuesto (a día de hoy) que tampoco el creacionismo. Ambas cosas no tienen nada que ver. Si hablamos de perros y de repente comenzamos a hablar de coches tendremos que usar otra terminología: donde el perro ladra, el coche pita, donde el perro corre, el coche acelera...
Las religiones (y hablo de todas en general) no están buscando una explicación científica del mundo en que estamos insertos y, como es obvio, el cuento del creacionismo es eso mismo: un cuento, un mito, una fábula que nos da razón del porqué de un acontecimiento de tanta importancia como el de la aparición del planeta tierra y del de los animales. En esa época no se podía explicar de otra manera y hasta mucho más tarde (como quien, dice, anteayer) no se ha podido dar razón convincente de esto. Stephen Hawking, personaje con el que no simpatizo mucho, dijo en algún lugar que "preguntar por lo que hubo antes del Big Bang es lo mismo que preguntar qué hay al norte del polo norte". No le falta razón, pero sí le falta terminar bien esa frase: son cosas diferentes... o, en un futuro, llegaremos a dar una explicación -temporal- de ese acontecimiento.
La religión, además de explicar con cuentos el origen de nuestra vida, se dedica a dar normas morales/éticas, incluso a legislar o a saber lo que está prohibido no por los hombres sino por la autoridad divina. No es, y está ya muy claro, necesaria la religión en ese aspecto. La ética laica y las normas de comportamiento sin tener en cuenta a un dios omnipresente y omnicognoscente están cada día más presentes en nuestra sociedad. Es gracioso que aún sigan existiendo obispos que salgan a la palestra de la televisión pública para aconsejar desde su moral y confesiones privadas a todo el resto de la población.
¿Pero las religiones o el creacionismo son un timo? Creo que no, creo que es también desafortunado calificarlas así. Hay que tener en cuenta que la teología a la vanguardia de hoy en día está ya muy lejos de poner palos a la ciencia más dura. Está claro que una cosa no tiene que ver con la otra y que hablar de dios y de su existencia es lo mismo que hablar de cuán delgado que era Don Quijote de la Mancha.
A esta crítica (muy desafortunada y totalmente desatinada) se puede poner como causa el disgusto de los laicos por intromisiones confesionales en sus ámbitos de conocimiento. Los obispos o curas (estos en menor medida), para actualizarse, han optado por la táctica más atrevida y estúpida de todas: dar a la religión pretensiones de cientificidad. Hablar de que en la Biblia ya había ciertos rasgos de evolucionismo es tirar piedras sobre su propio tejado, hablar de que en la Biblia aparecen prácticas médicas que hasta hace bien poco no se comenzaron a utilizar es, cuanto menos, una meada fuera de tiesto.
Está claro que ante estas no ya intromisiones en lo científico sino PRÉSTAMOS los verdaderos científicos comprometidos con su labor pueden sentirse algo fastidiados y molestos, lo cual no es razón suficiente para calificar a la religión (concepto tan amplio como vacuo y poco claro) de timo.
Se puede criticar la religión, sí. Pero no desde la ciencia, no desde lo empírico.
Se puede criticar actitudes de religiosos, sí, de la propia institución, sí, pero siempre teniendo en cuenta que la estructura (en este caso, la propia Biblia o el Corán) que sustenta eso es un instrumento de poder que, por suerte, hoy ya ha perdido casi toda su artillería y, por tanto, no supone un problema para la correcta actividad científica.
Por último, el nacionalismo. Tampoco tiene nada que ver con la ciencia dura y me parece un error designarlo como un timo. Sé que el escritor de ese libro (El nacionalismo ¡vaya timo!) es un filósofo y, por tanto (por suerte, quizá) la crítica que realiza será desde una posición culturalista o, quizá, histórica. No cabe una crítica al nacionalismo desde posiciones naturalistas o cientificistas. Hablamos de que una ideología pueda suponer un timo, pero, puestos en faena, cualquier ideología es un timo ya que ninguna está basada en nada que pueda ser comprobable y, está claro, toda la esperanza o promesas que puedan dar dependerán mucho del acontecer de la historia. ¿También el marxismo es un timo?, ¿el liberalismo es otro timo?. No creo, tampoco, que una ideología pueda ser calificada como engañosa o timadora. Precisamente por el hecho de ser ideología (conjunto de ideas de un colectivo o lo que sea) no cabe ser tildada de timo: cada cual las elige voluntariamente y a sabiendas de los errores y carencias que puedan tener, no es una información asimétrica.
Lo mismo ocurriría al revés, calificar a la homeopatía como "producto epistemológicamente equivocado" es un desatino, la venta de productos homeopáticos sí que es un timo puesto que se está vendiendo algo que en realidad no va a dar ningún principio activo al paciente salvo placebo, lo mismo ocurre con la lectura de cartas: decir a alguien que se va a contactar con un difunto y cobrarle por ello es otro timo.
...
-Si las ciencias sociales (o humanas) son o no un timo es una pregunta mal formulada. Del mismo modo que la teología habla de un dios sin necesidad de pruebas empíricas, las ciencias humanas (sociología, economía...) hacen estudios a seres humanos o a sus actividades y estructuras. Por supuesto, en ellas la asepsis de la que ya he hablado es más difícil de conseguir: el individuo estudia a otros individuos y tanto ese individuo investigador como su homónimo investigado tienen formas de actuar diferentes que esa misma cantidad de personas en otro tiempo, en otra situación y en otro lugar. Por tanto, los estudios realizados por ciencias sociales en un momento de la historia van a diferir mucho de los realizados en otro. (Efecto Rosenthal, Efecto Hawthorne)
Hasta que podamos hablar de una ciencia o estudios sociales intactos para siempre de toda subjetividad y perfectamente válidos en cualquier momento y lugar tendremos que acudir a ellos con las debidas precauciones. Los investigadores sociales cada día son más conscientes de este problema que les acecha tras cada esquina.
Pero, ¿un timo las ciencias sociales?
Precisamente por esta capacidad de autocrítica: no.
Francisco Riveira.
En Zaragoza, 30 de abril de 2012.
PD: Libros citados
Edición posterior:
El filósofo Fernando Savater hizo en El País hace 6 días una crítica parecida a la mía que se puede leer en el siguiente enlace: LINK
A tener en cuenta que ese post citado es del año 2006 y supongo que ahora LA Gamez ha cambiado de opinión sobre la serie de libros en general.
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Lo que me ha llevado a hacer esta crítica es haber visto más títulos de esa serie tanto por Twitter como por blogs que los citaban y siempre desde el mundo escéptico (que es como la endogamia real pero en forma de web, porque a los ya convencidos no hace mucha falta convencerles más), nunca desde los sectores afectados por la crítica. Los motivos de que la crítica pueda ser desde el propio escepticismo es que en ningún caso una persona desde los "colectivos" afectados/atacados/puestos en entredicho (como debe de ser, por otra parte) tendría ni los argumentos ni las ganas para rebatir todo lo que en esos libros aparece.
Por supuesto, son muy valiosos títulos tales como "La homeopatía, ¡vaya timo!", "Las abducciones, ¡vaya timo!" o "La sábana santa, ¡vaya timo!". Parecería que nos gusta y que, por supuesto que sí, nos da fuerzas para seguir adelante el hecho de encontrar nuevos adeptos al movimiento racional-escéptico y, ¿cómo no?, estudios que confirmen lo que en un principio podría tratarse de mera precaución ante un hecho inexplicable (al que, como todo el mundo sabe, personajillos como Iker Jimenez se aferran para llenar dos o tres horas de algún programa en tv).
Toda adopción del método científico y de un aparato lo suficientemente crítico a la hora de enfrentar una vida en sociedad creo que, no cabe duda, es muy positiva.
Dejado bien claro esto, a saber, que esta crítica está hecha desde dentro de lo criticado, voy a pasar al meollo de la cuestión:
-El psicoanálisis es criticado en un libro cuyo título sigue el formato anteriormente dispuesto. Ya sabéis: "¡vaya timo!"
Claro que aquí viene el problema, ¿cómo que vaya timo?. El psicoanálisis, como ya sabemos todos (y quien no lo sepa no le costará mucho descubrir el porqué), no obedece ni de lejos al desarrollo y estudio científico de una ciencia dura.
Las ciencias duras son aquellas que no tienen que ver con el ser humano (o al menos que no tienen que ver con él en todo aquello no-físico), ciencias que estudian los elementos químicos, que estudian los números y los algoritmos, que estudian cómo funcionan y se mueven los cuerpos, las leyes que regulan tales movimientos... ciencias que estudian la vida biológica desde una perspectiva totalmente aséptica y, para mí la asepsis en ciencia es la ausencia del hombre como objeto de estudio.
Por eso, ninguna ciencia que estudie al hombre y ninguna """"metaciencia"""" (como la filosofía o la lingüística) van a tener la misma cientificidad que esas duras. Lo que quiero destacar antes de abandonar este preámbulo es que, así y todo, las ciencias duras están basadas en un conocimiento pasado por la criba de lo instrumental, esto es, los aparatos y las técnicas o las mismas teorías en las que están apoyados van a dar grande diferencia a un estudio de otro subsiguiente... no es lo mismo hablar de estrellas con un telescopio en la mano que con nuestros propios ojos o que desde el Paranal de Antofagasta.
Es decir, no todo conocimiento o estudio científico dentro de las ciencias duras va a gozar de una perfecta asepsia y, lejos de criticarlo para entorpecer el camino de la investigación científica, hay que procurar que la crítica tenga como objetivo el deshacernos de este hándicap.
Aquí puede que aparezcan los epistemólogos, porque los científicos deben de dedicarse (habida cuenta de su ultraespecialización tras un máster o doctorado) a su máquina específica o a su labor concreta dentro del laboratorio. La labor del epistemólogo será la de controlar que lo concerniente al descubrimiento científico en lato sensu siga los criterios objetivos de cientificidad exigidos a toda labor de este tipo en cualquier laboratorio del mundo contemporáneo.
Pero timar no es lo que hace el psicoanálisis, quizá el timador sea el psicoanalista o el psicólogo mismo que cobra por realizar una terapia cuya cientificidad puede estar muy en duda pero... ¿es eso un timo?. Aun a sabiendas de lo pseudocientífico de todo lo psicoanalítico podemos afirmar que la intención del psicoanalista (máxime si está, creo yo, dentro de la sanidad pública) no va a ser otra que la de curar al enfermo con sus propios métodos. Ahora bien, si vendemos el psicoanálisis como ciencia o como método infalible de cura de la psique sí que incurriremos en un timo a la misma altura que el dar gato por liebre con un producto homeopático.
Timar es "engañar a alguien con promesas o esperanzas" (a no ser que queramos cambiar el significado de esa palabra). Si un psicoanalista promete o da esperanzas al paciente antes de cualquier sesión estará incurriendo en una mala práxis pero, si ese mismo psicoanalista inicia las sesiones con las precauciones debidamente hechas y con un paciente conocedor de lo inestable en algunos puntos del planteamiento psicoanalítico, tendrá perfecto derecho y responsabilidad de llevar a cabo la sesión.
Por ello, considero desafortunado denominar al psicoanálisis en GENERAL de timo, quizá no sea el término más apropiado y se haya decidido así para encajar en esta colección del pensamiento crítico-escéptico pero he visto necesario apuntar esto.
...
Hay más casos que apuntaré a continuación.
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-El creacionismo y la religión (vaya timo) respectivamente obedecen a la, en mi opinión, estúpida afición por parte de los escépticos-críticos de este círculo ya citado por meter las narices de la ciencia donde no se le ha llamado.
En efecto, nada tiene que ver una religión con ciencia y, por supuesto (a día de hoy) que tampoco el creacionismo. Ambas cosas no tienen nada que ver. Si hablamos de perros y de repente comenzamos a hablar de coches tendremos que usar otra terminología: donde el perro ladra, el coche pita, donde el perro corre, el coche acelera...
Las religiones (y hablo de todas en general) no están buscando una explicación científica del mundo en que estamos insertos y, como es obvio, el cuento del creacionismo es eso mismo: un cuento, un mito, una fábula que nos da razón del porqué de un acontecimiento de tanta importancia como el de la aparición del planeta tierra y del de los animales. En esa época no se podía explicar de otra manera y hasta mucho más tarde (como quien, dice, anteayer) no se ha podido dar razón convincente de esto. Stephen Hawking, personaje con el que no simpatizo mucho, dijo en algún lugar que "preguntar por lo que hubo antes del Big Bang es lo mismo que preguntar qué hay al norte del polo norte". No le falta razón, pero sí le falta terminar bien esa frase: son cosas diferentes... o, en un futuro, llegaremos a dar una explicación -temporal- de ese acontecimiento.
La religión, además de explicar con cuentos el origen de nuestra vida, se dedica a dar normas morales/éticas, incluso a legislar o a saber lo que está prohibido no por los hombres sino por la autoridad divina. No es, y está ya muy claro, necesaria la religión en ese aspecto. La ética laica y las normas de comportamiento sin tener en cuenta a un dios omnipresente y omnicognoscente están cada día más presentes en nuestra sociedad. Es gracioso que aún sigan existiendo obispos que salgan a la palestra de la televisión pública para aconsejar desde su moral y confesiones privadas a todo el resto de la población.
¿Pero las religiones o el creacionismo son un timo? Creo que no, creo que es también desafortunado calificarlas así. Hay que tener en cuenta que la teología a la vanguardia de hoy en día está ya muy lejos de poner palos a la ciencia más dura. Está claro que una cosa no tiene que ver con la otra y que hablar de dios y de su existencia es lo mismo que hablar de cuán delgado que era Don Quijote de la Mancha.
A esta crítica (muy desafortunada y totalmente desatinada) se puede poner como causa el disgusto de los laicos por intromisiones confesionales en sus ámbitos de conocimiento. Los obispos o curas (estos en menor medida), para actualizarse, han optado por la táctica más atrevida y estúpida de todas: dar a la religión pretensiones de cientificidad. Hablar de que en la Biblia ya había ciertos rasgos de evolucionismo es tirar piedras sobre su propio tejado, hablar de que en la Biblia aparecen prácticas médicas que hasta hace bien poco no se comenzaron a utilizar es, cuanto menos, una meada fuera de tiesto.
Está claro que ante estas no ya intromisiones en lo científico sino PRÉSTAMOS los verdaderos científicos comprometidos con su labor pueden sentirse algo fastidiados y molestos, lo cual no es razón suficiente para calificar a la religión (concepto tan amplio como vacuo y poco claro) de timo.
Se puede criticar la religión, sí. Pero no desde la ciencia, no desde lo empírico.
Se puede criticar actitudes de religiosos, sí, de la propia institución, sí, pero siempre teniendo en cuenta que la estructura (en este caso, la propia Biblia o el Corán) que sustenta eso es un instrumento de poder que, por suerte, hoy ya ha perdido casi toda su artillería y, por tanto, no supone un problema para la correcta actividad científica.
Por último, el nacionalismo. Tampoco tiene nada que ver con la ciencia dura y me parece un error designarlo como un timo. Sé que el escritor de ese libro (El nacionalismo ¡vaya timo!) es un filósofo y, por tanto (por suerte, quizá) la crítica que realiza será desde una posición culturalista o, quizá, histórica. No cabe una crítica al nacionalismo desde posiciones naturalistas o cientificistas. Hablamos de que una ideología pueda suponer un timo, pero, puestos en faena, cualquier ideología es un timo ya que ninguna está basada en nada que pueda ser comprobable y, está claro, toda la esperanza o promesas que puedan dar dependerán mucho del acontecer de la historia. ¿También el marxismo es un timo?, ¿el liberalismo es otro timo?. No creo, tampoco, que una ideología pueda ser calificada como engañosa o timadora. Precisamente por el hecho de ser ideología (conjunto de ideas de un colectivo o lo que sea) no cabe ser tildada de timo: cada cual las elige voluntariamente y a sabiendas de los errores y carencias que puedan tener, no es una información asimétrica.
Lo mismo ocurriría al revés, calificar a la homeopatía como "producto epistemológicamente equivocado" es un desatino, la venta de productos homeopáticos sí que es un timo puesto que se está vendiendo algo que en realidad no va a dar ningún principio activo al paciente salvo placebo, lo mismo ocurre con la lectura de cartas: decir a alguien que se va a contactar con un difunto y cobrarle por ello es otro timo.
...
-Si las ciencias sociales (o humanas) son o no un timo es una pregunta mal formulada. Del mismo modo que la teología habla de un dios sin necesidad de pruebas empíricas, las ciencias humanas (sociología, economía...) hacen estudios a seres humanos o a sus actividades y estructuras. Por supuesto, en ellas la asepsis de la que ya he hablado es más difícil de conseguir: el individuo estudia a otros individuos y tanto ese individuo investigador como su homónimo investigado tienen formas de actuar diferentes que esa misma cantidad de personas en otro tiempo, en otra situación y en otro lugar. Por tanto, los estudios realizados por ciencias sociales en un momento de la historia van a diferir mucho de los realizados en otro. (Efecto Rosenthal, Efecto Hawthorne)
Hasta que podamos hablar de una ciencia o estudios sociales intactos para siempre de toda subjetividad y perfectamente válidos en cualquier momento y lugar tendremos que acudir a ellos con las debidas precauciones. Los investigadores sociales cada día son más conscientes de este problema que les acecha tras cada esquina.
Pero, ¿un timo las ciencias sociales?
Precisamente por esta capacidad de autocrítica: no.
Francisco Riveira.
En Zaragoza, 30 de abril de 2012.
PD: Libros citados
Edición posterior:
El filósofo Fernando Savater hizo en El País hace 6 días una crítica parecida a la mía que se puede leer en el siguiente enlace: LINK
13 de abril de 2012
Sobre el episodio número 30 del podcast
* Este post viene a cuento de el siguiente enlace: http://www.ivoox.com/nobody-is-perfect-podcast-030-audios-mp3_rf_1150360_1.html
El problema de los posts es que no suelen ser multimedia salvo que les metas alguna foto. Yo, en el de hoy, he decidido adjuntaros el enlace al episodio número 30 de mi podcast "Nobody is perfect", un episodio de hora y pico en el que no hablo yo sino otra persona y, ya veis, no sobre filosofía sino sobre arquitectura.
Así que aprovechad que este post es multimedia porque no es algo muy habitual (ya que, y cada vez más, lo habitual es expresarse en esos exiguos 140 carácteres a lo sumo con un enlace que amplie la perspectiva).
...
Esto va a ser breve.
Cuando hablamos de arquitectura no hablamos de metafísica. Es más por suerte que por desgracia, ya que al insertarnos en una espiral de especulación y sobreinterpretación (muchas veces empujados por nuestra propia ideología que, como ya escribí hace unas cuantas semanas, es algo tan pegado a nosotros como nuestra sombra) tendemos a perder el norte de la discusión, tejer nuevos problemas que, lejos de explicar lo inconcluso de la afirmación primera, se escapan de ella y lo llevan todo a puerto conocido, cosa estúpida, arrogante y estéril.
Por eso me gusta tanto hablar de lo vivo y de lo que se te puede caer encima de la cabeza como no esté bien montado. Sea lo dañina que sea una ideología y pertúrbenos lo que nos perturbe, no nos va a hacer un daño físico y, en este mundo, aunque nadie se muera de hambre (al menos en este mundo "primero", en este país), no estamos lo suficientemente preparados y desligados de lo carnal y fisiológico como para desprendernos de ello e iniciar un viaje intelectual totalmente aséptico.
Vaya, que la ideología no desprende paredes ni es causa única de que alguien muera... no es el instrumento en sí, sino que se usan armas, se usan palas o se usan las propias manos.
Así que, como cuando hablamos del aborto y de sus implicaciones éticas, hablar de arquitectura y de que un edificio se nos pueda caer encima porque la estructura esté resintiéndose al estar esta hecha de hierro o de otro material del estilo es hablar de la REALIDAD.
Creo que es interesante estudiar (no sé si alguien lo ha hecho) las implicaciones éticas de que un edificio sea de tal o cual manera o esté así o asao construido. Es importante porque, no cabe duda, según hagamos un edificio, así viviremos... y, por supuesto, según vivamos o queramos vivir, así haremos los edificios.
Me pregunto aquí si la gente se da cuenta de la importancia que tiene el lugar que pisa y lo mucho que le puede llegar a determinar.
Nadie pinta las paredes de negro (salvo casos muy particulares), nadie quiere vivir en casas que no le permitan estirar los pies o no sufrir goteras o gritos del vecino. La privacidad, el color (a pesar de que la colorterapia me parezca un timo bien gracioso), los materiales, la calefacción... en general, todo lo que nos rodea en los momentos ociosos, ese continente que no ponemos en cuestión, esa jarra en la que nos echamos agua y ese color de sábanas que nos tapan cuando dormimos... todo ello es condicionante de nuestro carácter, modo de vivir y de pensar.
...
Con esta reflexión quiero dar "apéndice" al episodio número 30 que os recomiendo fervorosamente
Un saludo.
Fran Riveira
En Zaragoza, a 13 de abril de 2012.
El problema de los posts es que no suelen ser multimedia salvo que les metas alguna foto. Yo, en el de hoy, he decidido adjuntaros el enlace al episodio número 30 de mi podcast "Nobody is perfect", un episodio de hora y pico en el que no hablo yo sino otra persona y, ya veis, no sobre filosofía sino sobre arquitectura.
Así que aprovechad que este post es multimedia porque no es algo muy habitual (ya que, y cada vez más, lo habitual es expresarse en esos exiguos 140 carácteres a lo sumo con un enlace que amplie la perspectiva).
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Esto va a ser breve.
Cuando hablamos de arquitectura no hablamos de metafísica. Es más por suerte que por desgracia, ya que al insertarnos en una espiral de especulación y sobreinterpretación (muchas veces empujados por nuestra propia ideología que, como ya escribí hace unas cuantas semanas, es algo tan pegado a nosotros como nuestra sombra) tendemos a perder el norte de la discusión, tejer nuevos problemas que, lejos de explicar lo inconcluso de la afirmación primera, se escapan de ella y lo llevan todo a puerto conocido, cosa estúpida, arrogante y estéril.
Por eso me gusta tanto hablar de lo vivo y de lo que se te puede caer encima de la cabeza como no esté bien montado. Sea lo dañina que sea una ideología y pertúrbenos lo que nos perturbe, no nos va a hacer un daño físico y, en este mundo, aunque nadie se muera de hambre (al menos en este mundo "primero", en este país), no estamos lo suficientemente preparados y desligados de lo carnal y fisiológico como para desprendernos de ello e iniciar un viaje intelectual totalmente aséptico.
Vaya, que la ideología no desprende paredes ni es causa única de que alguien muera... no es el instrumento en sí, sino que se usan armas, se usan palas o se usan las propias manos.
Así que, como cuando hablamos del aborto y de sus implicaciones éticas, hablar de arquitectura y de que un edificio se nos pueda caer encima porque la estructura esté resintiéndose al estar esta hecha de hierro o de otro material del estilo es hablar de la REALIDAD.
Creo que es interesante estudiar (no sé si alguien lo ha hecho) las implicaciones éticas de que un edificio sea de tal o cual manera o esté así o asao construido. Es importante porque, no cabe duda, según hagamos un edificio, así viviremos... y, por supuesto, según vivamos o queramos vivir, así haremos los edificios.
Me pregunto aquí si la gente se da cuenta de la importancia que tiene el lugar que pisa y lo mucho que le puede llegar a determinar.
Nadie pinta las paredes de negro (salvo casos muy particulares), nadie quiere vivir en casas que no le permitan estirar los pies o no sufrir goteras o gritos del vecino. La privacidad, el color (a pesar de que la colorterapia me parezca un timo bien gracioso), los materiales, la calefacción... en general, todo lo que nos rodea en los momentos ociosos, ese continente que no ponemos en cuestión, esa jarra en la que nos echamos agua y ese color de sábanas que nos tapan cuando dormimos... todo ello es condicionante de nuestro carácter, modo de vivir y de pensar.
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Con esta reflexión quiero dar "apéndice" al episodio número 30 que os recomiendo fervorosamente
Un saludo.
Fran Riveira
En Zaragoza, a 13 de abril de 2012.
7 de marzo de 2012
Qué es filosofía
Parece ir siempre por detrás de la ciencia recogiendo lo que a esta escapa o rechaza como inválido (y no merecedor de entrar en ese ejercicio de falsación y verificación, insoslayable en cualquier actividad científica).
Yo creo que no, yo creo que va siempre a la vanguardia de todo lo científico.
Entiendo que a algunas personas (bastante inteligentes, porque pensar en estos términos significa usar el aparato crítico y haber llegado a cierto nivel de abstracción) les pique mucho que, en las clases de filosofía en bachillerato, se hable de determinados filósofos como los antecesores de no sé qué tipo de descubrimiento científico. Por poner un ejemplo: la preocupación de Goethe por descubrir aquello que nos igualase a los animales (el conocido hueso intermaxilar, precedente de la teoría de la evolución darwiniana), el mecanicismo postcartesiano, los notables barruntos de filósofos clásicos como Aristóteles que dejaron escritas las bases de numerosas ciencias que hoy en día han llegado a nuevas cotas de abstracción (y de cuyo objeto de estudio se ha cambiado incontables veces, por no hablar de su racionalidad o intelección, diferente a la que era en un principio), etc.
El hecho de poseer un terreno no arado para la especulación sin ton ni son (¿esto es criticable o no?) dota a la filosofía de una frescura constante y un adelanto a todo lo que después la ciencia demuestra empíricamente.
El terreno de la ciencia sí que está arado. Probablemente a un filósofo que lleve toda su vida estudiando filosofía salir de ese campo pueda resultar asfixiante y quiera retornar a las llanuras especulativas y sin normativizar.
No sé si estoy a favor de la normativización aunque entiendo a Cartesio cuando hablaba en el Discurso del método de que ya estaba bien de volver a comenzar a hacer filosofía desde cero filósofo a filósofo, que ya estaba bonito, que era hora de sentar alguna base mínima que no pudiese ser discutida. Pues mira, querido Descartes, hasta en eso te equivocaste... como que no ha habido pocas "demostraciones" que han tirado por tierra la base tan segura sobre la que tú te montaste en un principio, sobre todo porque para llegar a esa conclusión tuviste que efectuar con no pocos retrocesos e ideas bizantinas (en mi opinión, que no debería de importar mucho). Hoy Descartes sigue presente y sigue haciendo daño (en medicina, por ejemplo).
La filosofía va incluso delante de sí misma. Si esta enciende una luz en el portal número 1 de una calle va a tener por seguro que al mismo momento se ha especulado con que esa luz no exista, que esa luz es reflejo de otra o que esa luz, en realidad, se encuentra en lo más alto de la mentada calle.
Porque la filosofía, creo, no es una sino que son muchas, y esto permite a la filosofía una disparidad y un ejercicio sui generis que no ocurre con más disciplinas (incluso dentro de las "ciencias" humanas, que de científicas tienen bien poco, más bien serían "ideologías humanas").
Es una rara avis, consigue poner de los nervios a científicos, a teólogos y a personas que van caminando por la calle sin mayor preocupación.
La misma sorpresa que siente alguien cuando, justo al iniciar los créditos finales de una película que acaba de ver en el cine, se ve preguntado que por qué le ha gustado la película. No se le está preguntando si sí o si no, sino el porqué. Verse en la situación de encadenar un pequeño discurso que argumente el porqué de que a alguien le ha gustado una película justo después de terminar de verla es, además de una crueldad, pedir demasiado.
Pedir demasiado es pedir una preocupación conscientemente filosófica a las personas. No es eso lo que hay que pedir, hay que demostrar con cada actividad que aparezca o con cada problema social relativo a la ética o a la antropología filosófica que esta (la filosofía) tiene un papel importante en esas acaloradas discusiones que, como ideológicas que son, no tienen los puntos nodales en común.
Me basta con tener la convicción de que tanto la filosofía como las ciencias tienen en común el desarrollo de unos argumentos racionales.
Doy por hecho que la filosofía es eso, aunque se me puede rebatir y de hecho mañana mismo podré estar rebatiéndome a mí mismo (o viendo carencias en este escrito, que hago por una necesidad puntual).
También doy por hecho que absolutamente todo discurso, en tanto que se encuentra dentro de unas estructuras lingüísticas producto de un contexto sociocultural, tiene manchas de ideología.
Esto a mí me causa inquietud.
En Zaragoza, a 7 de marzo de 2012.
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