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9 de diciembre de 2014

Xavier Zubiri, Dios y la Filosofía - Cuarta y última parte




Al principio de esta serie hablamos de las ciencias que poco a poco se abren paso sobre los conocimientos en metafísica y teología, poniéndolos en un lugar secundario en el currículo universitario. Uno de los “competidores” que la teología tuvo durante el siglo XIX es la antropología y ya más adelante la filosofía. Es en parte por esto por lo que se ha pensado en el último siglo que la teología es principalmente un estudio sobre el hombre, pero esta idea es ilegítima según el parecer de Zubiri. La teología tiene a dios en su centro, ciertamente la teología está fundada en esa dimensión teologal del hombre que da título a la conferencia que hemos analizado en el anterior punto pero lo teologal no es lo teológico ya que una cosa (lo teologal) es fundamento de la otra.

El conocimiento teologal ocurre en la dimensión fundamental de la realidad, es decir, la religación, es no solo la dimensión fundamental sino la experiencia fundamental. La posición antropológica o sociológica ante el problema de dios olvida esa dimensión fundamental que es la religación y Zubiri aplica el estatuto de la teología fundamental al estudio de lo teologal en tanto que teologal.


Lo teologal y solo lo teologal, quod erat demonstrandum, da respuesta al problema radical de dios para el hombre actual.


...


Para realizar este ensayo me he valido de dos de las publicaciones clave de Zubiri al respecto. También he comprobado que buena parte de la concepción sobre la persona zubiriana procede directamente de Ortega, hay momentos en que la influencia es más que clara. Ambas publicaciones son las siguientes: El hombre y Dios y Naturaleza, Historia, Dios.


El pensamiento de Zubiri está ya más madurado en la primera obra, de hecho fue publicada póstumamente. La parte final de ese libro son anotaciones del propio Zubiri que seguramente podría haber compilado y modificado de manera sustancial si hubiese tenido tiempo para ello. Es por esto por lo que no se ha cerrado del todo las categorías de Realidad Humana, Divina y El hombre como experiencia de dios, pero disponemos de los rasgos principales. Como ya he dicho, con este trabajo pretendía hacer un recorrido por las tesis más fundamentales del filósofo con el concepto de religación como núcleo del sistema. Para esa tarea me he servido principalmente del texto titulado En torno al problema de Dios que aparece en su obra Naturaleza, Historia, Dios. 




En el desarrollo de sus argumentos muchas veces nos hace partícipes de cómo ve el esquema de pensamiento filosófico actual y su posición es claramente pesimista. Es el de Zubiri uno de los últimos grandes intentos (o logros quizá) de salvaguardar esa dimensión ora cristiana ora teísta en sentido amplio. El mérito que ello supone y su claridad expositiva (en ese sentido también sigue las directrices -de estilo- orteguianas) es un valor añadido a lo hasta aquí descrito. A la hora de hacer la introducción histórica me he basado en la primera parte de la Contrahistoria de Michel Onfray y el documental de Deleuze. He utilizado, asimismo, varios artículos de la Revista de Occidente en que escribe Zubiri, la 42ª publicación entre otros.

8 de diciembre de 2014

Xavier Zubiri, Dios y la Filosofía - Tercera parte




Estas lecciones de Zubiri, recogidas en su obra El hombre y Dios no van a tratar de las ideas sobre dios sino del problema radical que supone dios para el hombre de la época de Xavier Zubiri. Aun siendo ateo o creyente pretende que en su realidad vivida no existe un problema de dios y no piensa que quizá enmarcarse como teísta o ateísta supone una respuesta a algo anterior. Ambas posiciones, a pesar de todo, han de justificar su actitud intelectualmente. Este punto de partida es un problema y no una teoría.


Pensar a Dios es pensarlo de manera problemática y descubrir ese problema es al mismo tiempo, de manera automática, un encuentro con la realidad (o la irrealidad, aquí Zubiri da una concesión a las posturas ateas) de dios. De ahí que exista un problema teologal del hombre, que va a ser lo que tratará Zubiri en esta pequeña conferencia dictada en noviembre de 1973 en la Universidad Gregoriana de Roma.


No hay que hacer de la existencia humana objeto de la teología (ya que esto daría por supuesta la realidad de dios) pues las consideraciones teológicas son parte de teorías anteriores. Pero aquí Zubiri busca analizar los hechos que ocurren en la realidad humana, si en este proceso de análisis se logra encontrar una dimensión que nos lleve a la ultimidad de lo real: la dimensión teologal del hombre.


Zubiri no ha definido una idea de dios sino que lo ha localizado en el proceso de conocimiento humano, lo ha puesto al final, en las fronteras de lo que buenamente podemos discernir al final de lo real, como hemos dicho antes, incluso el ateísmo se encontraría inscrito en este proceso de conocer la realidad vital propia. De este modo de pensar la cuestión partirá nuestro filósofo a la hora de considerar lo que es y deja de ser dios o, mejor dicho, el problema de dios.


Para ello habrá que partir de un análisis de la realidad humana, Zubiri, en esta conferencia, lo llevará a cabo a través de tres pasos:


1. El hombre es una persona, no es para sí mismo como para sí misma es una piedra, y cada persona es absoluta en el sentido de exenta de otras realidades. Pero esta propiedad de personalidad absoluta no viene ya dada desde el nacimiento sino que cada persona, por medio de la realización de ese potencial, ha de conseguirla. El poder asir la realidad y así mejor conformarse, como ya hemos visto, Zubiri lo llama religación. El hombre está expuesto a una realidad última que se denomina religación, esa es la frontera de la realidad, ahí se localiza el problema de dios después de la deriva de la teoría de Zubiri.


2. La opción del ateísmo, del teísmo o de lo que fuera sería ya un inicio de ese camino hacia el fundamento pues, según Zubiri: “Toda opción es ya una marcha cuando menos incoada.” La realización personal supone tomar parte por una opción, cualquiera que esta sea, pues todas ellas van a ser una experiencia del fundamento de lo real. Y en el camino de conocimiento hasta los bordes de sus posibilidades descubrimos a dios como consecuencia necesaria de la religación.


3. Pero ese camino hacia los últimos fundamentos de lo real tiene mucho de físico o de experiencial, así, es un constante método de prueba de la experiencia al mismo tiempo intelectiva y material (en el sentido de física): 


“La religación es, pues , una marcha experiencial hacia el fundamento del poder de lo real. Es experiencia fundamental.”


Y esa experiencia fundamental va a ser directamente una experiencia de dios, como esa experiencia es personal entonces dios no va a suponer un añadido externo a esa personalidad humana sino que se va a tratar de un dios trascendente, que subyace y permanece al hombre mismo y a su más última realidad o fundamento: “Dios no es la persona humana, pero la perosna humana es en alguna manera Dios: Es Dios humanamente”. 


Por lo cual, en el proceso del análisis zubiriano de la realidad humana el último paso va a suponer una experiencia del propio dios. Cada momento (persona, religación, experiencia de dios) brota del estadio anterior, y esta triada de realidades Zubiri la denomina la dimensión teologal del hombre.


Esta dimensión es la forma determinada de la religación. La forma de la religación es la religión, la religión supone un conocimiento de la experiencia de dios, hombre y mundo que puede variar según épocas y culturas, por ello hay múltiples religiones y diferentes libros sagrados y dioses con diferentes atributos. Piensa Zubiri que la historia de las religiones supone esa última experiencia acerca de lo real que, reitera, es dios.


Ahí entrará el cristianismo, en tanto que religión es una expresión de la religación, el cristianismo es el plano experiencial en el que se encierra el fundamento último de la realidad humana y, por tanto, de la realidad del mundo. En el cristianismo se es real en dios, Zubiri va a llamar a esta cualidad deiformidad, a saber, ser como dios. Lo básico y fundamental de una religión como el cristianismo no va a basarse solo en lo soteriológico sino principalmente en esta deiformidad. La experiencia que tiene la humanidad de dios es esta experiencia de la deiformidad se da en los campos de lo individual, social e histórico, respectivamente: religación, religión y deiformación, cuyos correlatos son el propio dios, la religión y el cristianismo.

7 de diciembre de 2014

Xavier Zubiri, Dios y la Filosofía - Segunda parte





En el libro Naturaleza, Historia, Dios Zubiri va a exponer su teoría sobre el mundo y sobre dios de manera ascendente, partiendo de la inmanencia hasta la trascendencia (aunque veremos más adelante que el dios de Zubiri es un dios inmanentizado pues no precisamos de un método para llegar a él). Aunque, como es natural, en toda su obra Zubiri toma el concepto o filosofema dios en su sentido cristiano y, por tanto, siempre lo cita con mayúsculas, yo voy a proceder de manera contraria en tanto en cuanto que al pretender con esto un desarrollo de las posiciones de Zubiri sobre el asunto considero esencial mantenerme en un constante meta-discurso pues todo discurso filosófico ha de ver los acontecimientos desde una óptica, al menos pretendidamente, neutral. Además, en buena parte de las argumentaciones de Zubiri va a afirmar que el dios al que él se refiere no es necesariamente el dios cristiano, Zubiri está hablando de un dios universal para un hombre cualquiera, y esa dimensión teologal no va a tener nombres ni apellidos, por tanto tampoco letra capital.


Quiere Zubiri llegar a dios a través del mundo. Para ello va a tener que exponernos su teoría ontológica y posteriormente su antropología, solo de esa manera podremos alcanzar su posición sobre qué es lo teologal y qué es la dimensión o realidad última. En primer término hay que pensar en la posibilidad filosófica del problema de dios. A lo largo de la historia, como hemos visto en la pequeña introducción anterior, se ha intentado probar racionalmente a dios (argumento ontológico, las cinco vías de San Agustín)... pero sin embargo este intento de probar a dios, en palabras de Deleuze, no constituye la cuestión de dios, no es realmente el problema de dios.


Zubiri criticará ese realismo ingenuo, pues aunque parta del mundo va a seguir siendo un “partir” y un “tomar posición” en el mundo. En efecto, el sujeto se relaciona con algo exterior según el realismo, pero esto se funda indudablemente en el hecho de que hay una interioridad del sujeto. El idealismo, por el contrario, va a negar las cosas reales y dirá que tan solo hay un sujeto. A pesar de todo, esta actitud negativa o positiva ante la existencia de un exterior es siempre un hecho. Zubiri concluye dos cosas :


“1. Que la existencia del mundo exterior es un “hecho”.

2. Que es un hecho añadido a los hechos de conciencia. ”


Es ilegítimo afirmar que hay sujeto “y” otras cosas, no es una relación de causalidad ni de conjunción, sino de apertura, el sujeto consiste principalmente en estar abierto a ellas. Puede, así, haber cosas sin hombres pero de ningún modo hombres sin cosas.

Así pues, si es que hay un dios lo habrá “además” del hombre y las cosas. A este respecto a lo largo de la historia se han propuesto dos tipos de demostraciones de dios, a saber: 


- Quoad se: explicación por dios mismo.

- Quoad nos: explicación por lo que dios nos afecta a nosotros mismos.


La explicación de Zubiri se va a centrar en esta segunda aventura del conocimiento: ¿Qué es dios para nosotros, es nuestro ser un ser en dios? Aparecerá aquí el concepto fundamental de Zubiri, que vertebra toda su teoría sobre la realidad divina y sin el cual no podría sostenerse su edificio teórico: la religación.


El hombre está arrojado a las cosas. Más aún, el hombre está implantado en la existencia, y ese existir es vivir, transcender, no es una vida vegetal sino una vida con sentido, sentido impuesto por nosotros mismos. Aunque la filosofía moderna ha hablado de tres estadios (sujeto, yo y persona) no ha, según Zubiri, localizado la cuestión radical acerca de la persona. ¿Cuáles son las proposiciones fundamentales que permiten a Zubiri hablar de personas?


El hombre existe y ha de realizarse como persona; su vida es una misión; ha de realizarse tanto con las cosas como entre ellas; esto que le impele a vivir no es un apego a la vida sino algo que viene de suyo (de su interior); necesita esa persona de otras para realizarse; la vida, así y todo, no nos ata a nada; la religación misma nos obliga a existir y nos hace patente la fundamentalidad de la existencia humana, que es ella misma: el hombre consiste en religación.


Estamos religados primariamente, esa religación es natural en tanto que pertenece a nuestra naturaleza personificada (no es nuestra naturaleza al modo genético o físico sino nuestra naturaleza, por así decirlo, metafísica o epigenética). La religación (que no religión) no nos pone ante la realidad de un dios sino que nos abre el camino hacia la deidad propiamente dicha, por esto antes adelantamos que la religación no es específicamente cristiana, al menos hasta el momento actual del desarrollo de su teoría.


Incluso el ateísmo, como negatividad a lo fundante (y no a una determinada concepción de dios, como se suele tomar por costumbre) es: 


“[...]metafísicamente imposible sin el ámbito de la deidad: el ateísmo es una posición negativa ante la deidad”


Otra propiedad de la religación es que supone una apertura, nos permite estar “implantados en el ser”. En Zubiri, el problema de dios va a ser el problema de la religación.

Voy a citar ahora un fragmento que indica de manera inmejorable qué supone el proceso de conocimiento en Zubiri a través de la religación: 


“Porque hay en el conocimiento dos dimensiones distintas: la una, lo conocido efectivamente en el conocimiento; la otra, lo que nos lleva a conocer. El hombre es llevado a conocer por su propio ser. Y precisamente porque su ser está abierto y religado, su existencia es necesariamente un intento de conocimiento de las cosas y de Dios.”


Este análisis, junto a la posición ontológica zubiriana que dice que somos impulsados a entender no lo que “hay” sino lo que posibilita que haya algo nos lleva inexorablemente a plantearnos el problema de dios. Dios no es un agregado a los otros sino que el problema que en un primer momento (y eso ha parecido sustraerse de toda la teología medieval) parecía pertenecerle solo a él también se refiere a todo lo demás, hay una estrechísima relación entre dios y lo demás, al contrario que la sustancia aristotélica que era capaz de vivir en separación y oposición al accidente. En fin: si dios es un problema también lo es el mundo.


Teme Zubiri que pensemos, tras este proceso teórico, que la religación se opone a la libertad. Sale de este atolladero diciendo que la libertad puede entenderse de varias maneras, a saber, de la libertad como usada en vida (que nos daría vía libre para actuar o no) y una libertad más honda y radical, una libertad como liberación, una existencia liberada. La religación limita al hombre en ambos sentidos, pero a pesar de ello supone algo así como un caballo de Troya pues aun constriñéndole en el artilugio le ha permitido el acceso al lugar que sin él habría estado vedado. Es gracias a la religación como se constituye el humano en ser libre.


Como parte final de su argumentación Zubiri va a hablar del ateísmo. Este y sus defensores suelen atender a cuestiones prácticas y a negaciones de ciertas ideas de dios. Zubiri, como hemos visto, se ha guardado las espaldas a lo largo de toda la anterior explicación sin haber siquiera dado un atributo a dios per se, todo acercamiento a dios ha sido a través de instancias inferiores como la persona o la religación, no a través de demostraciones racionales o conceptuales, haciendo casi un evento necesario el llegar a él. A pesar de ello, hace una concesión Zubiri a que sea posible olvidar la religación.


Siguiendo con el asunto del ateísmo, para él el ateo es un gran soberbio. La rebeldía de la vida es la forma fundamental del ateísmo pues el hombre pretende fundamentarse en sí mismo. Pero quizá el ateo no haga más que ponerse a sí mismo en el puesto de dios, a hacerse a sí mismo un dios, en vez de negar a dios. En esta última parte podemos ver la amargura de Zubiri ante una época en la que parece que esa soberbia del éxito de la vida humana hace que el ateísmo sea una moda con cada vez más seguidores. En una época en que se lleva la desfundamentación y el abandono a toda realidad radical el problema no va a tratar de confesiones mejores o peores ( catolicismo, protestantismo...) sino de irreligión y religión.


Dentro de este temor, Zubiri apunta más como anhelo que como pronóstico lo siguiente: 


“Probablemente, es necesario apurar aún más la experiencia. Llegará seguramente la hora en que el hombre, en su íntimo y radical fracaso, despierte como de un sueño encontrándose en Dios y cayendo en la cuenta de que en su ateísmo no ha hecho sino estar en Dios. Entonces se encontrará religado a Él, no precisamente para huir del mundo, de los demás y de sí mismo, sino al revés, para poder aguantar y sostenerse en el ser. Dios no se manifiesta primariamente como negación, sino como fundamentación, como lo que hace posible existir. La religación es la posibilitación de la existencia en cuanto tal.”

La grave conclusión a la que llega Zubiri no es otra que la de replantear el estatuto de la propia filosofía: habría que renovar el concepto de filosofía para que abarcase también estas realidades que hemos visto.

6 de diciembre de 2014

Xavier Zubiri, Dios y la Filosofía - Primera parte (Introducción)



Deleuze, en la parte “q” de questión de su entrevista-abecedario publicada póstumamente, reflexiona sobre la palabra “Pregunta” poniéndola en contraposición a la interrogación. En ese caso, una interrogación sería una acción banal y sin contenido filosófico relevante mientras que la pregunta supondría ir un poco más allá, tendría verdadero interés para la ulterior reflexión y no sería un mero pasatiempo o actitud conversacional ordinaria. Quiero comenzar esta serie de posts haciendo referencia a estas dos maneras de afrontar una cuestión, pues pueden dar lugar a diferentes tratamientos y perspectivas que cambiarán cualitativamente el resultado de nuestras investigaciones. Así, las cuestiones pueden atenderse desde una sola ciencia en particular o desde un conjunto de ellas. La primera posición requiere una disposición epistemológica del científico a la hora de abordar el problema que no es la misma que en el caso pluridisciplinar: es un monismo explicativo. A continuación ahondaré más en esa cuestión. En cambio, la explicación de sucesos por medio de varias ciencias (tanto naturales como sociales o humanas) requiere tener en cuenta que un holismo explicativo implica que haya relaciones entre las partes del problema susceptibles de su estudio a partir de esas ciencias, cosa que no implica que en todo momento el objeto de estudio deba estar bajo la atención de dichas ciencias ya que habrá momentos de la investigación en que sea suficiente con un acercamiento parcial e incluso otros momentos en que sea suficiente con ese monismo. 


La cuestión de la que nos vamos a ocupar en esta serie ha sufrido todo tipo de acercamientos, tanto desde las ciencias naturales como desde las ciencias sociales. A simple vista puede sonar ridículo que las ciencias naturales hayan de decir algo sobre este problema (no interrogación, sino pregunta) ya que su potencia explicativa se basa principalmente en la falsación y verificación de hipótesis, pero hay que tener en cuenta que el logos de esas ciencias ha cambiado, su discurso ha variado con el tiempo y lo que antes era alquimia hoy es química, lo que antes era atomismo hoy ya es física de particulas. Las preguntas que tales ciencias se hacen parecen ser las mismas mas no así sus medios para resolverlas. Existe, en cambio, un conjunto de “realidades” o cuestiones cuya intelección es costosa e incluso atrevida por esas ciencias naturales que pretenden dar una explicación a todo. Existe un más allá de lo real que ocupa espacio en nuestra vida ordinaria, cuya literatura abunda y cuyos problemas nos inquietan e inoportunan diariamente: es el espacio de lo que Dilthey denominaría Geisteswiβenschaften (ciencias del espíritu).


En efecto, existen una serie de problemas irreducibles al logos de la ciencia natural actual, problemas que requieren ser estudiados por su importancia para la humanidad y que, en cambio, se encuentran con una absoluta desconexión con aquellas ciencias prestigiosas y basadas en el método hipotético-deductivo. Uno (por no decir el principal) de los problemas más importantes ha sido la cuestión de dios.


Ríos de tinta han corrido sobre el asunto de dios a lo largo de nuestra era y de buena parte de la anterior. Se puede afrontar la visión que los autores tienen de dios atendiendo a sus sistemas de pensamiento (teología medieval, racionalismo cartesiano...) y a las influencias que en ellos ejercieron otros autores pero, ante todo, hemos de fijarnos en los influjos que su época dejó en ellos ya que las ideas son siempre hijas de su tiempo, y el filosofema dios, aunque pareciera una contradicción in terminis, ha variado de significado conforme han ido pasando los años.


Por ejemplo, al dios griego (más bien dioses) se le atribuía una serie de características que hoy, bajo la influencia del cristianismo y del catolicismo en concreto, no podríamos sostener por ser estas impías. La antropomorfización del dios griego era una expresión clara de aquello que decía Jenófanes de Colofón: “si los leones tuvieran dioses estos tendrían forma de león”. En fin, dios era una proyección de la forma de ser de cualquier griego: sentía rabia, se irritaba, se enamoraba, se equivocaba y, a veces, se enfadaba y mandaba matar a otros dioses que ocupaban el Olimpo. ¿Existía manera más patente y explícita de dar una guía al comportamiento de los antiguos griegos a través de los mitos y la referencia a los dioses? En su caso, la última respuesta la tenían los dioses, y esto fue así al menos hasta la época de Aristóteles. Desde su muerte, y de la mano de la pérdida de hegemonía de Grecia en el mundo, escuelas como la de los epicureístas y los estoicos tuvieron mucho que decir sobre el asunto de dios. El propio Epicuro proponía una suerte de ateísmo tranquilo: No hay nada que temer de los dioses ni de la muerte, además es posible soportar el dolor y lograr la felicidad. Epicuro, diluyéndose paulatinamente la importancia de Zeus y el resto de dioses para el día a día de los griegos, propondría una ética cuyo objetivo sería vivir como un dios entre los hombres. En época de Sócrates le hubiesen condenado por asebeia pero sus tiempos y principios eran otros. 


Más adelante, con el cristianismo, y en la época medieval, encontramos una serie de ideas ortodoxas sobre dios. El debate que esto permitía sobre el asunto era mínimo ya que todo aquello que salía de las reglas bíblicas sobre lo que era dios y sobre cómo era la relación del creyente con él se consideraba blasfemia. Dios, para la mayoría de los medievales, era una parte fundamental de sus vidas, el garante de sus derechos y de su dignidad como cristianos (aun es pronto para denominarles “individuos” ya que esta acepción no tuvo el significado actual hasta época moderna).


En la Modernidad se comienza a poner en duda el estatuto de dios dentro de la naturaleza y la vida del hombre, aquí comenzaremos a enfocar el pensamiento de Xavier Zubiri pues aunque este autor también estaba influenciado por la filosofía griega se encuentra más influenciado por los pensadores del siglo pasado: Heidegger, Ortega, Jaspers, entre otros.

A finales del siglo XX surgirá una idea desde el filósofo francés Gilles Deleuze que chocará con la concepción más elaborada del problema teologal y la realidad divina en Zubiri: el ateísmo tranquilo. Cabe decir que a finales del siglo XX es costoso encontrar aún a filósofos a los que la idea de dios cause muchos problemas en sus teorías, más bien, como dice Deleuze con el binomio “ateísmo tranquilo” supone una liberación, una filosofía a la que la muerte de dios o su inexistencia no supone ningún problema a la hora de sostener los fundamentos de sus tesis principales.



Cuando abordamos el pensamiento de Zubiri hemos de pensar que fue un hombre nacido en San Sebastián, todavía en el siglo XIX (1898), influido por los más importantes teólogos y filósofos (fue el primero que tradujo a nuestro idioma ¿Qué es la metafísica? de Martín Heidegger) del siglo anterior y de comienzos del XX, estudiante de teología, ordenado sacerdote con 23 años y secularizado 14 años más tarde para casarse con la que fuera la hija del eminente historiador Américo Castro. A pesar de este cambio en su vida la preocupación por dios y por lo que ello afectaba a la realidad y a la vida le impelió a crear una de las teorías más potentes, originales y abarcantes sobre la idea de realidad. Pero en esta serie pretendo dar una visión no de su idea de mundo y de la realidad sino de cómo aproximarnos al problema de dios y su relación directa con el hombre. Para ello utilizaré la bibliografía que comento al final de este escrito y que pertenece al “último” Zubiri, cuyas ideas y teorías estaban ya más maduras.


A continuación trataré de explicar la cuestión de la intelección de dios y nuestro proceso hacia él (o en él) en Zubiri según él mismo la ve en En torno al problema de Dios, subcapítulo que aparece en su obra Naturaleza, historia, Dios y, después, en la conferencia El problema teologal del hombre, dictada en 1973 en la Universidad Gregoriana de Roma. Una aproximación a dios desde ese punto gnoseológico y ontológico sí que supone una cuestión más radical e importante que la “mera” discusión sobre su existencia o no, o sobre sus características, o sobre los comportamientos de los hombres en diferentes sociedades (antropología, sociología) con respecto a esa realidad.

Dedico esta serie de posts a mi antiguo profesor José Manuel San Baldomero, cuya tesis doctoral trató sobre Zubiri y la filosofía griega. Sus clases fueron el inicio de mi interés por los asuntos filosóficos en general. 

Un saludo.

Francisco Riveira

En Estambul, Turquía.

PD: La mayor parte de lo que aquí presento fue escrito hace ya año y medio. Hoy quizá hubiese ofrecido otra perspectiva.