Robotín de Google

18 de julio de 2014

Preludio de mi Erasmus en Estambul, Turquía.


Me voy más lejos aún. Tampoco es que fuese difícil, Zaragoza está a unos 200 kilómetros de Logroño y apenas hay diferencia entre la forma de ser de los riojanos y de los aragoneses. Diría que son de las dos comunidades más semejantes.

En estos tres años viviendo en Aragón la mayor parte del tiempo he podido descubrir los tres tipos de aragoneses que existen y que tienen relación directa con la provincia de la que vienen. Teruel, Huesca y Zaragoza. Los oscenses provienen de una provincia más conocida por los Pirineos que por los Monegros (el "desierto") y entre ellos he descubierto a gente simpatiquísima, tanto de un sitio como de otro. Algunos modismos especiales como el famoso "quio" o terminar las palabras de determinada manera los hace reconocibles por los demás aragoneses. No he visitado apenas la provincia de Huesca, salvo Aínsa hace algunos años y Sariñena el año pasado, donde vive mi mejor amigo. Aínsa es un pueblo con mucho encanto, al pie de los Pirineos, merece la pena darse un paseo por ahí y coger el coche y visitar los ibones (piscinas naturales en la montaña) y demás pueblos. Como en todo Aragón, se come fenómeno. La gente es muy simpática aunque en Aínsa tengo una anécdota un poco curiosa ya que dejé el coche aparcado en una zona del pueblo en la que molestaba el paso de otros coches (sin darme cuenta) y algún simpático vecino me dejó una nota en el salpicadero diciéndome que tuviese más consideración con los demás...

No suelo contar qué me ocurre en los viajes desde hace muchos años pero me gustaría ir convirtiendo poquito a poco este blog en algo diferente, un blog menos teórico y político y más práctico y nómada.

De la provincia de Teruel he visitado Andorra y algunos pueblos cercanos. Como he ido en temporada de fiestas tampoco puedo decir mucho más. Lo cierto es que no disfruto del todo las fiestas de los pueblos, quizá porque yo he nacido en Oviedo y nunca he tenido un pueblo (con abuelos en él,o familiares) al que ir cada año y en el que coincidir con viejos amigos. Así que no entiendo esa pasión que muchos de mis amigos sienten cuando llegan y comienzan a preparar las fiestas de sus pueblos. Lo mismo me ocurría cuando tenía amigos principalmente riojanos. Las fiestas en la Rioja y en Aragón se viven de una forma bastante similar salvo por la diferencia de que en Aragón hay más peñas y en Logroño la gente, por lo general, va en grupos de amigos más pequeños.

Los grupos de amigos en el norte de España (y creo que en el resto) suelen ser bastante herméticos. Cuando llega la hora de ir a la Universidad los grupos se disuelven o van perdiendo miembros y los nuevos grupos que surgen suelen iniciarse a partir de aficiones en común, como es obvio: la carrera, algún deporte... Pero a los españoles les cuesta abrir sus filas a nuevas incorporaciones. Con la mala suerte que he tenido en relación con los grupos puedo hablar con conocimiento de causa. Por hache o por be, cambio de instituto, cambio de ciudad, cambio de intereses... no he tenido un grupo duradero y con mis compañeros de educación primaria apenas tengo relación, quizá con uno o dos podría mantener una conversación de más de media hora sobre algo que no fuesen experiencias infantiles.

Al ir a Zaragoza comencé a hacer amigos y a quitarme de encima mi timidez. Tanto es así que antes de llegar a Zaragoza ya tenía planeado quedar con varias personas. Al entrar el primer año en una residencia se me dio la oportunidad de conocer a gente que de otra manera no podría haber conocido. Los pisos de estudiantes son más baratos, pero como desventaja tienen la imposibilidad de hacer numerosos amigos en el mid-time, es decir, entre el tiempo que pasa desde que uno llega de un largo día (o corto) en la Universidad y el momento en que sale de fiesta (con los compañeros de Universidad). Tampoco tuve demasiada suerte porque o se salía los jueves o no se salía nunca: todos los fines de semana los de mi carrera se iban (al igual que yo) a sus ciudades/pueblos de origen. Yo me iba cada dos semanas hacia Logroño puesto que en la residencia no podía lavarme la ropa y, además, no estaba de más visitar a la familia.

El primer año fue bastante divertido y pude ahondar más en mi interés en la filosofía. Cuando ese interés sale fuera de, como diría Homero, el arco de mi mandíbula, se vuelve público y se ve sometido a la influencia externa. La filosofía, como cualquier otro interés en alguna parte de las ciencias sociales críticas, es vista de manera diferente si uno solo se tiene a sí mismo como juez válido. Cuando llegan los profesores, los alumnos que saben más que tú sobre noséqué autor y cuando, sobre todo, te das cuenta de que ya no eres el mejor del curso como sí que lo fuiste en bachillerato... la cosa cambia. Mi relación con el conocimiento etiquetado como filosófico se vio bastante mermada. Ya lo veía como una puta utilizada cuando en bachillerato había sido mi amor romántico, personal e intransferible. Nadie como yo amaba la filosofía en bachillerato (salvo el propio profesor que me la impartía) y al llegar a la Universidad me vi obligado a compartir mi amor con los demás.

Como amante celoso no supe tragar bien esta nueva necesidad de compartir el interés con los demás. Había numerosos riesgos: parecer pedante o, por el contrario, poco informado y falto de lecturas. Recuerdo que en primero todo el mundo se había leído La sociedad del espectáculo de Guy Debord y yo, ya en cuarto de carrera, no he echado ni una ojeada. Sin embargo yo había leído todo Platón, me encantaba Sartre y aun no habiendo descubierto a los autores más importantes de la filosofía de la ciencia mis críticas de autores cientificistas, o periodistas autodenominados escépticos (de garrafón, como yo los llamaba) no se había hecho esperar. Eso sí, en primero comencé a dejar de usar mi podcast y, aunque me gustaría volver a retomarlo este mismo verano, me da bastante vergüenza compartir de nuevo mi voz con el mundo, a sabiendas de que me escucha ahí más gente de la que me lee en este blog... por no hablar de YouTube, lugar en el que, de compartir algún vídeo comentando determinados temas, recibiría quizá 5 veces más visitas que aquí o en el podcast... JUNTOS!

Así pasé a segundo y tuve el curso más agobiante de todos, las asignaturas se habían hecho más duras y yo me había acostumbrado a un primero de filosofía en el que no me exigí a mí mismo ni la mitad de la mitad de lo que me exigí en bachillerato. Quizá no me lo exigí a mí mismo sino los profesores. En la Universidad no sientes presión hasta que no llegan los exámenes y ese camino de tres meses anterior puede ser tal y como tú quieras, nadie te presiona, nadie te exige nada... todo te lo puedes tomar a tu bola. Claro que hablo de mi carrera, mi caso particular. Soy consciente de que el nivel de exigencia en mi carrera no ha sido tan alto como en otras (incluso otras carreras de letras, o consideradas como tal)... Pero me sentía cómodo, leía cuando quería, me divertía cuanto me daba la gana y mi vida social había dado un salto exponencial desde el momento en que me uní a un grupo de música de heavy metal como cantante. Esos fueron de los mejores meses de estancia en Zaragoza porque ya no solo tenía a mi curso de filosofía sino que lo compatibilizaba con una de mis grandes aficiones (de las baratas, de las caras aún no puedo decir nada...): la música. Llegamos a dar unos tres conciertos como Ocre Melisma, yo estaba haciendo las voces que un tío creó y que una tía grabó. Estaba formateando mi voz, un rasgado penoso y asqueroso a lo Axl Rose en sus peores conciertos del '92, convirtiéndola en una voz de cabeza bastante potente y que fue mejorando con el tiempo hasta hacerse menos estridente, más sostenida y con mucho más registro. No he dado los suficientes conciertos como para decir que soy un especialista en ellos, de cada uno de ellos he salido agotado vocal y físicamente hablando, pero también he salido con el ego por las nubes y ganas de más, de mucho más... aunque no pagasen. Porque señoras y señores, a nadie le pagan por sentirse en las nubes, ni en Zaragoza ni en Cádiz... los grupos pequeños no merecen la pena a los bares que los "contratan" (por decir un pequeño chiste en este post, ya que ni siquiera te pagan). Hay que ir a festivales, o a iniciativas del gobierno de la región, para ver algo de dinero. Nada de todo esto puede pagar lo que te has gastado en el local de ensayo durante meses, en micrófonos, cables, altavoces, amplificadores (en mi caso)... y clases de canto.

Tercero ha sido un año especial, es un año que termino realmente dentro de unas seis semanas y cierro la etapa de mi vida que ha transcurrido en Zaragoza. Comencé haciendo psicología además de filosofía, psicología por la UNED: Llegó enero y descubrí que en Erasmus había un destino que me gustaba y al que, además, podría venir una de las personas con las que mejor me llevo desde primero de toda mi clase. Todo eso se sumó a que nada me ataba realmente a Zaragoza porque el grupo no tiraba para adelante y yo no tenía excesivos lazos emocionales hacia ninguna persona de la ciudad que me impidiesen pensar de una manera semejante a lo racional y creer que mis huesos estarían mejor en otro país bailando al son del bombo local.
Eso me obligó a preparar el B2. Si queréis saber cómo me preparé el B2 podéis pinchar aquí (cuando hablo de B2 me refiero al First Certificate). Mi nivel de inglés este año ha aumentado lo justo para poder pasar por el aro. Llevamos haciendo papeleo mis dos compañeros y yo desde prácticamente enero y mi cabeza ha estado pensando en esta próxima etapa prácticamente cada día desde hace 7 meses.  He pasado el curso con todo aprobado y, además, con el B2, que nunca me esperé aprobar con tan poquita preparación. La verdad sea dicha: me ha parecido una tontería. El resto ha ido bien, parece que he recuperado el blog y aunque no he recuperado mi antiguo ritmo de lecturas estoy contento porque vuelvo a retomar viejos y buenos hábitos, como son, especialmente, el de la escritura.

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Me voy a Estambul.  Viajamos en la madrugada del 4 de septiembre para asistir a las jornadas de introducción a los estudiantes Erasmus. 
Sí, lo sé, Estambul no es el destino que cualquiera se imagina cuando le hablan de Erasmus. Es, más que Europa, Asia. Es un país poco cristiano, a diferencia de la mayoría de destinos Erasmus típicos como Alemania o Italia. Hay fiestas pero no se reconoce por eso. Hay desfases, como en cualquier network Erasmus, pero hay mil cosas mejores que hacer en la ciudad. La vida en la ciudad es mucho más apasionante, por lo que me he informado, que en muchas de las capitales europeas. Hemos tenido algunos problemas de cara al papeleo ya que hemos necesitado visado. No es un país propiamente europeo. No está en el euro y tampoco sirve la tarjeta sanitaria europea así que necesitamos cambiar el dinero a la lira turca y, además, hacernos un seguro médico para el año que estemos ahí. 

Sí, vamos un año, yo y mis dos compañeros. Uno de ellos, como ya he dicho, es compañero de clase, el otro va un curso por debajo de nosotros. Solo uno de nosotros ha viajado antes a Estambul pero para mí va a ser una experiencia totalmente diferente. Nunca he viajado a Oriente Medio, ni a África, ni a ningún país musulmán (aunque se considere laico) y estoy seguro de que el choque va a ser algo fuerte durante las primeras semanas. No tengo ni idea de turco, ni siquiera me sé, a día de hoy, los números, pero entra dentro de mis intenciones el aprenderlo para al menos sobrevivir en el país aunque lo ideal sería llegar a hablarlo tan bien como para conversar con los propios turcos. Conozco a rumanos que, al cuarto mes de entrar en España, ya hablaban castellano de puta madre, incluso con modismos o frases hechas. Los rumanos tienen mucha mayor inteligencia que los españoles para aprender idiomas, al menos eso dice el tópico. Los españoles lo tenemos peor. Además, el turco es una lengua sin raíces (apenas) latinas. Sé hablar italiano porque, a través de las raíces latinas, es bastante sencillo formar palabras o descubrir palabras que uno no sabía, solo por la transcripción fonética. El alemán está conectado al inglés, y el francés al italiano. También el rumano está conectado al  castellano a través del latín pero... ¿el turco? Es como ponerse con el árabe, solo que con alfabeto latino. El lenguaje turco va a ser una prueba considerable para mí y espero poder pasar ese obstáculo con éxito. Así y todo, tengo miedo de acomodarme al inglés del entorno universitario. Tengo miedo de conformarme con un grupo de amigos Erasmus en el que solo se hable inglés (y, además, inglés de aquella manera), trabajos en inglés, etc... por primera vez me da miedo terminar sabiendo demasiado un idioma, ya que eso habrá significado que no le habré dedicado mucho tiempo al turco. Me gustaría, por último, poder salir en 2015 sabiendo mantener una conversación en 4 idiomas (lo que yo considero el momento en que uno puede decir que es bilingüe, o trilingüe): italiano, inglés, castellano y turco. ¿Me abrirá las puertas al árabe? Me encantaría aprender árabe, tanto por cuestiones prácticas como por cuestiones culturales. Hubo un tiempo en que solo quería saber idiomas para parecerme a Goethe... (tócate las narices) o a aquel poeta del romanticismo alemán que se volvió loco y terminó sus días viviendo en una mazmorra hablando una extraña mezcla de francés, alemán, italiano e inglés. Ahora necesitaré aprender esos idiomas para comprar el pan.

¿Y después?
Después el Trabajo de fin de grado. Lo haré a distancia, por supuesto, y lo presentaré, imagino, en septiembre del 2015. Allí ya tendré que pensar en un máster y, aunque sé que lo pasaré bien en Turquía, los estudios en ese país son muy caros si uno no es Erasmus, llegando a pagar anualmente hasta 30.000€ (special exchange students). Ese siguiente paso tendrá que darse con mucha meditación y, aunque sé por dónde quiero moverme a partir de ahora, también tengo que ser consciente del suelo resbaladizo y lleno de arenas movedizas en el que el mundo (y los estudiantes de ciencias sociales) se encuentran. Me gustaría no volver a España, no porque la odie, sino porque aunque fuese por el nuevo idioma que aprendería fuera ya merecería la pena el cambio. Creo que quedarse en la misma comunidad es más un mecanismo de defensa que un plan racional de vida. Lo jodido es que todos nuestros planes de vida racionales pasen por encontrar un lugar en el que sentirnos seguros: sabernos las líneas de autobuses, conocer la mitad de las caras de camino al trabajo, criticar a los mismos políticos... 

Me parece una vida aburrida, un coñazo (y perdóneseme el palabro machista) y una pérdida de tiempo. Si ahora, con 23 años, no tengo nada que me ate a ningún sitio (salvo el dinero, o la falta del mismo), no tengo que pensar en ningún lugar como en mi casa definitiva. No tengo el pensamiento definitorio, o teleológico, que caracteriza a muchos de mis amigos... me gustaría no parar y eso ya es algo que crea diferencia. En España, en la Rioja, las posibilidades de trabajar de lo que yo quiero son mínimas... pero si, por ejemplo, me ofrecen dar clases en Maracaibo, allá que me voy. Si yo hubiese podido elegir haber nacido en otro sitio habría escogido América Latina, eso siempre lo he dicho.

De momento hasta aquí hemos llegado, y he llegado hasta un momento en que me gusta cómo estoy. Tengo más cuidado al conducir porque no quiero morir justo en este momento. Es una frase infantil y estúpida pero así es como pienso ahora en relación a mi "connatus". También quiero dejar ya algo escrito y publicado. He pensado en maquetar este blog puesto que, contando este y unos diez posts más, ya daría una cantidad suficiente de páginas como para crear un libro de doscientas.

He contratado Adwords para publicitar el post del First Certificate, con eso consigo visitas y, aunque no se vaya a quedar ni el diez por ciento (porque este no es un blog de idiomas) espero simplemente ver cómo funciona y, más adelante, hacer otro tipo de contenido. Tampoco quiero especializarme porque odio el "serse" de Unamuno, prefiero "serlo todo" y, aun sabiendo los riesgos de apretar mucho y no abarcar nada (un estilo JPelirrojo: cantante, actor, compositor, deportista... que le gusta todo pero no es bueno en nada) prefiero seguir esta senda. No quiero convertirme en un pedante, solo quiero explotar bien mis cuatro aficiones más o menos bien definidas. Ya desde aquí solo queda prosperar en ellas y ver si hay suerte y puedo dedicarme profesionalmente a alguna.

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Este es el primero de una serie de posts en los que hablaré de mi experiencia como Erasmus en Turquía. He leído otros blogs (si alguien los quiere, que lo pida por los comentarios) de chicos y chicas viviendo en Estambul y me han servido de mucho, así que yo quiero participar. Además de eso, se recomienda desde el propio Erasmus que los que lo estemos disfrutando demos fe de nuestras aventuras, problemas y vivencias en general. Es por esto por lo que lo etiqueto como "Erasmus". 

Pronto hablaré de los temas que me caracterizan y espero, de verdad os lo digo, volver con el podcast. Tengo muchas ganas de hacer cosas interesantes con estas herramientas gratuitas y apasionantes.

Un saludo a todo el mundo que me haya querido leer.

Francisco Riveira

En Logroño, 18 de julio de 2014.

11 de julio de 2014

Apuntes sobre la libertad y la ciencia

¿Por qué "la ciencia" nos arrebata la libertad, si ahora tenemos mucha más libertad de expresión gracias a los avances científicos y tecnológicos [y esto es un ejemplo]? 




Que tengamos más libertad (o libertad de expresión que, por cierto, es una cosa bien diferente) ahora por los avances científicos y tecnológicos me parece una afirmación demasiado arriesgada y poco meditada. ¿Son realmente esos avances los que hacen al hombre libre? Por supuesto que le permiten vivir más cómodamente, que le permiten hacer cosas que antes ni siquiera podría soñar pero, ¿es eso libertad? Mi concepción de la libertad no va por esos derroteros, no considero libertad el tener mejores herramientas, sino que más bien esa libertad es cuestión de actitud subjetiva del ser humano. Un ejemplo cutre es el que vemos ahora: gente tirando horas y más horas de su vida en el sofá viendo la tele o subiendo al Facebook estupideces, ¿eso da libertad a la gente? Puede que sí, en algunas concepciones: la libertad se acrecienta cuando encuentro más posibilidades de tirar mejor mi tiempo a la basura. En la mía, todo lo contrario: mi libertad se ve mermada porque se nos han dado unas herramientas que no teníamos ni idea de cómo aprovechar sin que nos consumiesen excesivamente, herramientas invasivas. La ciencia no arrebata nada (y mucho menos libertad, esto es como decir que la bomba nuclear tiene la culpa de haberse cargado a Hiroshima), la ciencia es como un coche sin ruedas, puede tener un motor que te cagas de grande y unos asientos fantásticos de cuero, pero como no se pueda mover el coche no nos va a servir para lo que está concebido (si no, compraríamos un sofá en vez de un coche, ¿no?). 

La ciencia necesita dinero que le haga arrancar, necesita políticos que digan que tal partida presupuestaria va a ir hacia ella, necesita personas que investiguen, ciudadanos que la valoren, estudiantes que la estudien y divulgadores que la presenten ante los más ignorantes de la materia. Lo que sí arrebata esa libertad (dentro de mi concepción) es el pensar que la ciencia pueda explicar todos los procesos del mundo, no sólo los naturales sino también los propios de la cultura y la sociedad, y que pueda decirnos cómo comportarnos (más allá del presentarnos los hechos tal y como han ocurrido, esto es objetivo, decirte cómo hacer algo es ya subjetivo). La psicología, por ejemplo, está asentada sobre supuestos subjetivos, la medicina (más que ciencia, es un arte) está asentada sobre supuestos cartesianos y es peligroso tomar los estudios al pie de la letra, pues tras ellos se esconde el sujeto. Yo, según estos estudios, no tendría que estar haciendo una carrera sino una formación profesional. Como sabemos, los sujetos no siempre tienen buenas intenciones, y aunque esos investigadores ni siquiera sean conscientes de lo que están logrando extrapolando estudios científicos para explicar toda la realidad, sí, efectivamente, creo que se están cargando nuestra libertad y, lo que es peor, no nos estamos dando cuenta de nada porque nos tragamos lo que nos echen, acríticamente.

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Francisco Riveira.
Sin fecha definida.
En Zaragoza, 2012.


10 de julio de 2014

El adulto es un niño con dinero




Me gusta comentar la anécdota de aquel hombre que dijo que, el día en que no pudiese montar a caballo por sus propios medios, ya habría descubierto el momento de quitarse la vida.
Hay un momento de la vejez en que uno no se vale por sí mismo, uno es como un bebé de nuevo.
Se piensa poco en todo lo que los abuelos se parecen a los bebés y, más allá de posiciones moralistas y de cuadros lacrimógenos de familias de tres generaciones compartiendo felices una vida tranquila, hay que considerar esa semejanza desde una perspectiva sociológica.

Tanto unos como otros son parte improductiva de la sociedad. Tampoco es que hoy en día se necesiten excesivos productores y las condiciones (y la demanda) de trabajadores poco cualificados a los que se les pide realizar una tarea mecánica de creación material (agricultura, fabricación en cadena...) es suplida en su mayor parte por máquinas que hacen el mismo trabajo mil veces más rápido y por mil veces menos dinero. Así, quizá a todos nos represente igual eso de que no somos un segmento de la sociedad productivo.

Pero si nos quedamos con esa visión, es cierto, ni los niños ni los más mayores son escuchados. A los unos se les escucha con simpatía burlona mientras que a los otros se les presta atención solo cuando conviene. No creo que la experiencia sea un grado. Esta sociedad no está creada a partir de la experiencia (me refiero a la experiencia histórica). La única experiencia acumulativa y no redundante es la experiencia científica más estricta pero eso no se puede aplicar a nuestro mundo social. Hoy en día no se valora al empleado con más experiencia sino que no se valora a ninguno. Se valora (dentro de la sociedad, desde los programas esos de por las mañanas en los que aparecen constantemente psicólogos diciéndonos lo mucho que tendríamos que cambiar y lo bueno que sería para nosotros ser más creativos) al que sabe acostumbrarse a nuevos terrenos constantemente, al que sabe reciclarse. Pero las personas no somos así. Las personas fuimos así, bien es cierto, y no tenemos una naturaleza concreta. Pero, si hay alguna "naturaleza" (o modus vivendi) que haya producido más felicidad y bienestar (qué dos palabros más feos, gastados y flatus vocis...) es la naturaleza sedentaria. Los nómadas que crea este mundo son los empresarios de mini-pymes, son aquellas personas que creen que solo el trabajo les va a sacar de su miseria emocional, personal e intelectual. Ni siquiera estas personas tienen la culpa porque es un discurso que no han creado ellas pero que se han comido con patatas.

Los pobres abuelos ya no sirven. Ya está la Wikipedia y nadie les hace caso. Ya están las noticias, la borrachera informativa... no hay espacio para la reflexión ni para la voz de la experiencia. Ya no hay Horacios ni Victor Hugos sino que hay, por el contrario, libros actualísimos con fórmulas gastadas y pretendidas heterodoxias donde solo hay repeticiones estúpidas de clichés manidos (me refiero a las Sombras de Grey, por ejemplo). Desde hace tiempo vengo situándome a favor de la lectura de los clásicos. Que no se lean clásicos se contempla también en la música de hoy en día. Desde The Doors no se escucha en un grupo de masas menciones a la antigüedad grecolatina. Eso es lo que pasa con la senectud, que ya no tiene nada que decir porque está todo dicho. Ya no tiene nada que aconsejar porque los consejos sobran y ya hay expertos de miles de temas. ¿Morriña? Para nada, los tiempos cambian. La atención de los mayores ha sido una muestra de sociedades avanzadas y ya estamos asistiendo a un país (al menos el mío) en que los mayores tienen menos valor, menos apoyo institucional y, por tanto, menos atención y publicidad social.

Los niños son la otra cara de la misma moneda. Se les habla, se les trata, como si hubiese una inocencia y una virginidad a cuidar durante muchos años. El trato a la infancia es estúpido previa estipulación social y así se trasluce en programas tan sosos y llenos de lugares comunes como los que emite Disney Channel (Violetta, etc). Por otro lado, hay una serie de dibujos animados que suponen un choque frontal con lo que, desde hace décadas, se ha consensuado que tiene que ser un dibujo animado. La propagación de los dibujos japoneses, la fusión con otros tipos de arte y, por supuesto, el acceso de los propios niños a toneladas de información, están abriendo brecha donde antes solo había inocencia y desconocimiento. Los padres tampoco sirven para nada, los niños ya son autosuficientes y la institución de la familia ha perdido una de sus razones de ser más fundamentales, a saber, la educación en valores firmes e imperturbables. Ya no se puede meter al niño en un cajón y hacer que pase, ciego y mudo, por el mundo durante sus primeros 18 años de vida.

¿Qué es la mayoría de edad? Otra quimera, otra convención. No se puede discutir al mismo nivel con una persona que se cree esta convención (y el resto de convenciones). Si uno niega la mayor (que no se es maduro a ninguna edad, que o bien es un proceso sin fin o bien es una patraña) entonces todos somos igualmente valorables como individuos independientemente de nuestra edad biológica.

Ya tengo 23 años y he dejado de ser un niño, por eso puedo comenzar a creerme aquello de que lo que diferencia a un adulto de un niño es la legislación y el dinero: El adulto es un niño con dinero.

Un saludo.

Francisco Riveira
En Logroño, 10 de julio de 2014.

6 de julio de 2014

Transformación estética de Pablo Iglesias

Fotografía extraída de AQUÍ



Todos los marxistas aman a Marx. Eso es lo malo de considerarse marxista, una palabra con una tradición tan marcada y tan profundamente denostada. Yo os voy a contar lo que ha hecho Podemos con estas palabras (como os dije ayer) y cómo ha conseguido engañar a un margen bastante amplio de población, como dicen ellos, ávidos de esperanza y de ilusión por la política. De momento, corregidme si me equivoco, no se ha hecho mucho más salvo lo que es preciso de cara a la galería: consideración de las propuestas, reajustes en los círculos de manera interna... Son estos círculos trasuntos de las asambleas del 15-m. Corregidme también aquí si me equivoco.
También sé que yo soy el enésimo tontolaba que se pone a hablar de Podemos puesto que es la moda. Como sabéis, no me gusta hablar de las historias que están de moda, siempre digo lo mismo. Me gustaría más hablar de León Tolstoi hoy que de Pablo Iglesias pero, sin embargo, voy a hablar de él.

He tenido mucha simpatía desde que comencé la universidad tanto a Pablo Iglesias como a Monedero y a su programa La Tuerka. Luego metieron ese humor un poco pesado y monótono del de rizos y una sección de una chica feminista... al final lo que he acabado por ver en YouTube han sido tan solo esos sketches y a la sección feminista (me gusta ver cómo rabian los machirulos en los comentarios, me gusta verme a mí cómo rabio cuando se tocan y se ponen en duda mis privilegios por tan solo haber nacido con pene). Pero sus programas ya no los veo, son demasiado largos y demasiado seguidos como para llevar una actividad diaria con ellos, ni siquiera escucho los speechs iniciales de Monedero, que tan chulos y acertados me parecían.

Hay algo que no perdonaré a estos presentadores (y, sobre todo, al tal Facu Díaz, el de la sección de humor): la cadencia del habla. Lo he criticado ya en varias ocasiones pero me pone del hígado (y sé que es una cuestión estética -este es un post sobre estética y apenas sobre política, ¡PRIMER AVISO!-) esas pausas tan poco naturales, tan marcadas artificialmente y tan boba-li...-conas. Haceos la idea de que hablan como he escrito "bobaliconas"... pausas... sin... sentido.

Venga, vamos con lo interesante (a mi juicio).

Podemos y Venezuela.
Podemos y el terrorismo.

Pienso igual que Pablo Iglesias con respecto a ambos temas. Hay aspectos en los que un marxista y un anarquista podemos llegar a coincidir y he de reconocer que con Pablo Iglesias coincido en más de aquello en lo que choco. En lo que choco no es nada rebuscado y no choco, desde luego, por aquellos motivos por los que está chocando en todas partes y en todos los canales (no solo de televisión, sino de YouTube o de las redes sociales -¿periódicos, decís? ¿Pero alguien sigue leyendo periódicos hoy en día? Siglo XXI llamando).

Digo que pienso igual que él pero la intención fundamental de este post es desvelar su postura estética. Se ha dado cuenta de que, como marxista viejo, no se va a comer un colín en el terreno político que, más que terreno, podríamos decir que es un escaparate, una galería en la que se vota al mejor postor, al más atractivo, al  más convincente... al mejor creador de conceptos. El aspecto desaliñado y humilde de Pablo Iglesias es algo atractivo y propio de él que, además, va a ser su bandera a lo largo del resto de su vida. Creo que Pablo Iglesias va a morirse habiendo sido bastante más fiel a sí mismo que cualquier psoeista (jamás llamaría socialista a un petardo del PSOE) y eso es porque ha creado un concepto de hacer política algo innovador. Pero tampoco quiero ser abogado del diablo ya que al final, como decimos los anarquistas, mucho innovar para seguir siendo la misma mona de mierda.

¡Qué idea tan bonita la de los círculos! Y, ¿por qué no círculos autosuficientes, como ya dije hace algunos posts? Círculos que no dependan de cúpulas. Esas cúpulas son exigidas por el escaparate y por eso ahí está Pablo Iglesias, por eso esa necesidad de la personalidad en la política... se vota no a ideas sino a personalidades. ¿Qué os voy a contar que no sepáis?

Lo que quizá no sepáis es que Pablo Iglesias, por supuesto, está muy estrechamente asociado a la Revolución Bolivariana, de la cual yo soy en buena parte simpatizante. Entonces, ¿por qué le critico? Me gustaría que me vieseis ahora no como un asturiano del 91 sino como un venezolano del 70, militar, simpatizante de Chávez, que ha crecido con él y ha realizado su vida en torno a conceptos como "Revolución bolivariana" o "Socialismo del siglo XXI". Yo me sentiría timado por Pablo Iglesias. No hay ninguna vergüenza, ninguna necesidad (en lo profundo, apoyando la verdad), de ir dando bandazos y rechazando las insinuaciones que dictaminan una cooperación con el "Régimen" venezolano. En vez de esquivar esas bombas hay que asumir que uno está profundamente implicado en esa revolución bolivariana y que cree que muchas de sus propuestas (por no decir todas) están hechas para el bien de las personas más pobres y necesitadas. Pero a nadie se le escapa -si escarba un poquito- la campaña mundial de desprestigio a los países y mandatarios latinoamericanos que luchan con uñas y dientes contra el neocolonialismo estadounidense, etc. A nadie se le escapa, ni mucho menos a Pablo Iglesias. También es difícil escuchar hoy en día a Pablo Iglesias asumir que su discurso es un marxismo cuyos términos se han cambiado por otros más simpáticos y cargados de metáforas del tipo "ciudadanía" o "casta", que son metáforas bastante bobaliconas y neutrales, que no explican nada pero que dan la sensación de dictaminar sentencias exhaustivas sobre temas complejísimos.

¿Por qué lo ha hecho así? Porque lo necesita, porque ha decidido vender su alma al diablo. Ha decidido disfrazarse con una estética diferente y algo original pero que no es otra cosa que un picadillo del marxismo, del 15-m, y de sus propias intuiciones y de las intuiciones de esos movimientos sociales "ciudadanos".

Así que no veréis, creo yo, a Pablo Iglesias apoyar directamente al gobierno de Maduro ya que eso es sinónimo de perder votos.
Tampoco veréis (perdonad, pero de este tema no he hablado mucho) un apoyo a los presos de ETA o una crítica profunda a asociaciones irracionales como la AVT. Esas críticas se pueden hacer desde la cátedra (ya, igual, ni desde ella) o desde blogs como este, secundarios y totalmente olvidados... o desde programas piratas de la radio, o desde asociaciones anarquistas que son, para mí, las que mejor han definido siempre los problemas del mundo y las que menos se han vendido.

¿Qué problema hay en no venderse? Que a veces eso nos impide salir y demostrar que nuestras ideas, por ser más ciertas, tienen mucho más valor que esos granizados del hielo ciudadanista y democrático mentirosos. ¿Qué problema hay al venderse? Justo el contrario, que por alejarse de esa verdad y por construir una verdad a medias, se está perdiendo de vista el verdadero problema de esta sociedad capitalista de la subsunción real (entre otras definiciones...).

Se une lo viejo y lo nuevo. Ya estos temas están requetemanidos.
He querido, con este post, apuntar algunas ideas sobre la postura estética del revolucionario convertido en perrito doméstico que, por un lado, lame la mano del nuevo dueño y, por el otro, se caga en sus alfombras.

Un saludo.

Fran Riveira.

En Logroño, 6 de julio de 2014.

La ciudadanía es un mal invento



Hoy quería hablaros de los intelectuales pero... ¡bah!, intelectual, qué palabra más desgraciada. En Francia ya la abandonaron décadas atrás pero parece que en España ha aguantado bien las sacudidas del tiempo (que cambian significados por otros, que desgastan por exceso de manipulación...). Pero bueno, intelectual es lo que todos podemos pensar. Cada cual pensamos una cosa diferente pero más o menos apuntamos a lo mismo. ¿Apuntamos a través del ejemplo? Me imagino que sí. Decimos: este y aquel son intelectuales. Eso es lo que entendemos por intelectuales. Yo, por no alargarme ni dejarlo de manera muy amplia, me referiré al intelectual de Platón. Hay quien se dedica a estudiar las estructuras y su comunión feliz para que podamos vivir o trabajar bajo un techo: el arquitecto. Hay quien se introduce en los "misterios" de la biología y descubre qué metodologías son más eficaces para eliminar dolencias: el médico.
El intelectual construye otro tipo de edificio y elimina (o, al menos, determina y diagnostica) otro tipo de dolencias. La dolencia que determina el intelectual es la que surge cuando los conceptos han perdido el norte. Se supone que los conceptos tienen que darnos luz sobre todo aquello que nos importa de cara a nuestras vidas. Los conceptos que nos inquietan. No solo los descubren sino que los crean. Así, cualquier periodistucho de la Razón o de 13TV también es un intelectual, en tanto en cuanto crea conceptos. Por eso no hay que alabar al intelectual por el hecho mismo de serlo. Solo hay que definirlo como lo que es: un creador de conceptos, un experto en debatir con ellos y destruir otros.

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¡La casta! ¿No os suena "la casta"? ¿Quién hablaba de "la casta" hace tres años más que los indios para definir su estratificación social? Ese es un ejemplo de creación de conceptos.

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Pero no basta con crear conceptos, como digo, hay que combatir los conceptos perniciosos. Hay conceptos que no ayudan, que emborronan. El concepto de "ciudadano", por ejemplo. Yo estoy en contra de la asignatura "Educación para la ciudadanía" tanto por su definición como por su contenido porque no se está educando a ciudadanos, ni a niños para ser ciudadanos, se les está educando principalmente para seguir siendo igual de borregos que cuando entraron en el colegio, salvo que con concepciones bien aseguradas sobre una supuesta igualdad entre toda la humanidad. Las desigualdades económico-políticas que un palabro como "ciudadanía" no desvelan son aún más importantes que el concepto en sí mismo y lo mucho o poco abarcante que pueda ser. Estamos, además, tendiendo a sociedades donde las ciudades pasan a ser conurbaciones... ¿qué clase de ciudadano es aquel que vive al extrarradio, por ejemplo, de Logroño, que se confunde con otro pueblo como Lardero? ¿Qué clase de estambulense es aquel que vive al otro lado del Bósforo, mientras que lo que se entiende por ciudad -a ojos del turismo, sobre todo- es principalmente la parte oeste?

La historia del término "ciudadano" transcurre desde Aristóteles hasta Habermas. Es una historia bastante desafortunada, por cierto. Ya es bien difícil acotar la "esencia" de las personas por un aspecto en concreto como para acotar su esencia por el lugar geográfico donde viven. No dedicaré ni un esfuerzo a hablar de la esfera pública de Habermas cuando está más que visto que es una separación capciosa y desacertada. ¿Esfera pública y esfera privada cuando ambas se retroalimentan y, en ocasiones, se confunden?

Es un concepto que no me cansaré de discutir. Su historia no es, ni de lejos, tan clara como la del término "persona" o "político". Estos son, qué duda cabe, términos cuya definición se ha visto impuesta por no solo intuiciones trasnochadas impuestas por socialdemócratas, son términos psicológicos (persona), económicos, jurídicos, filosóficos y un largo etcétera... Pero, ¿ciudadanía? ¡Vaya invento más desacertado y facilón!

Abandonemos el pensamiento Alicia...

Un saludo.

Francisco Riveira
En Logroño, 6 de julio de 2014.