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26 de diciembre de 2014

[VÍDEO] El segundo día de conciertos, With a little help from my friends



No conocía a Joe Cocker hasta ayer, que lo escuché en Carne Cruda. Justo era una de las canciones que cantamos en el coro, With a little help from my friends, original de los Beatles. Nuestra versión la podéis ver ahí arriba, la suya justo debajo de estas palabras. Este post no es un homenaje, porque no le conocía, pero sí a esta canción, una canción que, aun sin saber su nombre, me emocionaba por las coristas que cantaban el título de la canción. Tanto en jazz como en gospel los coros dan una personalidad y epicidad a las canciones muy difíciles de conseguir con uno o dos cantantes.

Espero que disfrutéis ambas canciones tanto como yo lo he hecho (desde dentro y desde fuera) y que os animéis a conocer más de este tipo de estilos de música.

Por cierto, el segundo día de conciertos fue mucho mejor que el primero, nos fueron a ver entre ambas actuaciones mil personas, cierto es que estábamos ahí los tres coros de la Universidad. En la última canción del segundo concierto, Under Pressure, estuve yo como único solista. A pesar de vérmelas con un público tan amplio, sentía la presencia y potencia vocal de todo el coro detrás de mí y mi seguridad como cantante, tras varios años de trabajo, me impide ponerme demasiado nervioso ante una actuación como estas. En cuanto tenga un enlace de Under Pressure lo subiré también.





Un saludo.

En Estambul, Turquía.

24 de diciembre de 2014

Reflexión de un ateo en país musulmán


Bueno, no es para tanto, me digo, después de haber cenado bien, caliente y con buena compañía. No es para tanto porque al fin y al cabo los amigos son la familia que uno elige y amigos concebidos tras unos cuantos meses de coro (eso sí, en turco) suelen ser una buena elección.


Mañana tendré mi primer desayuno turco y sí, llevo en Turquía ya casi cuatro meses. Hay cosas que me faltan por probar y lugares a los que tengo que ir. Ayer, como visteis, subí un vídeo de Hagia Sophia, enseñando cómo es por dentro. Es una pena que esté en tal estado pero qué le vamos a hacer, es lo que ocurre con los edificios milenarios. 

Esta ciudad está llena de contrastes. Uno puede vivir ajeno a su magnificencia si se dedica a ir desde su barrio (en el Downtown) a la Universidad. El único momento (y no es poca cosa) en que se puede observar la belleza de la ciudad es al bajar al campus sur de la Universidad del Bósforo. Desde ahí se puede otear, en días soleados, la otra orilla. El puente brillante de noche es una maravilla para la vista, y los barcos últimamente sueltan muchos fuegos artificiales, hoy nos hemos quedado mirando dos de ellos cuando salíamos del club de música. Y con una rutina así, ¿qué sabrán los turcos de esta Universidad de lo que es la vida? Pues bien, yo creo que esto es por lo que hay que luchar en todos lados, tenemos que luchar para que todo el mundo pueda acceder a una buena educación, a varios idiomas y a gente de todo estilo que les aporte conocimiento y apoyo. Los turcos en esta universidad son una especie de élite y ellos mismos se reconocen como afortunados, de dos millones de peticiones de entrada tan solo han pasado por el aro 5000, anualmente. 

El ambiente es bucólico en verano, no me imagino cómo puede ser una noche de mayo en este campus, habiendo terminado los exámenes y disfrutando ya de los últimos coletazos de una beca Erasmus (que, por cierto, aún no ha llegado a ningún español que conozca). Los días aquí son muy cortos, pero bastante más tratables que en Zaragoza, donde el cierzo te arrastra a su voluntad como si fueses una marioneta.


Por supuesto que no se celebra la Navidad. Hoy ha sido un miércoles más y mañana será un jueves como cualquier otro. Las familias simplemente siguen sus vidas y, de hecho, hay gente con exámenes a lo largo de estas fechas (¡yo tengo uno el 3 de enero!). Es en estos pequeños detalles cuando te das cuenta de que estás en otro país, de que a pesar de que, si no quieres, no ves la diferencia (porque por poder puedes quedarte en tu cuarto todo el día y solo salir cuando las circunstancias te lo exijan), 

Turquía es musulmana y como tal funciona. Pero ni de lejos es un choque cultural tan grande como China u otros países un poco más hacia el este. ¿Quizá este país me sirva de preparación para otros? Mi relación con los "moros" ya está totalmente trastocada. Mientras que en mi instituto los raros y no integrados eran los musulmanes, ahora soy yo el ateo que intenta considerar una sociedad musulmana que, por otro lado, se comporta como la española en la mayoría de las ocasiones. Y esta relación se ve alimentada por toda la gente con religiones diferentes. Prácticamente sólo me queda conocer a budistas para asistir a un buen plantel general del estado de la cuestión. Como ateo, ya no juzgo. Suele decir la gente, cuando alguien sale del armario, que ellos le aceptan, que seguirán ahí, que por ellos está bien. Y no se dan cuenta de que a nadie le importa si ellos aceptan o no, si seguirán ahí apoyando o no, que ellos no tienen que aceptar nada y que mejor se callen la boca. Esos mismos comentarios surgen con los musulmanes: yo no acepto o dejo de aceptar nada, aunque tenga motivos para pensar que tu religión, como todas, está equivocada desde su principio en según qué planteamientos éticos, ya no te juzgo, porque ni quiero ni debo. A menudo los ateos pierden la perspectiva, se engolfan tanto en sus pensadores de mierda (tipo Dawkins) que piensan que la religión es un puro capricho, que no hay nada tras de ella. Pero no es así, los ateos (entre los que, por supuesto, me incluyo) solemos actuar de un modo muy caprichoso. Y si el ateísmo se pregunta por qué no es capaz de crear comunidad, quizá tendría que cambiar sus bases. Quizá el ateísmo no propone, sólo describe. Y una teoría que no propone nada es estéril, egoísta y, muchas veces, destructiva. Los humanistas tenían la intención de poner al ser humano (en el Renacimiento ante todo) en el centro de todas las cosas, ¡pero porque tenían motivos, ya había habido suficiente dios por aquel entonces! Los ateos de hoy en día, los grupos de escépticos... no tienen planes ulteriores, ni siquiera fingen tener buenas intenciones como la de querer educar a todos, querer hacerles partícipes de la razón humana. Es un pozo de basura requetemanida.

Aunque no tengo la más pálida idea de cómo va a terminar, esto está yendo por un camino indeseable. Lo cierto es que viajar y hablar con otra gente (porque NUNCA basta viajar, hay que mojarse) es el mejor antídoto anti-prejuicios. Y sí, los ateos también somos prejuiciosos. No creer en dios (quizá precisamente por eso), en alguno de esos dioses, muchas veces tiene consecuencias nefastas... y si el cristianismo, o el catolicismo con el papa al frente está volviendo a proponer (o proponiendo por primera vez) las economías colaborativas, las políticas para los pobres, y la concordia universal... es por algo, ¡porque su conjunto de creencias tiende hacia un mundo así! La Biblia son muchos libros, divididos en dos grandes bloques, y si leemos el primer gran bloque no entendemos nada de Jesucristo. Si leemos el segundo, entonces, encontramos una obra que se ha completado de forma casi milagrosa, dando sentido al argumento de manera magistral. Y así es como un ateo tiene que leer la Biblia, considerándola una obra valiosa para su tiempo y para los futuros, aunque critique denodadamente la idea de dios, uno no puede sencillamente obviar esa obra y su influencia, al igual que Quijote es reconocible y ha dado lugar a ríos de tinta.

Puede que haya quien muera por una idea, pero que esa idea haya sido inventada y no tenga un correlato en la vida real no implica que no tenga un significado... un sentido.

Un saludo.

Francisco Riveira

En Estambul, Turquía.

20 de diciembre de 2014

Celebrando Hanukkah



Candelabro improvisado para celebrar esta fiesta judía con algunos amigos de Estados Unidos.


En Estambul, Turquía.

16 de diciembre de 2014

El primer concierto con el coro



Acabamos de hacer el primer concierto con el coro. Llevábamos preparando las canciones desde inicios de octubre y hasta aquí hemos llegado (aunque queda un largo camino por delante, toda la primera mitad de 2015). En el concierto de hoy también han participado los coros de jazz y clásica, que forman parte del club de música de la Universidad del Bósforo.

La última semana ha estado llena de ensayos y casi no me he dedicado a otra cosa más que a preparar las canciones. En mi caso particular he tenido que hacer mayor esfuerzo tanto en la última canción (We will rock you) como la penúltima (Under Pressure) porque me han dado las partes para solista, y es que el conductor del coro sabe que me gusta mucho Queen.

Así que hoy tuvimos el concierto, estuvimos desde las seis hasta casi las nueve y media dando vueltas, preparando nuestras voces, la coreogafía y hablando en general de cómo teníamos que estar una vez en el escenario. Como siempre, todo era en turco, con breves traducciones al inglés al final de cada explicación larga. Me da la sensación de estar perdiéndome la mayor parte de la experiencia de participar en un coro precisamente por esto, porque no entiendo ni los chistes, ni las expresiones, ironías, etc, que, imagino, tienen cuando hablan. A las nueve y media comenzamos y todo duró como veinte minutos que se me pasaron volando.

El asunto con el turco sigue sin despegar. Cada día aprendo nuevas palabras pero me queda muchísimo tiempo hasta ser capaz de seguir a medias una frase, y digo a medias, porque atrapar el significado completo es una tarea que, estoy seguro, no podré completar antes de que me toque volver a España.

En la última canción que hicimos en el concierto, Under Pressure, tenía los solos donde más claramente se me oía a mí. En ambas partes tenía que hacerme oír por encima de los demás porque de eso se trata, y en una frase debía alcanzar una nota aguda sin desentonar, creo que no lo hice mal. Sobre esto, me gustaría colgar aquí el vídeo tan pronto como lo suban a YouTube.

Lo podíamos haber hecho mejor, por supuesto, pero superó con creces mis expectativas. Era la primera vez que cantaba delante de cientos de personas y en ningún momento ello me dio nervios. Además, los potentes focos que estaban sobre mí difuminaban cualquier cara concreta. Eso sí, al final despredían tanto calor que la mayoría de los que estábamos en las primeras filas comenzamos a sudar al cabo de varias canciones.

En general muy contento y, como digo, tan pronto como esté subido el archivo lo publicaré aquí. Hacía ya tiempo que no escribía un post y después de una semana publicando vídeos del tour y un ensayo (ya escrito) sobre Zubiri, tenía ganas.

Mañana más.

Un saludo.

En Estambul, Turquía.

29 de noviembre de 2014

Acción de gracias




Escuché una conferencia (que yo las escucho, no asisto a ellas, a través de la Fundación Juan March) hace varios años donde una mujer, ya famosa escritora, decía que había podido vivir toda su vida como una princesa gracias a haber estudiado, escrito y leído.

Efectivamente, eso es para mí vivir como un príncipe: escribir y leer. Tener todo el tiempo del mundo para estas dos actividades hace que el esfuerzo que haya que realizar para aprobar los exámenes sea un precio muy bajo a pagar. Que me paguen por estudiar filosofía, es decir, que me den una beca por hacer lo que más me gusta en el mundo, es como vivir en un sueño. Además, poder hacerlo fuera de la misma ciudad en la que había vivido durante 15 años es un lujo extra. Por no hablar de este año entero, que recién está comenzando, que voy a pasar en una de las ciudades más exóticas, llenas de historia y de gente magnífica como es Estambul. Este tipo de cosas, hace siglos, sólo estaban al alcance de príncipes, de aristócratas, de gente con mucho dinero, o gente con la firme convicción de que después se meterían a rezar a dios para poder estudiar todo lo que les diese la gana, bajo la obligatoriedad de no poder casarse, no poder ser libres, etc.

Pero que hoy, en el siglo XXI, una parte de la población podamos disfrutar de esto(si queremos), es un milagro que no ha sucedido porque sí sino por todas las revoluciones, manifestaciones y críticas a lo largo y ancho del planeta por gente más o menos realista que, sonase utópico o no, querían que cualquier persona, fuera cual fuese su condición económica, pudiese acceder a lo máximo en el mundo civil. Y aquí estamos, en mi caso se ha hecho realidad y aunque tener una carrera, o dos, o un idioma, dos, o tres (como es mi caso por el momento) no implica que se vaya a conseguir un trabajo asegurado, sí que es algo que en otros lugares del mundo, como Estados Unidos, no puede ocurrir gratuitamente. Que toda una sociedad como es la española haya estado financiando esta educación, que un organismo europeo, como es el que controla y gestiona las becas Erasmus, haya permitido que tanto yo como decenas de miles de otros jóvenes a lo largo y ancho de Europa sean capaces de pasar meses disfrutando y aportando a otras culturas y países, es algo indudablemente beneficioso tanto para ellos como para los demás.

Por tanto esto no es cosa de magia, ni un milagro como he dicho al principio del párrafo anterior. Es cosa de esfuerzos, muertes, sangre y violencia en el sentido apropiado. Porque, no lo olvidemos, que todo el mundo pueda acceder a esta educación ha producido no pocos sudores en aristócratas convencidos de que eran mejores que los demás. Porque también hoy hay gente que cree que hay que tener un mérito enorme, ser el mejor en lo que uno se proponga, para poder recibir una beca de este estilo (de las que permiten vivir dedicado al estudio). No, soy de los que piensan que no hay que competir por ser el mejor. Que yo lo haya hecho en determinados momentos no implica que eso tenga que aplicarse en el resto de los casos. Si todos intentan ser los mejores en lo que hacen entonces estamos impidiéndoles realizarse en otros ámbitos de la vida porque, no lo olvidemos, tampoco todo va a ser estudiar (también habrá que f... -parafraseando a Krahe). 

Darse las gracias a uno mismo es bastante risible y miserable. Uno mismo tiene para consigo un deber relativo. Soy de los que piensan que no es moralmente reprochable el suicidio puesto que nadie es nadie para decir si uno tiene que seguir sufriendo o no, por muchas teorías psicológicas que mantengan que a veces es mejor esperar y que, desde luego, el tiempo lo arregla todo. Así que si ni siquiera para con nosotros mismos tenemos el deber de mantenernos vivos, ¿qué menor será el deber de estudiar para ser más sabios? El inteligente puede que decida que el trabajo físico va más con su personalidad, con sus intereses, y habrá que determinar que así sea. El vago redomado hoy es más necesario que nunca para que, al menos, sirva como ejemplo de cómo no ser. Y no voy a ser yo el que haga una nueva apología de la pereza. Soy de los que piensan que la pereza es cada vez más necesaria, es hospitalaria con un pensamiento del decrecimiento, o del crecimiento moderado... compatible con una economía más preocupada por la sociedad que por los voraces mercados y mercachifles que los mantienen.

Por eso las gracias tienen que ser, siempre, a los demás. Los demás son los que nos mantienen así, los que permiten que comamos, que tengamos la educación que poseemos, los que pagan impuestos y nos dejan estudiar tranquilamente, esperando o no que un buen día demos eso de vuelta. 

Hay gente que desconfía de los que estudiamos humanidades. Es normal ya que ahora el pensamiento es contrario a las carreras que no crean seres productivos ni productores de material o de capital. Hay otros que dicen que creamos capital humano, ¡qué binomio más feo! Pero no, ni siquiera eso. Yo no pretendo crear ningún tipo de capital, de consumible, con mis futuros pensamientos sobre la parte de la filosofía en la que estoy más interesado (Filosofía de la Ciencia). Pretendo dar luz sobre los asuntos, o ser un historiador de una de las realidades más sobresalientes de la humanidad, una de sus más grandes y efectivas construcciones.

Y por ser capaz de hablar de ello, por ver en el futuro una mínima (o máxima, quién sabe) posibilidad de ser profesor y de cumplir mi sueño y seguir leyendo, escribiendo y enseñando (que es mi tercera pasión), doy gracias hoy a todos los que las quieran recibir.

Un saludo.

Francisco Riveira

En Estambul, Turquía.

27 de noviembre de 2014

Vídeos de mi primer trimestre en Turquía

Hoy me gustaría compartir en un pack completo los vídeos que he grabado en estos tres primeros meses en Turquía. De vez en cuando está bien tomarse un descanso tanto de escritura como de lectura y hoy creo que es un buen día.

Espero que os gusten y nos vemos la próxima ocasión.





Un saludo.

Francisco Riveira

En Estambul, Turquía.

12 de noviembre de 2014

Mi experiencia ante la barrera lingüística




Estoy desesperado. Fijo mi mirada en un cargador colocado en la pared tras la tarima del aula gigantesca donde hemos elegido hacer el ensayo. Observo que es un cargador del iPhone, penúltimo modelo, de ese que hicieron para obligar a que la obsolescencia programada se adelantase unos cuantos años. Ahora pienso en el iPhone para evitar la desesperación que se ha instalado en mi ánimo desde hace dos horas. Paso las hojas de mi partitura y sólo veo pentagramas inconexos, notas que van y vienen, letras que no sé si he de cantar yo o si las ha de cantar el que está puesto a mi lado. Para colmo, soy el tenor del grupo más agudo de todos y el que se supone que me tiene que ayudar no me da la menor confianza, tiene un gesto desafiante y despreocupado, es de aquellos de los que a simple vista desconfías. Y sé que no es cosa mía, no, no lo es. Esta experiencia es compartida.

Entonces, cuando no sé qué hacer, simplemente me callo. Ya que no puedo seguir el orden de los acontecimientos, ni las instrucciones básicas que me dan (en turco) para cantar o para iniciar desde una parte. Pues mejor me callo, así no molesto, así no la cago. 

Esta última canción es, con diferencia, la que peor se deja interpretar. El MIDI que nos han dado no tiene sentido alguno, la partitura parece hecha con mala gana, y está reformateada de modo que las mujeres también puedan cantar, pero esta canción con todo hombres tendría suficiente. Ha habido (soy consciente del hecho, no del contenido del mismo) una serie de instrucciones en turco de las que no he sido consciente y que, seguro, han pasado por informar de qué partes de la partitura no tenemos que tener en cuenta, de qué partes hacemos cada grupo de tenores, y de qué parte compartimos con las soprano.

Cuando dicen tenor bir salivo, como el perro de Pavlov. Se me encienden todas las alarmas y entonces sé que me toca cantar, que me toca estar atento... en fin, que me toca hacer algo. Entonces miro al conductor, al director del coro, que cada día parece que tiene un humor diferente, y que cada día hace menos esfuerzo para hablar un poquito de inglés y ayudarnos a los tres que hemos quedado después de la escabechina de los primeros días (escabechina consistente en no dejar de hablar turco durante todo el ensayo). Entonces le miro, sonrío. A veces repito el chiste que he repetido mil veces y asiento, como si me hubiese enterado perfectamente de todo lo que ha dicho. No sé si el tío es consciente de que me estoy burlando de él, a mi manera, o de si cree que mis cambios de humor repentinos son propios de una persona sana mentalmente. Lo que sé es que si no le echo humor al asunto, me vuelvo un tío desesperado.

Hoy ha sido la desesperación total: ¡no me he enterado de nada! Y me imagino a los jóvenes con este mismo problema, pero en inglés. Y resulta que cuando quiero decir que no entiendo algo en inglés, el idioma se me queda muy corto, mi base lingüística inglesa no incluye términos específicos en inglés sobre música y por eso, para decir que no encuentro ni aunque vengan degollando la melodía general de la canción y para decir que los midis que nos han dado son una puta mierda, decido mentir e inventarme la excusa de que "I can't follow the tempo properly". 

No hay ni un gesto de conmiseración. No hay un solo intento por parte del conductor de hoy (un señor gigante, de mi edad probablemente, que pesa como tres veces lo que yo) por hablar inglés. O no le sale, o no quiere, no lo ve necesario. Yo en su situación me sentiría parecido: oye, tú has venido a mi coro, aquí hablamos turco, ¡pues aprende turco! Y eso hago, aprendo turco, pero el turco que pueda aprender en cuatro meses no es ni de lejos el necesario para seguir tus explicaciones, lo que temo es que, para el momento en que pueda entender la mitad de lo que dices, ya sea hora de volverme a mi país. ¡Y el inglés no es mi idioma materno! Así que no puedes verme como el conquistador que muchos de vosotros, turcos, pensáis que somos los españoles o los europeos en general. Para vosotros, somos occidente. Todos entramos en el mismo paquete, al igual que los turcos, desde España, entran en el mismo paquete que los sirios, libaneses y egipcios...

Soy el sospechoso. Tengo una cara muy turca, me lo dicen siempre. Por eso es extraño mirarme, porque miro a la turca, pero respondo a la del imbécil que no se entera de qué va la película. Hoy he sido capaz de comunicar un sentimiento complejo al propietario del establecimiento donde vamos a cenar habitualmente, le he dado un billete de cien liras porque no tenía uno menor y le he dicho "affedersiniz", disculpa. Siento no haberte dado un billete más pequeño. Y así me gustaría comunicar mi sentimiento complejo, mi barrera lingüística, una barrera hasta humana. ¡Es el peor sentimiento del mundo! Y aunque esto es una tontería, aunque sé que lo del coro es un capricho de estudiante ocioso, a mí me duele como si me encontrase en medio del desierto viendo pasar camiones con agua y siendo incapaz de pedir una poca.

Me agota el coro. Es un esfuerzo mental constante. Tanto es así que opto por no prestar atención y atender sólo cuando parece que hablan de mí. Hoy ni siquiera ha ocurrido eso. Hoy he pedido expresamente al conductor que avisase en inglés de las partes que íbamos a cantar y del grupo de tenores que tenía que cantar cada parte (porque las practicamos habitualmente por separado) y nada, ni caso.

Vuelvo a lo de la empatía. El único empático conmigo es el alemán del coro, un alemán de Berlín muy simpático. Tiene ese sexto sentido: siente cuándo los demás están mal, cuándo se sienten fuera de lugar. Es el único que entiende cómo estoy, cómo me siento cuando los idiomas van y vienen. Él no sabe más idiomas que yo, de hecho está en mi misma situación, pero como tenor es más grave que yo y está en el grupo 2, un grupo donde siempre hay gente dispuesta a ayudar. Y me dice: sé que este chico (el otro del grupo 1, que sabe más de su parte que ningún otro) puede parecer poco amistoso a primera vista, pero luego es simpático. ¡Ha definido perfectamente mi sentimiento hacia el turco, un sentimiento de rechazo inconsciente hacia esa gestualidad impasible y ajena a mi malestar! El único, él, el alemán, el que no sabe turco pero que intenta integrarse, que lo tiene más fácil que yo, que tolera mejor la frustración. Yo ya no me trago lo que siento y así se lo hago saber: no me entero de nada, amigo, esto es una pesadilla. Antes venía aquí y deseaba que no se pasasen nunca las tres horas de ensayo, ahora no puedo esperar a que termine. Y no me vale con que el alemán sea el que sabe cómo me siento, porque él es el que, desde luego, tiene la menor de las culpas. También hay otra de Estados Unidos, que sí que lo tiene bien jodido, porque ni siquiera está dando clases de turco... pero, así y todo, ella sólo tiene que seguir una línea vocal, y tiene como diez cantantes que interpretan lo mismo que ella. Con un buen oído ya es suficiente y las mujeres suelen prestarse más ayuda entre ellas, en Turquía, en China o en Vallecas. 

Me agota pero al mismo tiempo me gusta. Me da alguna que otra satisfacción ver que todo acaba saliendo bien. Me molestan las pausas tan largas sin cantar, me molesta esperar a que los demás practiquen su parte. En general sé que tengo la mentalidad de solista y que probablemente nunca me la lleguen a quitar: me gusta tener todo el peso de una melodía, de una letra, no tener que pensar en pentagramas porque tienes la música ya integrada en tu memoria... y eso aquí es imposible.

Llevo quejándome de esto desde hace ya varios ensayos pero quiero aguantar porque sé que, a la postre, va a merecer la pena. Pero el mal rato que llevo encima no me lo quita nadie.

En Estambul, Turquía.

7 de noviembre de 2014

Coste de vida de Erasmus en Turquía



Este post es para todos aquellos que estéis interesados en venir a vivir a Turquía como Erasmus o por vuestra cuenta. Estos precios son orientativos y me refiero a los vigentes a fecha actual, noviembre del año 2014, por lo que pueden variar en otros casos y situaciones.
He dicho Turquía pero yo vivo en Estambul, en otras ciudades turcas vivir es bastante más barato, eso sí, no se puede comparar lo que tiene esta ciudad con lo que tiene cualquiera del país (e incluso con lo que tiene cualquier otra en el mundo).

Lo más importante es el cambio de euro a lira turca. La lira turca es la moneda oficial de este país, en realidad se llama la "nueva lira turca" porque la anterior estaba muy afectada por la inflación (lo que hoy cuesta una lira, antes costaba un millón, o algo así me han comentado). A día de hoy está sobre los 2,9 TL por cada euro, y va en aumento.


¿Qué quiere decir esto? Que cada uno de tus euros vale unas 3 liras, casi puedes redondear en cualquier precio. Lo mejor no es esto (que a simple vista parece bueno de por sí) sino que el coste de vida es mucho más bajo que en España (y ya ni deciros en comparación con otros países como Alemania, Polonia...). En muchos casos lo que cuesta un producto español está traducido directamente a las liras turcas. Por ejemplo, mis galletas favoritas cuestan una lira, y vienen unas 10 galletas de chocolate con leche y chocolate negro, además de caramelo. Eso en España costaría un euro directamente. También los botellines de agua cuestan unos 50 kürus en máquina (los "céntimos" turcos), en España cuesta 50 céntimos, casi tres veces más al cambio.





Esto se puede aplicar a bastantes más productos relacionados con la comida, por eso es tan barato comer en este país. Lo que mantiene el precio es la tecnología, ahí sí que no hay variaciones ni cambios a la brava. Si el nuevo Samsung Galaxy Note 4 cuesta en España 749 euros, aquí costará 2250 TL (liras).

COMIDA

En mi Universidad como por 1,5 TL, pero esto es porque está subvencionada. Hablo de la Bogazici University y creo que en otras no hay tan buen precio. Es una comida como dios manda: un plato de sopa (çorba), uno de arroz o trigo, otro primer plato y un segundo plato, postre, además de agua y pan gratuitos (el agua es mineral, porque en Estambul el agua corriente no es potable). Es una señora comida, yo me lleno al tercer plato. Las sopas están buenísimas (ya soy un adicto a las sopas turcas). Con los postres unos días hay más suerte que otros. También me gusta especialmente el trigo, que está buenísimo y nunca antes lo había probado de esta manera (está especiado a mi gusto). Por un poco más de cincuenta céntimos de euro (al cambio) comes como un señor.

Luego ceno fuera de casa, casi siempre. Alrededor de nuestra casa, en el barrio de Mecidiyeköy, hay un montón de lugares para comer. Hay tres o cuatro sitios a los que siempre vamos: Hacioglu (lahmacun), The One (comida turca casera y un trato personal), Lahmacun Paket (buenísimos Pide) y Bambi Café (una especie de "comida rápida" turca al que vamos cuando el resto de sitios están cerrados). En este último sitio hay un Ögrenci menu (menú de estudiantes) con el que, por seis liras (al cambio unos dos euros y medio) tienes un kebab, patatas fritas y Coca-Cola. Con estos precios es imposible quedarse en casa, simplemente sale casi más barato comer fuera.

Estoy hablando de que gasto unos 3 o 4 euros al día en comida (si como en la Universidad y ceno fuera). Hay días en los que ceno por 10 liras, que son unos tres euros y medio al cambio, pero a pesar de eso, me parece un trato aceptable (y ceno mejores productos). 

El trato en todo lugar es excelente, algunos hacen el intento de hablar inglés, pero después de dos meses viviendo en Turquía ya no necesitamos hablar en inglés para pedir de comer.

Con un gasto de 4 a 5 euros de comida (días laborables) y una media de seis euros de gasto diario, salen unos 200€ de gasto mensual en comida (siempre hay algún que otro capricho).

VIVIENDA

Aquí depende del turco que sepas, de las ganas que tengas de encontrar piso (y la prisa) y de la zona en que quieras vivir. Por lo general es mucho más barata la parte asiática de Estambul que la parte Europea. A pesar de eso conozco a gente que está pagando 650 TL por una habitación al lado de la Universidad (barrio Hisarüstü), facturas a parte. Al cambio son unos doscientos y pico euros. Es normal gastarse eso. Los que se gastan menos en su casa es o porque viven peor comunicados (yo pago más o menos eso y tengo comunicación directa con metro, metrobus, autobús y dolmus, además de una estación de taxis a cinco minutos a pie, y tres centros comerciales, uno de ellos el más grande de Euroasia) o porque no incluyen las facturas. Lo mejor para buscar piso es conocer a alguien antes de llegar, la Craiglist está bien porque todo el mundo habla inglés, pero aquí saber turco es sinónimo de pagar menos. Mucha gente se aprovecha de los Erasmus para cobrar más. Soy consciente de que me están cobrando de más pero también tengo la tranquilidad de saber que no habrá sustos en facturas y que estoy siempre bien comunicado (y la casa es de buena calidad, no hay baño turco -que consiste en un cubículo donde uno hace todas sus necesidades en un agujero -no hay taza de váter- y, además, sirve como ducha... lo sé, ¡suena asqueroso!)

Así que, al mes, con calefacción, internet, electricidad, etc... échale unos 220€ de vivienda.

Si quieres una vivienda para ti solo, comienza a multiplicar por dos o por tres según número de habitaciones.

GASTOS FIJOS GENERALES

Hay dos o tres cosas que hay que cargar: la tarjeta del móvil y la tarjeta del bonobús. Hay otros que pagan otro tipo de gastos generales, en mi caso sólo estos dos.

El móvil lo tengo con Turkcell, pagando 35 TL al mes (unos 13 euros al cambio) tengo un gigabyte de datos, 1000 mensajes de texto y 500 minutos de llamada. Nunca he llegado a gastarlos todos. Me parece tirado de precio ya que es una tarjeta de prepago. Eso sí, la tarjeta de prepago, al comprarla, cuesta unas 50TL. Pero sigue siendo barata (y viene con saldo precargado).

Luego está la tarjeta de metro. Si llegas a Estambul te recomiendo que te hagas con una Istanbul Card para que la vayas cargando conforme la vayas necesitando. No se te ocurra comprar una tarjeta con dos viajes, acabarás tirado por algún barrio lejano sin ningún puesto abierto para recargarla, y te tocará llamar al taxi (también ridículamente baratos, pero más caros con diferencia que los autobuses). Cada viaje te sale por lira y media y si haces trasbordo, el segundo viaje es más barato. 
Si vas a estudiar aquí te recomiendo que consigas la Blue Card, que es para estudiantes y que da un descuento bastante grande. En mi caso, pagando 77TL al mes (Unos 30€) tengo 200 viajes para gastar tanto en bus, metro, ferry, metrobús y funicular (creo que no me dejo ningún otro medio de transporte). Lo bueno de esto es que una vez lo pagas, te olvidas de recargarlo. Es también ridículamente barato y si viajas 4 veces al día (o haces muchos transbordos) es muy adecuado.

Luego estarán los libros que te manden comprar, las fiestas a las que vayas, los eventos o viajes a los que asistas, algún que otro tema con el seguro médico privado (que ya no es necesario obtener para sacarse el permiso de residencia), el pago de las gestiones burocráticas, etc.

Los demás gastos pueden ir de 80€ a 200€ (esto último siendo bastante manirroto). 

Por supuesto, siempre me estoy refiriendo al coste por persona (y no para familias) en esta ciudad concreta que es Estambul. Si vas a otras ciudades como Izmir o Ankara igual estaríamos hablando de 100€ o 150€ menos al mes.

Así, puedes asegurarte vivir tranquilo con unos 500€-600€ al mes. Si te lo propones puedes vivir aún con menos al mes, pero eso implica perderte todo lo que te puede ofrecer un Erasmus y una ciudad tan bonita y viva como esta. Así que vivir en Turquía, como Erasmus, es como unos 100 o 150€ más barato que cualquier otro destino en la Europa más típica.

Espero que este post os haya sido de ayuda.

¡Un saludo!

Francisco Riveira

En Estambul, Turquía.

5 de noviembre de 2014

Buscar la oportunidad de aprender idiomas




Yo hubiese estudiado más alemán, francés y, sobre todo, italiano, antes de venirme de Erasmus. Hay muchas oportunidades de hablar estos idiomas y probablemente en pocas ocasiones vitales como estas se me de la oportunidad de poder hacerlo diariamente y casi cada hora. Este es el entorno perfecto para, con una base más o menos sólida (unos cuantos miles de palabras), mejorar cualquier idioma. Y sólo tengo un nivel medio en inglés y en italiano. En italiano he aprendido estructuras nuevas, palabras de jerga juvenil y formaciones de los subjuntivos, cosa de la que adolecía por mis cursos en la escuela oficial de idiomas. En inglés... creo que ahora mismo soy capaz de entender el 90% de lo que cualquier persona dice en inglés, siempre y cuando no sea una jerga muy concreta o un acento cerrado (he descubierto que, aunque pareciese al revés, hay estadounidenses con un acento cerradísimo, que no hacen ni el mínimo intento de hacerse entender por el resto que no hemos nacido en su país). También estructuras y, sobre todo, linkers. Con estructuras me refiero a formas de plasmar pensamientos complejos. Se comienza siempre al revés que el español. Tengo un profesor estadounidense que habla perfectamente ese idioma y es muy fácil seguirle. Eso sí, lo habla rapidísimo. Pero es su inglés tan nítido, variado, fresco (siempre salpica sus explicaciones con anécdotas referidas al tema) y real que es un gusto escucharle. Asistiendo cada semana a sus clases ya tengo suficiente "listening" para preparar mi próximo título en inglés, el Advanced Certificate (ese creo que llegará el año que viene).

Pero claro, todo se aprovecharía más con una base sólida en esos idiomas (me refiero al alemán y al italiano). Hay varias cosas en este mundo que nunca están de más, que siempre acumulan y nunca restan, que siempre tienden a mejorar y en las que apenas hay regreso. Una de ellas son los idiomas. Por mucho tiempo que dejes aparcado un idioma, al volver a él siempre te sonará todo, y si vas al lugar donde se habla o decides entablar conversación con un nativo, acabarás por recuperar tu nivel previo y, una vez hecho, sólo podrás ir a más. En los idiomas no hay que temer olvidar palabras pues estas se pueden recuperar fácilmente. Lo que hay que temer es dejar de pasar oportunidades para practicarlos y, por tanto, acabar mejorando nuestras propias habilidades.

Si tuviese 10 años menos me gustaría comenzar a aprender bien, por ejemplo, el alemán. Pero por mi cuenta, ya que he descubierto que los profesores son muchas veces obstáculos para ser bueno en un idioma. Uno se acaba acostumbrando a ir a clase, a rellenar un libro... y al final esas horas de clase son las únicas que uno dedica al idioma en cuestión, mientras que el resto de la semana vive en un entorno repleto de castellano. ¿Por qué no nos íbamos a acomodar también en este sentido? ¿No hay gente que se apunta a un gimnasio para usar la máquina de correr y luego va a su trabajo en coche? Lo mismo ocurre con los idiomas: hay que hacer de ellos una forma de vida y buscar las oportunidades de utilizarlos.

Después de este Erasmus sé lo que más echaré de menos: tener la posibilidad de hablar muchísimos idiomas sin apenas salir de un aula o de, por ejemplo, un ensayo de mi coro.

Un saludo.

Francisco Riveira

En Estambul, Turquía.

28 de octubre de 2014

Cómo llegar a comisaría para obtener el permiso de residencia en Estambul, Turquía.



La verdad es que leí en tantos sitios que esta gestión del permiso de residencia iba a ser complicada que me lo creí. Iba con la predisposición de que íbamos a tirar ahí toda una mañana para al final no conseguir nada. Y bueno, yo al final no conseguí nada por falta de un papel concreto, pero por lo menos a la media hora de llegar ya fui atendido.

La comisaría que nos tocó en gracia fue Vatan Emniyet Müdürlügü

La comisaría está al lado de la parada de metro Emniyet. El modo más sencillo de llegar (y rápido, o eso parece) es a través de metro. Si, como nosotros, vives en el norte o centro de Estambul, lo mejor es coger un metro hasta Yenikapi, luego andar hasta el trasbordo con la línea M1 (la que va hacia el aeropuerto) y bajar en la primera parada.

A mano derecha verás un edificio enorme con muchas medidas de seguridad, pero ese no es. Tienes que seguir andando un poco más hasta que veas un edificio que llama la atención por la de cristal que tiene (cristal oscuro, además). La entrada también es una estructura de cristal con tres puertas diferentes. Los tíos con fusiles en ella son los indicadores de que estás en el lugar correcto.

Una vez dentro pasas por un control de seguridad y luego das tu pasaporte en el primer mostrador tras el control. El que me atendió me señaló que tenía que subir al primer piso y que, una vez allí, tenía que pedir número. Eso hice. Me dieron el número 11, fui a ver las habitaciones y como no vi nada del número 11, volví y me dio el número 12. Me resigné, porque las habitaciones solo iban hasta el número 8. Así que regresé a las habitaciones e hice lo que tenía que haber hecho antes: entrar y mirar dentro. Así era, ahí había números desde el 8 hasta el 16 y en mi mesa (la 12) sólo había una persona atendida. Me coloqué bien cerca de la puerta para ser el primero en entrar (en caso de que hubiese más gente con mi mismo número, cosa que no sucedió) y después de saludar con un Günaydin comencé a sacar papeles sin que el policía me dijese nada. Una vez todo encima de la mesa, firmé dos documentos y me percaté de que el final de mi permiso de residencia aparecía como el 28 de febrero, es decir, una fecha errónea. El problema fue que los papeles que llevé indicaban sólo que sería estudiante durante un cuatrimestre y no durante los dos en los que voy a estar en esta Universidad. Así que el único problema que me surgió es ese, sé cómo conseguir el documento y, lo más importante, no me hace falta volver a hacer otro appointment ni esperar filas para dar el documento que me falta. Una vez entregue esto, me darán el permiso de residencia en 45 días contando desde aquel en que complete toda la gestión.

¡Espero que este post os haya sido de provecho!

Un saludo.

En Estambul, Turquía.

27 de octubre de 2014

Cruzando la carretera en Estambul



Este es el objetivo burocrático principal que tenemos todos los estudiantes Erasmus en Turquía: lograr el permiso de residencia. No es que sea difícil por cuestiones políticas sino por la cantidad de gestiones que hay que completar antes de que te den el dichoso documento.
La novedad (dentro de otra novedad) es que el famoso health insurance ya no es necesario. Es decir, una ley que salió hace dos o tres meses ya no es válida y, por tanto, nuestro "brand new" insurance sacado en Mapfre Sigorta ya no nos sirve para nada. Bueno, al menos tenemos atención sanitaria por si acaso caemos enfermos o resultamos heridos a lo largo de nuestra aventura turca.

Esta mañana fuimos a un lugar de Besiktas donde pagamos las 50 liras turcas que cuesta el permiso de residencia (la gestión hay que hacerla antes porque si no en comisaría te mandan a que lo pagues). Llegamos a las doce y pico y claro, estaban comiendo y hasta la una no llegaba nadie. En España esto ocurre siempre de 3 a 5 más o menos y en Turquía es, por suerte, una sola hora. Pero cierran en todos lados, incluso en aquellos donde más urgencia parece haber (puede que haya gente que necesite pagar eso rápidamente).


Hoy era nuestro appointment para el permiso de residencia. El caso es que lo sacamos a las 20:30 para que no coincidiese con ninguna clase, el problema es que la comisaría está de traslado y cierran a las 17:00, por tanto, si tienes una cita más tarde que esa hora, tienes que volver al día siguiente. Y esto, por supuesto, lo sabemos porque los demás Erasmus lo han averiguado por experiencia. Ser Erasmus en Turquía es igual que comprarte un iPhone justo el primer día de venta: puede que te salga rana, que se te doble, y como has sido el primero pues serás el primero en joderte. Y eso le ha pasado a los demás Erasmus o special students que tan amablemente nos informan de los sinsentidos burocráticos de este loco país que es Turquía. Y si son así en la carretera, si van sin casco, con luces no homologadas, o si meten a toda una familia (hasta cinco personas he visto) en una moto, ¿qué me hacía pensar que en las comisarías su estilo de hacer las cosas fuese a ser diferente? 

Entonces, con el pago hecho, mañana iremos a primera hora de la mañana (justo cuando abren) a la comisaría. Nos han recomendado que nos peleemos si es necesario para conseguir un número y ser atendidos lo antes posible. Nos han dicho, también, que no esperemos acabar con las gestiones el primer día, sino que hay que esperar otras dos o tres semanas y volver a ir para recoger finalmente el permiso. También nos han dicho que, en caso de que nos den una fecha concreta a la que volver, que lo hagamos 4 o 5 días después de ella, porque nunca tienen los documentos para el día en que prometen.






Así son las cosas. Por lo demás este país es una maravilla. Lo que más me sorprende es su absoluta falta de respeto por las normas más elementales de, por ejemplo, tráfico. También me sorprende no haber visto aún ni un solo atropello o accidente grave. Quizá es porque estos conductores ya tienen a los peatones en su cabeza, en su subconsciente, no como los españoles. Aquí, para cruzar la carretera, tienes que meter primero el cuerpo para que te vean y luego echar a andar entre los coches, calculando su velocidad y el momento exacto en que van a pasar a pocos centímetros de ti. Lo más grave que ha ocurrido (y que hayamos presenciado) por este peculiar modo de transitar las calles de Estambul es que el retrovisor lateral de un autobús le arreó una hostia en la cabeza a un peatón. 

El pueblo turco tiene esta cualidad de indomable, de trabajador y amante de la vida sencilla. Eso es lo que más me ha llamado la atención en estos casi dos meses viviendo en Turquía. Creo que en España seríamos iguales si las leyes fuesen menos estrechas.

Un saludo.

Francisco Riveira

En Estambul, Turquía.

30 de septiembre de 2014

Estrategias para evitar una Tercera Guerra Mundial




No quería dejar la oportunidad de escribir algo más sobre Primo Levi. Quiero hacerlo mientras siga fresco en mi cabeza. 

He leído su libro más famoso: "Se questo è un uomo". 

Como estudiante Erasmus estoy acostumbrado desde hace un mes a ver a muchas personas de todos los rincones de Europa, hablar con ellos e intentar compartir nuestras experiencias. Por lo general el carácter europeo es semejante, sobre todo si hablamos de latitudes concretas. Los italianos son parecidos a los españoles y los holandeses a los alemanes. No tanto los alemanes y los españoles pero, obviamente, más los españoles entre los alemanes que entre los propios turcos. Me ha sorprendido la enorme facilidad que tienen los turcos para iniciar conversación y ser tus amigos sin apenas presentaciones. Quizá es porque esta universidad favorece este tipo de relaciones (de entrada rápida). Lo que me cuesta pensar es en cómo mantienen las relaciones los propios turcos a lo largo del tiempo. 

La calle es principalmente masculina. Las mujeres no sólo son diferentes por sus vestidos sino también por su forma de ser. El momento en que mejor puedo hacer un análisis pseudopsicológico de ellas es en el autobús. Muchas leen, otras ven sus teléfonos móviles y otras miran a lo lejos. Es igual que en España solo que aquí leen más. Parece mentira, en este país hay muchos más lectores que en España. Pero no todas las mujeres llevan velo, y de hecho son muy pocas las que se ponen el burka. En según qué ambientes apenas hay diferencia entre una mujer turca y una madrileña.

Se quieren hacer europeos, y además lo muestran con hechos. La moneda es diferente y su religión también pero muchas de las costumbres que están adquiriendo son definitivamente europeas. Y yo no sé si querer parecerse a nosotros es algo bueno (al menos no están en la comunidad económica europea, aún no han entrado en la boca del lobo).

Leí que Erasmus era un medio creado para evitar algo tan nefasto como una guerra mundial. Leer este libro viendo y hablando habitualmente con alemanes es bastante curioso. No puedes evitar pensar que algunos de sus familiares perpetraron ese atentado contra la humanidad hace tan solo 70 años. La culpa en el pueblo alemán está enraizada e instalada en su pensamiento. Hay que reconocer que cuando les toca denunciar el fascismo y rescatar esas memorias de sus antepasados lo hacen sin dudar, sin ambigüedades y sin medias tintas como en España. No pueden concebir ningún tipo de alabanza a su dictador y la tercera Alemania es en todo caso una mancha en su historia. Aquí en España se considera un comentario simpático decir que "con Franco vivíamos mejor".

Pero tampoco quiero caer con este post en ese viejo error de atribuir un mismo "espíritu" a un pueblo entero. Yo digo que esto es idealismo, que es un error sociológico y además una equivocación filosófica. 

Ahora me imagino a todos nosotros, los europeos Erasmus de la Universidad del Bósforo, encerrados en un Lager, en un Lager (campo de trabajo) tal y como nos lo describía Primo Levi. Este Lager tiene una diferencia fundamental con respecto al Lager de los años 40 en Polonia: ya no es una Torre de Babel. El idioma que se impone por encima de los otros es el inglés, mientras que en aquella época todavía los italianos, los alemanes, los franceses... seguían usando esos lenguajes allende las fronteras de sus países. ¿Qué efectos tendría esto? Por supuesto, una mejora clara en la capacidad comunicativa. Muchas de las tareas y de los sentimientos generales se facilitarían enormemente al encontrar que la mayoría sería capaz de entender lo que se comunicara. En los años 40 el inglés estaba comenzando a ser parte de una potencia imperialista (EEUU) pero el francés y el alemán tenían una importancia en Europa incluso mayor que la del inglés hablado en el Reino Unido.

Lo que quiere conseguir Erasmus es mayor movilidad entre los europeos, facilitando y promoviendo las relaciones internacionales, pero deja una serie de ventajas no económicas a su paso que comienzan a ser bien visibles. 
La primera es que ya no hay fronteras que impidan física o económicamente la movilidad. Los viajes al centro de Europa son de lo más común. No hace falta tener mucho dinero para hacer un viaje de tres días a Londres o a París. Desde Zaragoza, comprado con tiempo, puede salir el viaje entero en avión (y las noches de hotel y gastos extra) por 200€ o menos.

Sin embargo, no veo que haya una identidad europea establecida. Los alemanes siguen teniendo mayor complicidad con sus compatriotas, los españoles lo mismo... Erasmus ha conseguido que esta movilidad nos acostumbre a tratar con los demás europeos pero en ningún momento ha fomentado una entidad europea propiamente dicha. Yo considero que la idea de Europa en lo teórico es hasta aconsejable y beneficiosa para el mundo entero, pero también conozco sus limitaciones y sus problemas en la práctica, problemas que ya llevamos viendo florecer desde hace unos cuantos años (decisiones tomadas por instituciones internacionales del tipo FMI, etc).

Me da la sensación de que en este post estoy mezclando cosas que no tienen mucho que ver pero es porque mi pensamiento ante este tema aún no está bien elaborado.

Sí que me parece bueno, en términos generales, que haya una identidad de "ciudadanía del mundo", incluso cuando el significado de ciudadanía me hace ponerme a la defensiva. 
El ideal de hombre cosmopolita de la antigua Grecia se intenta recuperar hoy en día porque no hay otra manera de explicar según qué eventos sociales y políticos en el mundo. Que estemos a varios clics de establecer conversación con un chino o que ahora mismo me sea más fácil hablar en italiano que en español (porque vivo con tres italianos y con solo un español) son consecuencias positivas de la mejora de la técnica.

Pero que la técnica mejore y permita este tipo de comunicación internacional no implica que, en el face to face, las relaciones sean de este mismo tipo. Tenemos que conseguir, y me alegro de estar en el tiempo y lugar adecuados, que las relaciones interpersonales estén exentas de prejuicios.

...

Sobre "Si esto es un hombre" quiero decir algo más. 

Ya comenté hace días que la actitud estilística de Primo Levi ante lo que le ocurrió pretendía ser lo más objetiva posible pero, al mismo tiempo, buscaba no dejar de lado el sentimiento propio. ¿Cómo consiguió esto? Narrando no como víctima, sino como testigo. 

En el apéndice que Primo Levi hizo para este libro décadas más tarde (año 1976, si no me equivoco) responde a varias preguntas que comúnmente le han hecho los que han asistido a sus charlas y conferencias. Una de ellas trata sobre si Primo Levi sigue odiando, o si ha perdonado a los ejecutores de la maquinaria fascista. 
En la misma línea argumental que Arendt, Levi responde:

"Por naturaleza el odio no me viene fácilmente. Lo considero un sentimiento animal y torpe, y prefiero en cambio que mis acciones y mis pensamientos, dentro de lo posible, nazcan de la razón; por ello nunca cultivé en mí mismo el odio como deseo primitivo de revancha, de sufrimiento infligido a mi enemigo real o presunto, de venganza privada. Debo agregar que, por lo que creo percibir, el odio es personal, se dirige a una persona, un hombre, un rostro: pero nuestros perseguidores de entonces no tenían rostro ni nombre, lo demuestran las páginas de este libro: estaban alejados, eran invisibles, inaccesibles." 

Un saludo.

Francisco Riveira

En Estambul, Turquía.

24 de septiembre de 2014

Mis primeros días en la universidad como Erasmus




Aquí estoy. He llegado y bastante bien además. No me puedo quejar de nada ya que mis profesores son bastante agradables. Parecen personas serias, con las que se puede hablar si surge algún problema y, sobre todo, son de aquellos que no ven en el examen el mejor método para evaluar al alumno.

Con esto último tengo un problema y es que los exámenes son algo bastante cerrado y seguro: si te ajustas al temario impartido entonces aprobarás con toda seguridad. Sin embargo, los trabajos personales, ensayos y monografías, son otra cosa. Ahí entra en juego la subjetividad tanto del que corrige como la del que lo elabora. Por esto, los profesores te recomiendan hablar con ellos antes de ponerte a escribir nada, de modo que te evites trabajar innecesariamente o, si ya es demasiado tarde, borrar mucho de lo escrito.

No he tenido mayores problemas en este sentido. Pasar a la Universidad desde un bachillerato en el que me tomé en serio cada clase y cada trabajo que se me pedía fue un bajón tanto de esfuerzo como de exigencias. En la Universidad el único que te exige eres tú mismo. Yo me exigía al principio medianamente, la inercia del bachillerato se notó. Lo combinaba todo con el podcast y de vez en cuando con este blog. Me alegro de haber estado siempre haciendo algo "extra-escolar" porque es lo que me ha permitido crear un guión intelectual después de todos estos años, aunque en la propia Universidad no tuviese la posibilidad de escribir sobre lo que más me gustaba.

La Universidad te trata de manera diferente. Bolonia es una patraña. Me sentí mucho mejor tratado (de manera más personal y eficaz) en bachillerato que en la Universidad. Bolonia no ha cumplido nada de lo que prometió en su momento y para lo único que ha servido es para facilitar los intercambios entre universidades. Los profesores de mi Universidad han sido en su mayor parte personas que han pasado sin pena ni gloria por mi cabeza. Tan sólo uno o dos me han dejado un buen recuerdo. Creo que más por desgracia que por suerte, mi auténtico maestro lo encontré en bachillerato. Ya hice un post-homenaje hace varios meses.


Y ahora estoy en una universidad extranjera. El sistema parece ser bien similar solo que aquí los profesores parecen más americanos. Hay uno que da gusto oírle hablar. La pena es que su asignatura no me interesa demasiado. Hay otra que me da clases de turco. Otro que me da filosofía de las matemáticas que es con diferencia el más soporífero (por edad) y, por último, otro que imparte filosofía contemporánea y que, en realidad, es un ingeniero venido a filósofo por algunos avatares de su vida.
El temario en dos de esas cuatro asignaturas me apasiona. Me quiero dedicar, como ya he dicho en muchas ocasiones, a la filosofía de la ciencia, y hablar de la filosofía de la tecnología o de las matemáticas es dar pasos adelante en pos de esa futura especialización.

Y ya está, este es mi último año de estudios generales. El año que viene voy a tener que elegir un máster que me conduzca a objetivos posteriores aún más ambiciosos (doctorado, etc).

Quería comentar un poco cómo me han ido estos días.

La primera clase fue Filosofía de las Matemáticas. El profesor tardó en llegar unos veinte minutos. Yo iba ya preparado de sobra, sabía qué aula era, en qué edificio estaba y casi casi que conocía previamente a los compañeros que iba a tener (algunos de Erasmus, pero en su mayoría turcos). La clase estaba casi llena (40 sillas en total). La mitad eran matemáticos y la otra éramos filósofos. La asignatura se va a dar de tal manera que ni unos ni otros van a encontrar muchas dificultades para entender los conceptos así que el enfoque va a ser histórico. Así es como me gustaría dar a mí una clase de Filosofía de la Ciencia, históricamente, y hablando de los conceptos de manera histórica. A veces me pregunto si no estoy estudiando para ser alguna suerte de historiador de la filosofía de la ciencia y no un filósofo en concreto.
El profesor estaba achacoso. Llegó, como digo, veinte minutos tarde. No se sentó en ningún momento en la silla (es de agradecer). El hombre era altísimo y a pesar de haberme sentado en la última fila (de cinco filas, el aula era pequeña) le veía a mi misma altura. Tenía unos gestos raros, no nerviosos, simplemente raros. Su inglés era de un nivel bastante básico y apenas se le entendía al hablar. Lo bueno es que hablaba muy lento así que siempre estabas al tanto de lo que comentaba y seguías el hilo de su explicación convenientemente. Si se callaba durante medio minuto, cuando volvían las ideas a su cabeza sonreía y continuaba con la explicación. La clase trató sobre algunas curiosidades en las matemáticas babilónicas y egipcias. ¿Sobre el inglés? Creo que no hubo ninguna dificultad, tan sólo en esas palabras que parecían turcas pero que simplemente eran un inglés muy macarrónico. El hombre no sufría al impartir la clase en inglés, simplemente se podía comprobar que hubiese estado mucho más cómodo dándola en turco. Empero, hubiese estado mucho más cómodo sentado en el sillón de su casa.

La siguiente profesora es la que nos enseña turco básico. Ya dije que conseguimos que nos convalidaran una asignatura en turco con una de las optativas en la Universidad de Zaragoza. Esa asignatura es puramente práctica y así fue. La profesora fue desvelando la típica conversación de inicio en una lengua: ¿Cómo te llamas? Me llamo tal. Encantado de conocerte. ¡Oh, igualmente! Sí, no, gracias y "pregúntale". Lo jodido del turco son algunas consonantes. Para presentarme, al pronunciar la "c" tuve que repetir unas 10 veces la consonante, ¡y eso que mi nombre tiene dos "ces"! Pero el problema no fue sólo mío, por primera vez los españoles teníamos algún tipo de ventaja ante los alemanes (que tienen mucha más variedad de sonidos y de vocales que nosotros), había letras o palabras que les era bien difícil imitar. Algunos mantenían su error a pesar de que la profesora les corregía una vez tras otra. Imagino que es algo inconsciente. Luego estaban los ingleses, que en general tienen problemas para decir "hola" en español, así que no quiero ni imaginarme lo que debe suponer para ellos articular una frase en turco, tan alejada de sus raíces y personalidad lingüística y fonológica. Toda la clase fue una repetición de las mismas frases, por tanto fue un 90% listening, un 5% writing y un 5% speaking. Tampoco le pido más.

Benim adım Francisco. Memnum oldun. (Me llamo Francisco. Un gusto)

Luego el profesor de filosofía contemporánea, algo más joven y mucho más despierto. Se le entendía bastante bien. El inglés canadiense tiene la ventaja de ser bastante abierto y agradable a los oídos, o al menos esa es mi impresión.

El último profesor (que hace los 4: 24 ECTS) es lo que me espero de un profesor inglés: espabilado, estilo Stephen King (desparpajo, alegría, sonrisa, muchas anécdotas, etc), veloz e interesante. Quizá la asignatura no sea la que más me guste pero al menos el profesor me va a permitir aprender a escuchar un inglés académico de verdad.

El inglés es diferente hablado en la calle que en la academia, qué duda cabe. Pero también es diferente hablado en la academia que escrito para académicos. No he leído nada en inglés, podría decir incluso que he leído mucho más en italiano que en inglés a lo largo de los últimos años. No me importa admitir que ni he querido ni he tenido el tiempo suficiente como para preparar mi inglés filosófico, creo que todo seguirá su recorrido natural conforme vayan pasando las semanas, mi oído y mis escritos vayan haciéndose cada vez menos duros y me vaya soltando poquito a poco.

He pensado escribir aquí también en inglés. No me cabe duda de que algún día lo haré, aunque os aseguro que el blog no va a ser nunca totalmente en inglés, porque no es la lengua en la que pienso. De lo que sí estoy contento es de mi capacidad de comprensión oral, además de mi soltura a la hora de hablar. Las palabras se hilan casi ellas solas y apenas necesito pensar en cómo formar las oraciones que estoy utilizando. No he llegado a ser capaz de pensar en inglés, que es aquel momento en que uno puede decir: coño, sé este idioma. No, aún no ha llegado el momento, pero confío en que un día, tarde o temprano (de este año, qué duda cabe) me sorprenderé a mí mismo pensando directamente en inglés sin que el español pueda aportar ninguna palabra complicada o esclarecedora.

Hasta entonces, todo seguirá como hasta ahora. Esta primera semana ha sido bastante más cómoda de lo que me esperaba. Ya tenemos algunas lecturas que hacer pero son bastante agradables. Por mi parte, sigo leyendo mis novelas e intentando ver un poquito de esta ciudad. Aunque ahora ya no lo pueda hacer diariamente, sí que quiero descubrir una zona diferente cada fin de semana, todo con la calma más absoluta, calma que agradezco pues no sería capaz de ver una ciudad tan inmensa como esta en menos de 7 días, es físicamente imposible y mentalmente agotador.

Me he alargado demasiado. ¡Mañana más!

Un saludo.

Francisco Riveira

En Estambul, Turquía.

16 de septiembre de 2014

El sistema de registro ya no es tan infernal




Después de acudir a la Universidad para ver qué problema había con mi cuenta ya pudieron solucionarlo. Entré en la aplicación (ya no se caía) y vi que me habían admitido en dos de las cuatro asignaturas a las que había pedido consentimiento para entrar, además de otra cuyas plazas eran ilimitadas y en la que entré sin problemas.

La atención por parte del Departamento de Relaciones Internacionales de Bogazici es estupenda, aunque no puedo decir lo mismo del departamento que se encarga del registro. No he venido a este país a quejarme de su burocracia sino que directamente me trago lo que me echen, pero bueno, el post de ayer me sirvió como desahogo.

No sirve de nada poner aquí las asignaturas que he escogido ya que de momento son sometibles a cambio. El truco en mi caso ha sido matricularme de bastante más asignaturas de las que con seguridad estudiaré, para así más tarde tener varias opciones de descarte y poder hacer un horario semanal a mi gusto. Creo que me quedará algún día y libre y como tengo que preparar el Trabajo de Fin de Grado, me vendrá bien para dedicarme especialmente a esa tarea. El resto de asignaturas tienen una duración de tres horas (cada una) semanales y se dividen en bloques de 50 y 50 minutos. En Zaragoza este año han añadido una hora más a cada asignatura, para asemejarse a otras titulaciones en las que ya llevan dando 4 horas. El caso es que van a dar bloques de dos horas (con descanso en medio). No sé de qué les sirve a los psicólogos hacer tanto estudio sobre la capacidad de atención de los alumnos si luego, a la hora de crear los horarios, no se los tiene en cuenta. Así que estoy bastante contento de haberme librado de eso.

Por lo demás, hemos escogido algunas asignaturas de sociología que podemos convalidar fácilmente, además de una asignatura de turco para principiantes. Si conseguimos que nos convaliden esta última entonces tendremos un curso gratuito de turco que nos va a venir de perlas para afrontar todo este año en Estambul, además de poder aprovechar sus créditos ECTS. (¡Y después de hablar con la coordinadora en Zaragoza parece que no habrá problema!)

Mañana más.

Francisco Riveira

En Estambul, Turquía.

15 de septiembre de 2014

El infernal sistema de registro de asignaturas



En mis 23 años jamás había visto un descontrol, una falta de previsión y de organización ante una masa prevista de visitantes a una web como el de hoy. Y no es cualquier web de pacotilla, ningún videojuego, o alguna novedad en un comercio online, no. Es una web universitaria, que se supone que tiene que funcionar correctamente para que los alumnos no desesperen.

Hoy era el día en que nos tocaba registrar las asignaturas que queremos hacer. El registro es un caos ya sobre lo teórico pero sobre la práctica se vuelve aún más impresionante. Es que no me creo aún la de vueltas que me han hecho dar desde las diez de la mañana para arreglármelas. Y digo yo: después de tantos años con el mismo sistema, ¿no se les ocurre contratar un servidor que pueda recibir miles de peticiones a la vez sin dar error? Pues no señor, los sueños para por la noche.

A las diez abren la aplicación online (es un decir, porque nunca está realmente abierta a nadie, va y viene). Tú entras y, con suerte, eliges las asignaturas que has puesto en tu contrato de estudios. Para ello ya has tenido previamente que habértelas visto con los horarios, has tenido que ser capaz de buscar cinco asignaturas (o cuatro, en mi caso) que coincidiesen de alguna manera con el contenido de las de tu universidad de envío. Si no las había, pues oye, expones razones lo más bizantinas posibles para convencer al que toque (en nuestro caso, dentro de un mes, la coordinadora de Zaragoza).

Bueno, voy a hablar de mi caso.
Me levanto pronto para ultimar los detalles y tener un plan b de asignaturas. Lo tengo hecho para las nueve y media. A las diez menos cuarto voy al router del piso directamente y me conecto vía ethernet. Veo que la conexión no mejora sustancialmente y me vuelvo a mi habitación para al menos estar sentado (menos mal que me senté, porque eso iba para largo).
A las diez y diez me canso de darle todo el rato al F5 (recargar página) porque la aplicación no funciona así que me descargo una extensión para Chrome que te recarga automáticamente la página. Creo unas seis o siete pestañas con la página de la Registration, en cuanto funcionen yo ya veo en el título de la pestaña que el nombre cambia de "Service unavailable" a otra cosa más prometedora. Cuando ya va la página web, a las diez y media, lo que no va ni pa trás es la web interna de registro, a la que has de acceder con usuario y contraseña. A las once aún no ha ido nada y me pongo a jugar al Angry Birds para matar al rato. A estas alturas ya me daba igual si conseguía o no plaza en una asignatura, lo importante era simplemente registrarse en el sistema.

Cada asignatura tiene un tope de cuota. Si esta cuota se supera entonces tienes que enviar un mensaje personalizado rogando al profesor que la imparte que te añada. Aquí nos dijeron que no hacía falta ser honestos pero yo lo he sido: si no me dejan matricularme de estas asignaturas entonces me joden el final de la carrera, además de que varias asignaturas (entre ellas Philosophy of mathematics) me pueden ayudar para mi Trabajo de Fin de Grado.

A las doce puedo matricularme en una asignatura, ¡la única con cuota ilimitada! Al menos, pienso, tengo ese comodín. Lo malo es que es una asignatura que ya cursé en primero de carrera así que en cuanto pueda quitármela de encima lo haré.

Sigo probando en el resto de asignaturas a ver si hay suerte y no, el sistema no me deja matricularme en ellas, dice que se ha excedido la cuota. A esas alturas el grupo de Facebook de los Erasmus de este año prefiere reír en vez de llorar, así que yo también me lo tomo a broma: mal de muchos...
A las doce y media decido leer algunos blogs de ayuda. Hay uno con un post titulado "About panic on registration" y me lo leo de arriba abajo. El principal consejo es ese: no panic. Yo me lo tomo al pie de la letra y sigo otro consejo importante: avisa a tu advisor del problema y cuanto antes comienza a mandar peticiones de consentimiento a cada profesor. Así que me pongo a elaborar una petición para cada profesor (cinco asignaturas en total, incluidas algunas de sociología que pueden ser interesantes y que sé de hecho que me pueden convalidar). Me lleva como una hora hacer las peticiones y enviarlas. No contento el sistema con tener este modo tan chungo y odioso de apuntarse a unas asignaturas (es cosa de que aquí, al ser una universidad de elite, se compite, no se comparte), le sumamos una cosa más: las peticiones tienen un límite de 400 carácteres. Es decir, hay que condensar en lo que son unos 3-4 tweets todas tus principales razones para que el profesor te acepte en su asignatura. Así que no sólo había que escribirlo, sino ajustarse a sus parámetros (imagino que son 400 para no petar -aún más- el sistema). Lo termino de escribir a las dos y diez de la tarde.

Vamos a Bogazici porque un compañero de Zaragoza ha venido para quedarse también un año de Erasmus en Estambul. Intento conectarme al sistema desde el móvil en el autobús y la página me dice que no me puedo conectar: usuario y password incorrectos. Y así hasta ahora (seis horas después).

Confío en que dentro de un tiempo comience a funcionar. Por lo menos tengo suerte y he podido enviar a todos esos profesores mi petición de consentimiento para cursar sus asignaturas. Hay gente que ni siquiera ha tenido esa oportunidad.

En fin, esta es una experiencia desagradable. Lo mejor del día es el cucurucho de spaghetti a la boloñesa que me he metido y que ya estamos todos los de Zaragoza aquí.

Ahora me voy a cenar, espero tener mejores noticias mañana.

¡Un saludo!

Francisco Riveira

Estambul, Turquía.

14 de septiembre de 2014

La comida en Estambul




Estoy ya a punto de terminar mis vacaciones. Este año han durado tan solo tres semanas y a pesar de todo no me quejo. En cierto modo este año entero va a ser unas vacaciones al estar en un país diferente. En los 10 días que llevo en Estambul aún no me he metido en ningún museo ni he hecho largos viajes dentro de la ciudad. Los muchos viajes que he hecho han sido siempre por necesidad, para algún tipo de gestión, etc. No he disfrutado aún de la ciudad ni de lo que ofrece, siempre he tenido alguna preocupación.





Llevo 5 días con dolor de tripa. Es el común síndrome del viajero que llega a una nueva ciudad a cuya comida no está acostumbrado. Simplemente ocurre. Ahora estoy intentando cuidar más lo que como y llevo ya dos días sin comer fuera de casa. Me parece una mierda desaprovechar los buenos sitios que hay en esta ciudad para comer pero bueno... es lo que hay.

No he hablado mucho de lo que he comido estos días. Hasta hace bien poco siempre comíamos de restaurante o de bar. Estos últimos son los puestos humildes que los turcos ponen en cada esquina (dentro de locales). Aún no hemos comido de puesto callejero. Andando por Estambul esta es una de las cosas que más sorprenden: hay un puesto callejero a cada 10 metros si vas por el centro turístico. Suelen vender castañas, mazorcas a la plancha, fruta cortada, mucha agua, algunas veces te... También hay quien vende lotería y, cómo no, los puestos de panecillos estilo pretzel. Lo único que he comprado en estos puestos ha sido agua, te y los panecillos. La primera vez que compré un panecillo se notó que estaba recién hecho, la segunda vez me costó un poco más digerirlo.





La falta de control de lo que comía me ha dado dolor de tripa a la semana de estar viviendo aquí. Me recomendaron traerme a Turquía algún medicamento para evitar que la comida fuese demasiado agresiva para mi flora intestinal pero no me preocupé de ello. Suelo conocer bastante bien mi cuerpo y sus debilidades pero en este caso lo dejé pasar.

Hemos estado en restaurantes en el puente Gálata, también en otros en barrios menos turísticos. Hemos comido pizza, calzone y también platos combinados o típicos de aquí. 
Un buen día probé el yogurt para beber turco (Ayran) que es salado. Al principio me chocó pero luego me lo bebí bastante bien. Lo cierto es que no me encantó pero no le haré ascos en otra ocasión.



Hay que tener cuidado, por supuesto, con las condiciones higiénicas de lo que uno come. Hay que procurar consumir productos en buen estado (al menos visiblemente) y que se note que están bien hechos.
El agua en esta ciudad, como muchos saben, no es potable. Se puede usar, por ejemplo, para cocinar o para lavarse los dientes, pero no es recomendable beberla directamente. Así, cada supermercado tiene una sección entera tan solo para las botellas de agua mineral.



Por último quería hablar de la Universidad. En cuando nos den una tarjeta de estudiante (Akbil se llama) podremos desayunar por 1 lira (menos de 40 céntimos de euro) y comer por lira y media (no llega a un euro). Es tan barato que da hasta vergüenza. Además, son platos bastante consistentes.
Eso en la cafetería, con tarjeta, sólo para los estudiantes (está, cómo no, financiado por la propia Universidad). Hay otra cafetería más cerca del edificio de relaciones internacionales de la Universidad de Bogazici donde se come muy bien por unos 3 euros. Si hubiese sabido que hoy iba a escribir sobre comida (últimamente escribo sin guión) habría hecho una foto al plato. Es así lo último que pedí: un poco de judías blancas, arroz con queso, patatas, pan en abundancia (es gratis) o churruscos, y la carne que más rabia te dé (pollo a la turca, pollo con curri, etc). Como digo, unas 10 liras todo, o 3€ al cambio. Con esos precios dan ganas de comer siempre en la Universidad. Y de hecho es lo que probablemente hagamos.

El problema son los gatos. Al principio cedes terreno pero en cuanto te descuidas ya los tienes encima de tu bandeja, chupeteando el caldo del pollo. Es bastante insoportable. Hay gente que los mantiene lejos de sí pero realmente es bien difícil. Si les cierras la posibilidad de escalar a la mesa entonces quizá tengas algo ganado, pero así y todo consiguen abrirse hueco y llegar al plato. Lo recomendable, entonces, es marcharse de ahí y meterse dentro de la cafetería, o irse a un banco donde la cantidad de gatos no sea tan preocupante. Sí, hay demasiados gatos. Lo que para unos podría parecernos el paraíso felino (y canino, aunque los perros no dan tanto por el saco...) se convierte en un infierno a la hora de comer. Y oye, a mí me gusta comer tranquilo, así que los gatos, en ese momento, mejor lejos de mí.

Espero que os haya gustado el post. A mí me ha abierto el hambre y hoy que he comido sólo un plato de arroz al vapor y un poco de yogurt natural no es un buen día para hablar de comida bien preparada.

Os dejo con alguna foto del campus.

¡Un saludo!

Francisco Riveira

En Estambul, Turquía.

12 de septiembre de 2014

Orientation Day




Hace un año no me hubiese enterado ni de la mitad de lo que nos han dicho hoy. Hace 10 años ni te cuento. Los idiomas van hacia adelante y nunca al revés (a no ser que se los abandone definitivamente, como me ha pasado a mí con el alemán).

Han sido dos horas de presentación. Presentación de Erasmus, de Exchange Students y de estudiantes especiales (que vienen sin ningún tipo de convenio). De estos últimos dos tipos hay pocos en Zaragoza, no sé por qué será, quizá porque no es tan exótica.

Hemos conocido esta semana por primera vez a la persona que nos enviaba los correos y el resto de información relativa a la Universidad y a todas las gestiones. Las dos horas han sido interesantes. Lo que no me ha gustado es que la gente se pusiese a hablar mientras había otra haciendo preguntas o personas hablando en la tarima. Igual son cosas de educación, o de sentido común... si es así, no comparto su sentido común. En Alemania los raros serían ellos y no los que preferimos callar y escuchar.

Como digo, lo que más me ha gustado (porque muchas de las cosas que dijeron ya estaban dichas o ya estaban en la web) ha sido el haber podido comprender todo lo que decían las personas que informaban.

Entonces se me presentó una de cerca de Detroit. En su tercera frase ya hizo mención a lo jodida que está su ciudad pero, eso sí, nos informó de que muy pronto dejaría de estarlo. Yo le hice saber que era de dominio común que su ciudad estaba en horas bajas (por decirlo suavemente) y no quise hablar más para no pinchar en hueso. La chica era bastante simpática, es cosa de los estadounidenses en general. O se lo tienen muy creído o, aunque no se lo tengan creído, demuestran unas formas y un desparpajo que no veo en las europeas...
En poco más de cinco minutos nos compartimos los Facebooks y quedamos para la primera noche de fiesta Erasmus (esta misma noche).

No es que me muera por tener una fiesta Erasmus pero no voy a perder la oportunidad de probar a ver qué se hace en ellas (si tienen algo en especial). Sin embargo, no sólo la ESN de esta universidad organiza fiestas sino que también planifica viajes, etc.

También nos presentaron las asociaciones del campus (que se presentarán a sí mismas dentro de 10 días). Ya le he echado un vistazo a la asociación de aviación (parapente, no aviones, ¡ojalá!) y si todo va como tiene que ir creo que este año va a ser muy divertido y lleno de experiencias. Experiencias, cómo no, que reflejaré en este blog.

¡Un saludo!

Francisco Riveira

En Estambul, Turquía.