Robotín de Google

Mostrando entradas con la etiqueta ateísmo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta ateísmo. Mostrar todas las entradas

27 de diciembre de 2014

La ética del religioso



Toda generación actualiza a sus pelmazos. Hasta el papa cita a Nietzsche. Los curas hoy ya están subidos al carro de la tecnología. Van de parroquia en parroquia, de iglesia en iglesia, con sus Saab 93 (es un coche muy de cura), comen su jamón, beben su vino, y después de dar el peñazo se meten en el restaurante más típico y zampan hasta el final. Claro que hay otro tipo de curas, los que van en metro, en autobús, los que no tienen dinero como para estar de restaurantes, los que no dan misa sino que se ocupan de los más necesitados en los momentos oportunos. Me refiero a todos aquellos que están en otros países, ayudando, en nombre de dios, pero que al final, en algún momento de sus vidas, deben pensar: qué bien me siento ayudando, me daría ahora mismo igual que hubiese un dios porque mi vida tiene sentido sin él. Y es que el sentido, siendo cristiano, siendo creyente, siendo practicante, siendo alguien tan integrado en ese conjunto de doctrinas morales, tiene que ser algo bien difícil de escoger. Porque ellos no dejan de ser personas, por mucho que en determinado momento comiencen a hablar por boca de dios. No dejan de ser personas y saben que tienen algo especial que les hace diferentes. Muchos son humildes, pero falsamente. Y no hay cosa más exasperante que un falso humilde. Los peores son los que te piden que des gracias a su dios por ponerles ahí. Pero así como una religión está creada ex profeso para controlar, también tiene sus consecuencias positivas: y es que, al final, ayudan, y creyendo o no que ayudan bajo la mirada de su divinidad, hacen algo bueno por los demás.

Y entonces vienen los ogros que sólo critican, entre los que me incluyo (aunque pretendo, y más últimamente, desde que me rodeo de personas que creen en la mayoría de las religiones monoteístas, dejar de sólo hacer eso), para decir que esas personas no tienen sentido crítico alguno. Que si están ahí es por fuerza mayor, que ni ellos, a su edad adulta, han sido los que han decidido ser curas, todo ha sido una sucesión de casos fortuitos que les ha llevado a elegir ser religiosos. Pero lo mismo podría decir del que se considera como crítico-escéptico: tampoco, poniéndonos así, es su culpa o su mérito haber llegado a tales conclusiones (ateísmo, ciencia por encima de lo demás, etc), si un religioso no tiene la culpa de haber llegado a ser lo que es, tampoco los demás. 

No sé por qué aceptamos, sin pensarlo, que somos libres para elegir lo bueno y que, por el contrario, cuando elegimos mal (y, para muchos, entre los que me incluyo, moralmente elegir una religión como guía de vida no es lo correcto -por no usar la palabra "mal") es cuando funcionamos determinados por el ambiente, por nuestros genes, por una especie de olvido repentino de nuestra persona.

Dado que cada vez estamos más cerca de llegar a esa conclusión (que no tenemos nada que ver con nosotros mismos, que el libre albedrío es pura ilusión), estaría bien comenzar a vigilar los problemas derivados de esto mismo. No creo que un buen estudiante o teórico de la ética pueda serlo alejado de las teorías, por ejemplo, de la neurología... si es así, si va a hacer lo mismo que se ha hecho siempre (especular), mejor que se quede calladito y ahorre tinta y papel.

Cuando leemos los estudios que sacan conclusiones tautológicas, básicas y triviales del tipo: el que mata es un perturbado, el que viola tenía problemas de pequeño, la mujer maltratada tiene que ser considerada como víctima, etc, estamos asistiendo claramente a un estudio que parte valorándose a sí mismo y concluyendo lo que le interesa de manera anticipada. Estos son los estudios que se hacen hoy en día en antropología o en psicología. 

No queremos más imposturas intelectuales y menos cuando se trata de ética.

Un saludo.

En Estambul, Turquía.

24 de diciembre de 2014

Reflexión de un ateo en país musulmán


Bueno, no es para tanto, me digo, después de haber cenado bien, caliente y con buena compañía. No es para tanto porque al fin y al cabo los amigos son la familia que uno elige y amigos concebidos tras unos cuantos meses de coro (eso sí, en turco) suelen ser una buena elección.


Mañana tendré mi primer desayuno turco y sí, llevo en Turquía ya casi cuatro meses. Hay cosas que me faltan por probar y lugares a los que tengo que ir. Ayer, como visteis, subí un vídeo de Hagia Sophia, enseñando cómo es por dentro. Es una pena que esté en tal estado pero qué le vamos a hacer, es lo que ocurre con los edificios milenarios. 

Esta ciudad está llena de contrastes. Uno puede vivir ajeno a su magnificencia si se dedica a ir desde su barrio (en el Downtown) a la Universidad. El único momento (y no es poca cosa) en que se puede observar la belleza de la ciudad es al bajar al campus sur de la Universidad del Bósforo. Desde ahí se puede otear, en días soleados, la otra orilla. El puente brillante de noche es una maravilla para la vista, y los barcos últimamente sueltan muchos fuegos artificiales, hoy nos hemos quedado mirando dos de ellos cuando salíamos del club de música. Y con una rutina así, ¿qué sabrán los turcos de esta Universidad de lo que es la vida? Pues bien, yo creo que esto es por lo que hay que luchar en todos lados, tenemos que luchar para que todo el mundo pueda acceder a una buena educación, a varios idiomas y a gente de todo estilo que les aporte conocimiento y apoyo. Los turcos en esta universidad son una especie de élite y ellos mismos se reconocen como afortunados, de dos millones de peticiones de entrada tan solo han pasado por el aro 5000, anualmente. 

El ambiente es bucólico en verano, no me imagino cómo puede ser una noche de mayo en este campus, habiendo terminado los exámenes y disfrutando ya de los últimos coletazos de una beca Erasmus (que, por cierto, aún no ha llegado a ningún español que conozca). Los días aquí son muy cortos, pero bastante más tratables que en Zaragoza, donde el cierzo te arrastra a su voluntad como si fueses una marioneta.


Por supuesto que no se celebra la Navidad. Hoy ha sido un miércoles más y mañana será un jueves como cualquier otro. Las familias simplemente siguen sus vidas y, de hecho, hay gente con exámenes a lo largo de estas fechas (¡yo tengo uno el 3 de enero!). Es en estos pequeños detalles cuando te das cuenta de que estás en otro país, de que a pesar de que, si no quieres, no ves la diferencia (porque por poder puedes quedarte en tu cuarto todo el día y solo salir cuando las circunstancias te lo exijan), 

Turquía es musulmana y como tal funciona. Pero ni de lejos es un choque cultural tan grande como China u otros países un poco más hacia el este. ¿Quizá este país me sirva de preparación para otros? Mi relación con los "moros" ya está totalmente trastocada. Mientras que en mi instituto los raros y no integrados eran los musulmanes, ahora soy yo el ateo que intenta considerar una sociedad musulmana que, por otro lado, se comporta como la española en la mayoría de las ocasiones. Y esta relación se ve alimentada por toda la gente con religiones diferentes. Prácticamente sólo me queda conocer a budistas para asistir a un buen plantel general del estado de la cuestión. Como ateo, ya no juzgo. Suele decir la gente, cuando alguien sale del armario, que ellos le aceptan, que seguirán ahí, que por ellos está bien. Y no se dan cuenta de que a nadie le importa si ellos aceptan o no, si seguirán ahí apoyando o no, que ellos no tienen que aceptar nada y que mejor se callen la boca. Esos mismos comentarios surgen con los musulmanes: yo no acepto o dejo de aceptar nada, aunque tenga motivos para pensar que tu religión, como todas, está equivocada desde su principio en según qué planteamientos éticos, ya no te juzgo, porque ni quiero ni debo. A menudo los ateos pierden la perspectiva, se engolfan tanto en sus pensadores de mierda (tipo Dawkins) que piensan que la religión es un puro capricho, que no hay nada tras de ella. Pero no es así, los ateos (entre los que, por supuesto, me incluyo) solemos actuar de un modo muy caprichoso. Y si el ateísmo se pregunta por qué no es capaz de crear comunidad, quizá tendría que cambiar sus bases. Quizá el ateísmo no propone, sólo describe. Y una teoría que no propone nada es estéril, egoísta y, muchas veces, destructiva. Los humanistas tenían la intención de poner al ser humano (en el Renacimiento ante todo) en el centro de todas las cosas, ¡pero porque tenían motivos, ya había habido suficiente dios por aquel entonces! Los ateos de hoy en día, los grupos de escépticos... no tienen planes ulteriores, ni siquiera fingen tener buenas intenciones como la de querer educar a todos, querer hacerles partícipes de la razón humana. Es un pozo de basura requetemanida.

Aunque no tengo la más pálida idea de cómo va a terminar, esto está yendo por un camino indeseable. Lo cierto es que viajar y hablar con otra gente (porque NUNCA basta viajar, hay que mojarse) es el mejor antídoto anti-prejuicios. Y sí, los ateos también somos prejuiciosos. No creer en dios (quizá precisamente por eso), en alguno de esos dioses, muchas veces tiene consecuencias nefastas... y si el cristianismo, o el catolicismo con el papa al frente está volviendo a proponer (o proponiendo por primera vez) las economías colaborativas, las políticas para los pobres, y la concordia universal... es por algo, ¡porque su conjunto de creencias tiende hacia un mundo así! La Biblia son muchos libros, divididos en dos grandes bloques, y si leemos el primer gran bloque no entendemos nada de Jesucristo. Si leemos el segundo, entonces, encontramos una obra que se ha completado de forma casi milagrosa, dando sentido al argumento de manera magistral. Y así es como un ateo tiene que leer la Biblia, considerándola una obra valiosa para su tiempo y para los futuros, aunque critique denodadamente la idea de dios, uno no puede sencillamente obviar esa obra y su influencia, al igual que Quijote es reconocible y ha dado lugar a ríos de tinta.

Puede que haya quien muera por una idea, pero que esa idea haya sido inventada y no tenga un correlato en la vida real no implica que no tenga un significado... un sentido.

Un saludo.

Francisco Riveira

En Estambul, Turquía.

5 de diciembre de 2014

Cómo ha cambiado mi ateísmo



No estoy a la vuelta de todo. No. Normalmente quien dice tal cosa es porque en realidad nunca estuvo en ningún lado. Sigo aprendiendo, sigo construyendo y destruyendo ideas. Si llegan algunas más adecuadas, destrono a las antiguas. Si llegan con paja, me encargo de limpiarla. Si son basura sin remedio, ni siquiera me molesto en recibirlas salvo que quiera reírme un poco.

Con el tema del ateísmo sí que estoy un poco de vuelta. No es que vivir en Estambul haya cambiado mi idea sobre cómo la gente ve la religión. En este sentido, el lugar en el que vivo y la universidad donde estudio son sumamente laicos. Salvo las llamadas al rezo (que suceden varias veces al día y se pueden escuchar desde cualquier lado de la ciudad) no hay otro indicador sonoro o intrusivo de la religión. Es un poco más molesto que las campanas de la iglesia, pero al menos te encuentras algunas buenas voces de cabeza y falsetes entre los religiosos de las mezquitas. No hay mal que por bien no venga. ¡y a veces hay cada coro inesperado!


Lo que ocurre con mi ateísmo es lo siguiente: he leído y conozco lo suficiente la cultura en la que he nacido. Esta cultura tiene una característica fundamental: procede del cristianismo. España está repleta de tradiciones cristianas de las que sólo te enteras una vez sales y te pones a vivir en un país del Medio Oriente (o Asia en general), por ejemplo. Estas tradiciones pueden parecer fastidiosas, pueden esconder creencias en divinidades o en pseudodivinidades del tipo de la santísima trinidad. Eso es insoslayable. 

Lo que parece injusto, a estas alturas de la película, es seguir con una campaña de acoso y derribo, desde la filosofía o desde los nuevos discursos asociados a científicos con suficiente tiempo libre como para opinar en público, que consigue hacer ver a las religiones y a sus productos como fundamentalmente malos. Y si utilizamos distintas varas de medir para todo, entonces no vamos a ser nunca capaces de ver la realidad.


Ni la religión es de por sí mala ni la intención de los religiosos es violar a niños o inculcar ideas dañinas (a sabiendas) en las cabezas de los feligreses. No es así. Soy de los que creen que todo hecho cultural tiene algo de valioso y si considero cultura al toreo (al mismo tiempo que condeno su ejercicio), ¿qué menos podría decir de las religiones?

No es que sean hechos culturales importantes, ¡es que son las madres de muchas de nuestras ideologías -comunismo, anarquismo...- y formas de ver el mundo!


Lo que quiero apuntar con este pequeño post es que mi ateísmo se ha vuelto menos beligerante. Ya no veo necesaria esa actitud. Quizá porque estoy comenzando a introducirme en los problemas del mundo de una manera más intelectualista. Mi ateísmo es el ateísmo tranquilo: no encuentro la necesidad de preocuparme por dios, no es un concepto que importe lo más mínimo para mi día a día y mi forma de enfrentar éticamente el mundo. Asímismo, mi actitud ante los creyentes no es la del marisabidillo que, por haber leído alguna palabra de Nietzsche, considera que es mejor que nadie. En este sentido y sólo hasta cierto punto, suscribo la mayor parte de lo que dice el papa Francisco en discursos como el que dio en el Parlamento Europeo hace una semana. Si se analiza el discurso mínimamente y no se piensa en él como el jefe de una iglesia históricamente genocida, podremos extraer buenos principios de actuación. Ese mismo día escribí sobre lo necesaria que era una economía al servicio de las personas y el papa, a las pocas horas, casi habló de lo mismo de lo que yo traté en ese post. Estoy esperando la próxima Encíclica donde seguramente trate estos temas con mayor profundidad.


En fin, hay puntos en común y tendríamos que intentar, sin dejarnos llevar por una equidistancia estúpida y cobarde, hacer converger diversas escuelas de pensamiento o confesiones privadas. De lo que estoy seguro es de que el mundo no se cambia desde teorías parciales que marginan otras realidades.

Un saludo.


Francisco Riveira


En Estambul, Turquía