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3 de noviembre de 2014

El intelectual en el campo de concentración



Primo Levi comenta el ensayo de un filósofo llamado Jean Améry sobre la situación de los intelectuales (es decir, de sí mismo) en los campos de concentración. ¿Por qué de los intelectuales? ¿Acaso son una especie diferente del resto? Para ellos, sí. Y yo creo que también. No creo que tengan necesariamente que haber estudiado filosofía o alguna carrera de letras, tampoco que hayan publicado mucho o que tengan una relación estrecha con el mundo académico. El intelectual, para mí, es el que ve siempre por detrás de todo lo que se da como obvio. El intelectual gusta de descubrir lo abstracto tras los planteamientos más normales que surgen en el día a día. El intelectual ya no puede mostrar otra actitud ante la vida, salvo una actitud crítica, pero de un criticismo muy por encima del que esgrimen los denominados "escépticos". El intelectual no es sólo un escéptico, es también un creador, no le basta con criticar el mundo sino que también se compromete con él y su mejora. Él es el primero que busca dentro de sí mismo e intenta ser su mayor crítico. Creo que la mayor parte de las definiciones de intelectual van por esta línea. No me gusta poner ejemplos pero voy a utilizar varios. Intelectuales son, hoy en día, personas como Noam Chomsky o Umberto Eco. ¿Qué les diferencia del resto de pensadores? Que han logrado crear piezas fundamentales para entender el mundo presente. Y no sólo eso, son también personas interesantes en sí mismas. El intelectual no es nunca una persona fuera de la pólis, no hay intelectual del tipo lobo estepario. Hay personas que hablan de Kant como un lobo estepario que no salió de su pueblo en su vida. Y esto es en parte cierto. Lo que no es de dominio común es que se citaba con los primeros presidentes de los Estados Unidos y les ofrecía consejo. Tampoco se sabe que, antes de crear esa obra voluminosa sobre filosofía, fue un profesor de biología. 

El intelectual cae en un campo de concentración y entonces se enfrenta a lo que nunca ha probado: el trabajo físico. Hay varios tipos de personas en esos campos de concentración y las que más sencillo (aparentemente) lo tienen son aquellos que ya tienen una buena forma física, que ya han usado el pico y la pala previamente. Los intelectuales tienen que dejar sus facultades superiores a un lado y someterse a este trabajo. Arbeit macht frei, se lee en la entrada de Auschwitz. Pero ese no es el tipo de trabajo que le hace libre. El intelectual es necesario, siempre lo ha sido y creo que siempre lo será. Tiene que haber alguien que reflexione sobre lo que, a ojos de la mayoría, parece natural. Tiene que haber alguien que lo denuncie, pero no desde una posición política sino desde una filosófica, atendiendo al fondo de la cuestión, y sin importarle partidismos o qué es más adecuado decir en cada momento. Ahí tenéis a Hannah Arendt que, como judía, hizo un comentario hiriente sobre la relación del mal y aquellos que masacraron a millones de judíos, a saber, que ni eran tan malos ni era tanta su voluntad de hacer daño. ¿Era adecuado escribir ese tipo de ensayos en esa época? Para alguien que quisiese obtener votos, no. Para alguien que estuviese siempre, lloviese o hiciese calor, en busca de la verdad, definitivamente sí.


El trabajo no hace libre, al menos no el trabajo físico. El trabajo físico tiene una serie de cualidades que no voy a negar pero la pretensión de que el ser humano libre lo es a través del trabajo es más propia del protestantismo que de una reflexión profunda sobre la realidad. Marx, por ejemplo, teorizó en esa línea, pero no pudo advertir que en el futuro muchos de los trabajos no requerirían un esfuerzo físico por parte de los asalariados sino que este esfuerzo importante lo comenzarían a realizar las máquinas. 

No, el trabajo físico no dignifica, y menos a un intelectual. Más concretamente (e íntimamente), el intelectual se siente insultado cuando llega el momento de usar sus manos para algo que no sea escribir o abrir un libro (o dar una conferencia o clase). No ha hecho el esfuerzo mental durante tantos años para acabar de aquella manera.


Luego viene la explicación menos irritante: 

"En cuanto al trabajo, que era principalmente manual, el hombre culto estaba en el Lager mucho peor que el inculto. Le faltaba, además de la fuerza física, la familiaridad con las herramientas y el entrenamiento, que a menudo tenían sus colegas obreros y campesinos; por el contrario, se sentía atormentado por un agudo sentimiento de humillación y degradación. De Entwürdigung precisamente, de dignidad perdida.[...] Aparte del trabajo, la vida en el barracón también era más penosa para el hombre culto. Era una vida hobbesiana, una guerra ininterrumpida de todos contra todos. [...] Los puñetazos propinados por la autoridad podían ser aceptados, eran literalmente un caso de fuerza mayor; pero eran inaceptables, por inesperados y fuera de la norma, los golpes que se recibían de los compañeros, a los que pocas veces el hombre civilizado sabía responder. [...] Ha sufrido [Améry-Mayer] de una manera diferente a la nuestra de no políglotas reducidos a la condición de sordomudos: de manera, si puedo decirlo, más espiritual que material. Ha sufrido porque era de lengua alemana, porque era un filólogo que amaba su lengua: como sufriría un escultor que viese manchar o romper una escultura suya. El sufrimiento del intelectual era, por consiguiente, distinto, en este caso, del de un extranjero inculto: para éste, el alemán del Lager era un lenguaje que no entendía, con riesgo de su vida; para aquel era una jerga bárbara que entendía, pero que le desollaba los labios si intentaba hablarlo." 

Los hundidos y los salvados, Primo Levi (Capítulo VI).

Un saludo.

Francisco Riveira

En Estambul, Turquía.

23 de septiembre de 2014

Youtubers, Booktubers y lectores




Quise haber escrito sobre esto hace ya un tiempo pero entre una cosa y otra no lo hice. Desde hace unos días, sin embargo, vengo observando múltiples publicaciones en periódicos digitales sobre el tema de los Booktubers y quería aportar mi experiencia con ellos y compartir mi opinión con todos vosotros.

Llevo varios días pensando cómo enfocar este post y por eso temo que quede algo contradictorio. Para evitar eso, al menos os voy a hacer partícipes de mi contradicción.

Yo no veo la tele, veo YouTube. Me entretiene, no tiene anuncios porque tengo la extensión de AdBlock. Yo he ganado dinero con algunos vídeos en YouTube, tanto es así que me he podido comprar una PlayStation 3. Hace ya un año que dejé de ganar dinero por hache o por be. Lo que quiero decir es que sé la situación del YouTuber, tanto desde dentro como desde fuera. Veo, como decía, YouTube en vez de la televisión. Y no es sólo la ausencia de publicidad la ventaja mayor sino también, qué duda cabe, los numerosos contenidos interesantes. Sigo unos 100 canales y no hay ninguno que sobre. Unos me proporcionan mi dosis diaria de aviación, otros de velocidad, otros de filosofía, música clásica, literatura y también, por supuesto, un poco de distracción sin muchas más pretensiones.

Este último caso es el que ocupa JPelirrojo. No sé cómo llegué a él pero me imagino que aterricé en su canal principal. Me da hasta vergüenza admitir que le comencé a ver en sus vídeos porque de verdad que eran malos, sobreactuados y poco interesantes. El problema de los YouTubers es que sueltan sus opiniones poco maduradas sobre mogollón de temas a una audiencia cada vez más grande que no exige mucho más de lo que recibe, entonces lo que ocurre es lo que vemos: vídeos cada vez mejor editados, veloces y dinámicos, pero cuyo contenido deja mucho que desear para los que buscamos un poquito más en ellos.

Así, comencé a seguir su canal secundario "Voy a por ello", que hoy por hoy se ha convertido en su canal principal. Aquí narra su día a día y me enganché de tal manera que tuve que ver todos los vídeos desde el principio hasta el final. Y esto no sólo me ha pasado con ese canal sino también con series como Cuéntame, etc... siempre tengo que tener algo para ver (series o vídeos de otro tipo), para matar esos momentos en los que a uno no le apetece ni escribir, ni leer ni pensar demasiado. Me enganché, ya te digo, y así hasta hoy. En este canal se narra su día a día desde hace unos cuantos años y es verdaderamente interesante ver todo el proceso que ha ido detrás. Es una persona totalmente diferente a mí. Yo soy de esos que planifican, que tienen sus pasos bien claros y que procuran ser buenos en varios aspectos concretos de su vida. Por otro lado, JPelirrojo es un diletante que va de aquí para allá probándose a sí mismo en innumerables actividades: paracaidísmo, música, actuación, deportes, radio, etc. Estoy seguro de que nadie, ni aunque lo intente, puede ser bueno en tantísimas cosas. Tendrá uno una vida llena de pequeños intentos de ser el mejor, pero nunca lo conseguirá. A pesar de todo rompo una lanza a su favor y digo que me parece que su lugar está en la radio, tanto por su voz como por su desparpajo.

Tampoco quería hablar sólo de su caso sino tomarlo como ejemplo.

Los YouTubers me hartan. Ediciones insuperables y cada vez más medios (porque las marcas no son tontas y se acercan a ellos) pero contenido repetitivo -aunque todos piensen que son revolucionarios- y poco interesante. YouTube es un lugar muy grande, lo reconozco, y hay de todo. Yo me estoy refiriendo a esta oleada de jóvenes que cogen una cámara y se ponen a expresar sus opiniones. Lejos de querer dármelas de cultureta, pienso que un lugar sin restricciones de tiempo tendría que poder dar lugar a reflexiones más largas. ¿Qué ocurrió con programas como la Tuerka (carne de YouTube)? Poco a poco fueron añadiendo a individuos sin gracia (Facu Díaz, i.e.) y secciones que bien merecerían aparecer en programas de repaso semanal de la Sexta, y no secciones que mereciese la pena incluir en un programa de debate. En mi opinión, se cargaron el programa en cuanto metieron todo eso. Hacerlo diario lo volvió imposible de seguir (el que tenga una hora cada día para ver una tertulia, que me diga como lo hace). Creo que los contenidos diarios tienen que ser fácilmente consumibles en 10 o 15 minutos (como este mismo post) y no en una hora o dos. Si son semanales, que sean algo más largos está permitido, siempre y cuando sigan siendo semanales.

Es cuestión de jugar un poco con las necesidades de los oyentes o suscriptores y saber ajustarse.

Cuando conocí el fenómeno de los BookTubers (a través de Javier Ruescas, un escritor español de literatura para jóvenes) enseguida me suscribí al canal de Alberto Villareal. También me suscribí a Goodreads por recomendación suya y le comencé a seguir. Es verdad, no bullshit, ese tío lee. Eso sí, que no lea a Nietzsche o a Hegel no le convierte en peor lector, sino en otro tipo de lector. Y que no reflexione largamente durante 60 minutos semanales sobre sus lecturas no le convierte en un peor comentarista de libros, sino simplemente en un comentarista que decide ajustarse a los patrones ya preestablecidos en YouTube (vídeos de no más de 5 minutos que intentan comentar de manera más o menos feliz el argumento de un libro).





Así que no los juzgo moralmente. Quizá sí que pueda hacerlo intelectualmente pero tampoco es cuestión. ¿Qué ocurre? Que ellos mismos saben que su contenido no está hecho para producir largas reflexiones o discusiones de sobremesa. Ese contenido tiene que ser rápido, consumible tras dos clics y a otra cosa mariposa. En el improbable caso de recomendar un libro clásico, los comentarios disminuyen producto de una portada poco atractiva o un argumento costoso en el sentido de complicado (hay novelas clásicas complicadas por esto mismo). Sin embargo, abundan los libros con portadas divertidas y coloridas, con títulos que llaman la atención al lector y que nada tienen que ver con "Crimen y Castigo" sino más bien con "PLAY", o "Bajo la misma estrella".

Bueno, ¿y qué tengo que decir ante todo este escaparate?
Me entretiene, al igual que JPelirrojo. Si busco una reflexión más aguda y compleja sobre obras clásicas (o contemporáneas, pero no mainstream) entonces acudo a las fuentes correctas, o a mí mismo. Para esta segunda necesidad los podcasts son una salida excelente. Los podcasts se basan totalmente en el sonido y habitualmente los que escuchamos podcasts tenemos mayor tolerancia al tiempo de reflexión. Cuando se unen el hambre y las ganas de comer (las ganas de escuchar y gente hablando sobre ese tema con verdadera pasión) entonces el podcast es el lugar. El vídeo, sin embargo, requiere otro tipo de atención, requiere estar parado ante el aparato dedicándole ojos y oídos, además de un considerable ancho de banda.

Sólo sirven para entretener, y sirven también para animar a la lectura, qué duda cabe. Pero animar a la lectura no implica animar a la reflexión. No todo el que lee reflexiona. La lectura no implica que posteriormente se reflexione sobre lo leído.

No es verdad que los jóvenes de hoy en día no lean. Por el contrario, creo que leen más que nunca porque todas las nuevas tecnologías se basan en los textos. El problema es otro, es el contenido que leen. No confundamos lo que pedimos a los jóvenes (que lean) con lo que queremos por conocimiento propio que consuman (contenido de alta calidad). YouTube permite que el joven se asome al formato, a la lectura en libro o en ebook, y disfrute de ese libro porque se lo ha recomendado alguien guapo y con mucho carisma.

Menos da una piedra y, ¿quién no te dice que un día se aburra de esos libros que sólo hablan de romances felices y decida internarse en la literatura clásica?

Los que, desde luego, ni comen ni dejan comer, son esos críticos a los que les pica el culo porque ven que personas de menor edad que ellos, acostumbrados al uso de las nuevas tecnologías, son capaces de atraer a un público joven al que jamás hubiesen podido aspirar desde sus columnas dominicales.

Un saludo.

Francisco Riveira

En Estambul, Turquía.

21 de julio de 2014

Cinco pasos para llegar a ser culto


Hola a todos.
Antes de nada me gustaría apuntar que ni yo me considero culto ni creo, por desgracia, estar en el buen camino.
A los cultos de verdad les pasa lo mismo que a la mujer del César, que no sólo tienen que serlo sino también aparentarlo. Aquí voy a daros una serie de consejos que os ayudarán no sólo a intentar serlo sino, sobre todo, a parecerlo. Recordad, en un mundo de apariencias lo más importante de cara al exterior es la estética, y la estética del hombre o mujer cultos está bien definida por una serie de patrones básicos.

No quiero iniciar los pasos antes de indicar que hay varios tipos de inteligencias. Me voy a referir a todo tipo de inteligencias (matemática, histórica, emocional...) pues, sin ellas, es imposible ser algo parecido a lo que nos imaginamos -como ideal- que sería una persona culta.

También podemos afrontar el camino intentando parecernos a personas que son ya, de hecho, cultas. Esto es muy fácil porque nos basaríamos en un concepto con muchos siglos de antigüedad: la ejemplaridad. El filósofo Javier Gomá ha actualizado este término y, como pensador cristiano del presente siglo, ha intentado darle otra versión más acorde a nuestra sociedad actual. Dentro de mi humilde juicio considero que es bastante acertada y podemos decir que estos 5 pasos para llegar a ser una persona culta podrían ser complementados con una fuerte tendencia a seguir el ejemplo de los personajes ilustres de tiempo atrás. A hombros de gigantes nos encontramos y a esos hombros hemos de hacernos a nosotros mismos. Sin ellos es imposible adelantar nada, es imposible ser un producto original y fresco. Sin tener en cuenta a Homero, a Goethe, a Heine o a Thomas Mann... o a Maquiavelo, Diderot o Menéndez Pelayo... es imposible saber de qué estamos hablando cuando hablamos de buenos ejemplos. Claro que estos ejemplos son los míos, los que me han conducido a este camino. ¿Tú ya sabes cuáles son los tuyos? Antes de que lo pienses te recomiendo seguir estos cinco pasos atentamente para ver qué podrías mejorar. Después te he escrito unos consejos básicos que son los que yo sigo (¡o intento!) diariamente.

1- LEE MUCHO

Lee, pero no te conformes con leer una hora al día. El hombre culto no lee una hora al día, no es una actividad secundaria, ni mucho menos. Por suerte o por desgracia, los libros son el formato donde de una manera más específica se puede observar un discurso razonado y complejo. Cualquier otro medio, por mucho que nos pese (hablo de la radio, de las conversaciones...) es insuficiente de cara a pensar un tema con un mínimo de profundidad. No vale leer una hora, hay que encontrar tiempo para ello. Si no hay tiempo para leer tanto entonces hay que pensar si el resto de nuestras condiciones materiales de existencia son las propicias para llegar a ser cultos. No estoy diciendo que haya que ser rico y ocioso para ser culto, estoy diciendo que hay que reconsiderar las prioridades. Lo ideal son 4 horas de lectura. No conozco a ningún escritor culto que tenga un mínimo de éxito y que lea menos de esas 4 horas diarias. Ahora que te llevas las manos a la cabeza y dices que estos pasos para ser culto que te ofrezco son una mierda y que no sirven para tu caso personal vuélvelo a pensar: ¿cuántas horas pasas chateando o navegando al día? Toda esa información es caduca, todas las conversaciones refuerzan relaciones, por supuesto, pero no son el tipo de conversaciones que la gente culta busca. No estoy diciendo que para ser culto haya que dejar de hablar o de usar Internet o el WhatsApp, no. Estoy diciendo que hay que cambiar de paradigma: es algo muy cómodo para nosotros ponernos en el ordenador al final de cada día y dejar de pensar. El hombre culto no se conforma con eso y son los momentos ociosos los menos, y son sus chats los menos, y son sus horas perdidas en YouTube las menos. Todos esos contenidos son entretenidos, claro que sí, pero no tienen una meta hacia el cultivo intelectual. Así que os propongo dedicar el grueso de ese tiempo en Internet o en la televisión (ah, ¿pero alguien sigue viendo la televisión?) leyendo libros. Digo libros y no digo periódicos por una razón fundamental: los periódicos son un formato propicio para el pensamiento complejo pero la mayoría de los periodistas están engolfados en la misma mierda que todo hombre culto trata de evitar en su proyecto personal de mejora intelectual y, por tanto, todo lo que escriban va a ser fruto de esa indigencia intelectual. Habrá quien se salve, por supuesto. Por ello, todo hombre o mujer cultos buscan el conocimiento más perenne de todos y este se encuentra en los libros. Os recomiendo los libros clásicos puesto que de ellos brota toda nuestra cultura, ideologemas y modos de vida. Si no tragáis a algún clásico no os preocupéis por pasar de él y comenzar otro libro. Se trata, también, de encontrar lo que a uno le apasiona.

2- HABLA DE VERDAD

 La gente no habla de verdad. Tampoco es su problema. Hay poco tiempo. Nadie tiene tanto tiempo para perder como para mantener una conversación de una hora (o más) sobre un tema complejo. Normalmente estas conversaciones adolecen de un defecto peculiar: uno de los conversadores está mejor versado en el asunto que el otro, convirtiéndose dicha conversación en una clase magistral. Hablar de verdad no es asistir a un monólogo, hablar de verdad es partir de un nudo básico de entendimiento para comenzar a revolver las cosas y sugerir nuevas ideas en común. Esto es hablar de verdad. La conversación de verdad es aquella en la que fructifican nuevas ideas y las personas que han participado en ella son más felices y están mejor informadas que antes. Esto requiere tiempo y requiere a una persona que, consciente o inconscientemente, esté siguiendo el mismo camino que nosotros para llegar a ser culto. Estas conversaciones crean alrededor un halo mágico que raramente se ve difuminado por las necesidades básicas (comer o dormir), las conversaciones de verdad, esas que tanto gustaba Platón de inmortalizar en sus diálogos, no entendían de horarios ni de ocupaciones externas. La época estival es la más propicia para este tipo de conversaciones. Un buen vino blanco, una ventana abierta, un tema abierto sobre el que discutir en alegre camaradería... son algunos de mis factores favoritos para acompañar una conversación interesante.

3- VIAJA

Ya sé que no todo el mundo puede, también se puede viajar a través de libros, cine e incluso videojuegos. Pero, por si acaso, intenta viajar. Ahí vas a aprender idiomas, vas a insertarte en culturas diferentes. Vas a aprender verdaderamente a tolerar al otro. Hay una diferencia muy grande entre aquellos que viajan y los que disfrutan más de su pequeño pueblo con sus estrecheces consuetudinarias y rutinas consoladoras. Viajar es sinónimo de muchas cosas aunque más que el hecho es la actitud a sostener durante el viaje. 
Habrás sido espectador de cómo viajan los asiáticos. Se echan su cámara réflex al cuello, van en grupo, van a restaurantes ya preparados ex profeso para ellos e, incluso, acuden a ciudades con circuitos específicos donde hay guías que hablan chino o japonés y donde son incapaces de escaparse. Es como una excursión guiada para niños, es como un parque temático seguro, predecible y, sobre todo, tranquilizador. Ven el país, viajan, qué duda cabe... pero su actitud ante nosotros, ante lo que ven, ante el viaje, es una actitud que busca la mera acumulación. Ciertamente, cuanto más llena esté la microSD de la cámara más provechoso habrá sido el viaje. Hoy se venden no regalos sino experiencias. Viaja en globo, pilota un Ferrari... pero detrás de esas experiencias hay algo inenarrable que asumimos como especial. Es su cualidad, es el amor por el cavallino rampante, es la pasión por la aviación... eso es impagable y es un tipo de experiencias que se disfrutan más cuanto más se sabe sobre ellas. Claro que un japonés puede disfrutar de Sevilla pero... ¿cuánto más disfrutará un catedrático especializado en la historia de España del siglo XVI que viene de Illinois?
Hay que viajar, pero con un fondo sobre el que sostener el viaje y, así, hacerlo más auténtico.

Deleuze, un filósofo francés del siglo XX, hablaba en otros términos de los viajes de los intelectuales. Estos intelectuales, para él, no viajaban, solo iban a otros lugares para confrontar sus ideas preconcebidas sobre los mismos creadas tras años de lectura. Por supuesto, no me refiero ni a este extremo ni al del japonés guiado, me refiero a un punto intermedio.

4- ABRE TUS HORIZONTES MENTALES

Uso el término mente a sabiendas de su irrealidad y su acientificidad, pero se me entiende. Abrirse a nuevas experiencias, no solo culturales sino gastronómicas o, incluso, sexuales, es el inicio de una vida tendente al cultivo intelectual. Si uno no está abierto a nuevas experiencias entonces está evitando que, por su vida, por su cerebro, pasen ideas que puedan trastocar otras anteriores. Lo jodido de querer, por ejemplo, ser culto dentro de una religión minoritaria es lo difícil que es para uno convivir con varias ideas sobre la misma cuestión. Los cristianos hasta hoy lo tuvieron muy fácil para cultivarse ya que ellos eran, sin lugar a dudas, los propietarios de la cultura de su época. No nos entendemos a nosotros mismos, los nacidos en España, sin el catolicismo. Por eso hay pensadores como Gustavo Bueno que, antes de definirse como ateos, se entienden a sí mismos fundamentalmente católicos ya que esa es la cultura de la que, sin quererlo, han mamado, y ya se sabe que lo que uno mama no es lo que uno elige. Lejos de ese problema que, por suerte, cada día es menor, no tenemos otra cosa que decir. Es bien sencillo, hoy en día, abrirse a nuevos horizontes en los que poder aprender y cultivarnos de maneras diferentes a lo que es común.

5 - ESCUCHA Y OBSERVA

Sí, parece que ya hemos dado un repaso a todos los sentidos. Ser culto es una tarea sensorial, que no os metan otra cosa en la cabeza . Ser culto no depende de encerrarse en un cuarto hasta morir aburrido y extenuado, no. Ser culto requiere salir al ágora, requiere escuchar y ver qué ocurre en el mundo. No hay nada más aburrido, pedante y poco sincero que una persona culta que odia su presente. Se puede tener, a modo de deseo insatisfecho, predilección por pasados remotos o por otros países donde uno se puede realizar mejor, pero es insano y egoísta pensar en ellos y dejar el presente para que se manchen con él los demás. El culto tiene que escuchar y ver su presente y, aunque para ello sea necesario bajar al fango de la novedad, es lo que hay que hacer. El pasado, lo que hemos visto en el primer punto, es algo necesario puesto que nuestro pasado nos ayuda a comprender el presente en que vivimos, pero no es bueno vivir de ese pasado.

...

Consejos más prácticos aún:

-Lee un libro por semana.
-Escucha un ciclo de conferencias de la Fundación Juan March pues las hay desde el año 1975 y hablan de cualquier asunto. Hablan de todos los temas habidos y por haber, no los elijas, simplemente escúchalos todos, siempre sacarás algo de ellos.
-Ve varias películas clásicas (o no) semanalmente.
-Procura viajar una vez cada dos meses.
-Asiste a charlas y conferencias en tu ciudad. Si no las hay, dalas tú.
-Busca un momento para conversar largamente sobre un tema complejo.
-Escribe tus pensamientos diariamente y, si no es posible, varias veces a la semana.
-Convierte todo esto en una rutina y haz de tu vida un círculo virtuoso con tendencia al cultivo intelectual.
-Evita todo aquello que te aleje de este modo de vida. Recuerda, ser culto no es un estado, es un modo de vida. Uno no termina de cultivarse sino que, en el proceso, encuentra los resultados.
-Y preocúpate por la sociedad en la que vives. Los lobos esteparios pasaron de moda en el siglo XIX.

Un saludo,

Fran Riveira.

En Logroño, 20 de julio de 2014.