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1 de diciembre de 2014

Mi experiencia con Kindle Paperwhite



El 20 de abril del 2013 (hace ya año y medio) hice la que puede ser una de las mejores compras tecnológicas de toda mi vida (quizá al nivel del iPod Classic o del Samsung Galaxy Note 2): el Kindle Paperwhite (Primera generación).

Hoy me gustaría hablaros un poco de mi experiencia con este lector de libros electrónicos y por qué ahora no concibo una lectura (cómoda) si no es a través de este aparato.

Sin embargo, voy a comenzar con una de las mayores pegas que he visto: el catálogo no es el apropiado para alguien que tiene que leer mucho para su desarrollo académico. Si buscas leer tus libros favoritos de Bergson, de 60€ el tomo, en el Kindle, olvídate. No es un buen aparato para eso, por el momento. Y aquí no sé si la culpa es de Amazon o de quién porque no he visto a editoriales como Gredos o Taurus muy interesadas en hacer buenas versiones de sus libros para Kindle. Sinceramente, si hoy cada vez más la gente viaja y quiere tener todo en digital (la tendencia va hacia allí y nunca volverá atrás, por mucho que la gente lo piense así, por mucho "boom" de vinilos que haya ahora) entonces no sé qué sentido tiene no facilitar esa biblioteca en digital. Ahora mismo es inconcebible tener una biblioteca al estilo de la que poseían los grandes escritores de la historia. Y no sólo es inconcebible por espacio y por dinero sino que es inútil. Todo el conocimiento que cabe en una biblioteca de 200 metros cuadrados lo puedo tener guardado en un aparatito que no pesa más de 220 gramos. Sólo es eso lo que echo en falta... ¡libros académicos! A veces uso Scribd para descargarme libros académicos que están ya escaneados. Y que nadie se asuste: los buenos profesores (o al menos los preocupados por nuestra economía) son los primeros en facilitarnos estos libros en PDF. En fin, es cuestión de comodidad. 

Llevo metiendo todo en la nube desde mi primer curso de bachillerato y esto me permite tener acceso a cualquier tema, conferencia o libro leído hasta entonces que haya pasado por lo digital. Hubo una época en que escaneaba cualquier cosa que nos diesen los profesores, luego tiraba el papel o lo reciclaba y me quedaba con la copia en digital. En no pocas ocasiones he rechazado montones de papeles que los profesores habían fotocopiado porque luego yo pedía sus fotocopias a los compañeros, las escaneaba en una noche y al día siguiente se las devolvía. Después ya dejé de escanear e hice fotos con el móvil. Al final ni fotos ni escaneo, los profesores se sumaron al carro de no imprimir nada y yo tan contento.

Para leer PDFs el Kindle no sirve ya que la pantalla es pequeña y los PDFs no se redimensionan tan fácilmente como los ePUBs u otro tipo de formatos para lectura electrónica. Hoy en día no concibo estudiar un texto si no es a través del subrayado del PDF. Aquí en Estambul he tenido que comprar algunos "Paquetes de textos" pero porque de otra manera poder acceder a todos los textos a la vez era engorroso. Y ahora me pregunto cómo voy a meter ese peso inútil en la maleta de vuelta a España. Tampoco he comprado libros físicos en Estambul, faltaría más... es ya algo que ha quedado atrás en la historia y el único valor que tiene es poder ser firmados por el autor: en tal caso ya me encargaré yo de que su firma quede en un lugar bonito.

Pero, por lo demás, es el aparato perfecto.
Si lees cualquier tipo de literatura, si lees más de 3 o 4 libros al mes, este es tu aparato. No sólo es sencillísimo leer (abrir la funda, o encenderlo, y ya está) sino que la batería dura un montón. En el modelo que yo tengo, el Kindle Paperwhite, hay una luz integrada que te permite leer bajo cualquier condición. Pero no significa que la pantalla sea de cristal, no, la pantalla es de tinta electrónica, estas lucecillas LED están bajo ella y te permiten observar lo que estás leyendo sin que tu vista se canse en ningún momento. En fin, es como leer sobre papel pero con luz integrada.

El catálogo de Kindle es amplísimo y hace unas semanas estrenaron Kindle Unlimited. Lo he probado y ya he leído tres o cuatro libros gracias a esto. El catálogo aún es pequeño en español pero en inglés es bestial: hay casi un millón de libros. Pagar 10€ al mes por esto es casi regalado, al igual que pagar por música ilimitada en Google Music.

La facilidad de descarga de libros se hace patente desde el primer volumen que compras. Sólo necesitas Wi-fi y, una vez está en tu Kindle, ya puedes leerlo sin preocuparte por las conexiones.

Hay otras herramientas que son utilísimas, voy a describirlas brevemente:

-Subrayado: Es como un subrayador normal, pero virtual. Es sencillísimo, simplemente tocas las frases o párrafos que te interesan y luego guardas el subrayado. Más adelante puedes consultar todos tus subrayados porque se crea un documento a parte con todos ellos. Esto es genial en caso de querer estudiar un documento. Una pena, repito, que no haya más catálogo de libros académicos.

-Diccionario: El diccionario de la RAE está integrado en el Kindle y basta con pulsar con el dedo sobre una palabra cualquiera para conocer su significado. Es más rápido aún que buscar en la rae.es. Cuando leo sobre cualquier otro aparato y no conozco el significado de las palabras me pregunto qué les costaría insertar un diccionario. Y, lo mejor de esto, es que la ventana que se abre es flotante y no tira de Internet, el diccionario está descargado previamente en tu aparato. Una vez conoces el significado, simplemente cierras la ventana flotante y al instante estás continuando con la lectura.

-Traductor: Esto lo descubrí el otro día y, en fin, ¡qué decir! Estaba leyendo a Russell en inglés y echaba de menos esta opción de vez en cuando. También hay diccionario en inglés pero es un diccionario que explica el significado, no que traduce (como es obvio). El caso es que al pinchar en una palabra aparece el botón de "Más" y es ahí donde puedes pulsar en traducción. La traducción es bastante correcta, la hace Bing y me parece que requiere conexión a Internet.

-Documento "Repasar vocabulario": Esto es de lo mejor. Imagínate que llevas un buen tiempo leyendo. Has hecho subrayados, has buscado el significado de diversas palabras y oraciones. Sabes que todos esos subrayados están guardados a buen recaudo en la nube de Amazon pero... ¿qué ocurre con las palabras? Pues bien, en una de las últimas actualizaciones integraron esta maravilla, que es el documento "Repasar vocabulario", consiste en lo siguiente: cada vez que pulsas sobre una palabra, esta se guarda en un documento a parte permitiéndote ver, de un solo vistazo, todas las palabras que en algún momento has leído y cuyo significado desconocías.

En fin, ¡después de este post siento que me tendrían que, como mínimo, hacer una oferta en el próximo Kindle que me compre, o regalarme otro! Pero es así como lo siento: es un aparato excelente para los lectores: cómodo, útil, elegante... Y lo mejor de todo, si solo quieres leer y no preocuparte de otra cosa, no te va a defraudar. Gracias al Kindle volví a retomar con fuerza el hábito de la lectura y, como he dicho antes, me cuesta mucho más -desde entonces- leer en cualquier otro formato.

Un saludo.

Francisco Riveira

En Estambul, Turquía.

23 de septiembre de 2014

Youtubers, Booktubers y lectores




Quise haber escrito sobre esto hace ya un tiempo pero entre una cosa y otra no lo hice. Desde hace unos días, sin embargo, vengo observando múltiples publicaciones en periódicos digitales sobre el tema de los Booktubers y quería aportar mi experiencia con ellos y compartir mi opinión con todos vosotros.

Llevo varios días pensando cómo enfocar este post y por eso temo que quede algo contradictorio. Para evitar eso, al menos os voy a hacer partícipes de mi contradicción.

Yo no veo la tele, veo YouTube. Me entretiene, no tiene anuncios porque tengo la extensión de AdBlock. Yo he ganado dinero con algunos vídeos en YouTube, tanto es así que me he podido comprar una PlayStation 3. Hace ya un año que dejé de ganar dinero por hache o por be. Lo que quiero decir es que sé la situación del YouTuber, tanto desde dentro como desde fuera. Veo, como decía, YouTube en vez de la televisión. Y no es sólo la ausencia de publicidad la ventaja mayor sino también, qué duda cabe, los numerosos contenidos interesantes. Sigo unos 100 canales y no hay ninguno que sobre. Unos me proporcionan mi dosis diaria de aviación, otros de velocidad, otros de filosofía, música clásica, literatura y también, por supuesto, un poco de distracción sin muchas más pretensiones.

Este último caso es el que ocupa JPelirrojo. No sé cómo llegué a él pero me imagino que aterricé en su canal principal. Me da hasta vergüenza admitir que le comencé a ver en sus vídeos porque de verdad que eran malos, sobreactuados y poco interesantes. El problema de los YouTubers es que sueltan sus opiniones poco maduradas sobre mogollón de temas a una audiencia cada vez más grande que no exige mucho más de lo que recibe, entonces lo que ocurre es lo que vemos: vídeos cada vez mejor editados, veloces y dinámicos, pero cuyo contenido deja mucho que desear para los que buscamos un poquito más en ellos.

Así, comencé a seguir su canal secundario "Voy a por ello", que hoy por hoy se ha convertido en su canal principal. Aquí narra su día a día y me enganché de tal manera que tuve que ver todos los vídeos desde el principio hasta el final. Y esto no sólo me ha pasado con ese canal sino también con series como Cuéntame, etc... siempre tengo que tener algo para ver (series o vídeos de otro tipo), para matar esos momentos en los que a uno no le apetece ni escribir, ni leer ni pensar demasiado. Me enganché, ya te digo, y así hasta hoy. En este canal se narra su día a día desde hace unos cuantos años y es verdaderamente interesante ver todo el proceso que ha ido detrás. Es una persona totalmente diferente a mí. Yo soy de esos que planifican, que tienen sus pasos bien claros y que procuran ser buenos en varios aspectos concretos de su vida. Por otro lado, JPelirrojo es un diletante que va de aquí para allá probándose a sí mismo en innumerables actividades: paracaidísmo, música, actuación, deportes, radio, etc. Estoy seguro de que nadie, ni aunque lo intente, puede ser bueno en tantísimas cosas. Tendrá uno una vida llena de pequeños intentos de ser el mejor, pero nunca lo conseguirá. A pesar de todo rompo una lanza a su favor y digo que me parece que su lugar está en la radio, tanto por su voz como por su desparpajo.

Tampoco quería hablar sólo de su caso sino tomarlo como ejemplo.

Los YouTubers me hartan. Ediciones insuperables y cada vez más medios (porque las marcas no son tontas y se acercan a ellos) pero contenido repetitivo -aunque todos piensen que son revolucionarios- y poco interesante. YouTube es un lugar muy grande, lo reconozco, y hay de todo. Yo me estoy refiriendo a esta oleada de jóvenes que cogen una cámara y se ponen a expresar sus opiniones. Lejos de querer dármelas de cultureta, pienso que un lugar sin restricciones de tiempo tendría que poder dar lugar a reflexiones más largas. ¿Qué ocurrió con programas como la Tuerka (carne de YouTube)? Poco a poco fueron añadiendo a individuos sin gracia (Facu Díaz, i.e.) y secciones que bien merecerían aparecer en programas de repaso semanal de la Sexta, y no secciones que mereciese la pena incluir en un programa de debate. En mi opinión, se cargaron el programa en cuanto metieron todo eso. Hacerlo diario lo volvió imposible de seguir (el que tenga una hora cada día para ver una tertulia, que me diga como lo hace). Creo que los contenidos diarios tienen que ser fácilmente consumibles en 10 o 15 minutos (como este mismo post) y no en una hora o dos. Si son semanales, que sean algo más largos está permitido, siempre y cuando sigan siendo semanales.

Es cuestión de jugar un poco con las necesidades de los oyentes o suscriptores y saber ajustarse.

Cuando conocí el fenómeno de los BookTubers (a través de Javier Ruescas, un escritor español de literatura para jóvenes) enseguida me suscribí al canal de Alberto Villareal. También me suscribí a Goodreads por recomendación suya y le comencé a seguir. Es verdad, no bullshit, ese tío lee. Eso sí, que no lea a Nietzsche o a Hegel no le convierte en peor lector, sino en otro tipo de lector. Y que no reflexione largamente durante 60 minutos semanales sobre sus lecturas no le convierte en un peor comentarista de libros, sino simplemente en un comentarista que decide ajustarse a los patrones ya preestablecidos en YouTube (vídeos de no más de 5 minutos que intentan comentar de manera más o menos feliz el argumento de un libro).





Así que no los juzgo moralmente. Quizá sí que pueda hacerlo intelectualmente pero tampoco es cuestión. ¿Qué ocurre? Que ellos mismos saben que su contenido no está hecho para producir largas reflexiones o discusiones de sobremesa. Ese contenido tiene que ser rápido, consumible tras dos clics y a otra cosa mariposa. En el improbable caso de recomendar un libro clásico, los comentarios disminuyen producto de una portada poco atractiva o un argumento costoso en el sentido de complicado (hay novelas clásicas complicadas por esto mismo). Sin embargo, abundan los libros con portadas divertidas y coloridas, con títulos que llaman la atención al lector y que nada tienen que ver con "Crimen y Castigo" sino más bien con "PLAY", o "Bajo la misma estrella".

Bueno, ¿y qué tengo que decir ante todo este escaparate?
Me entretiene, al igual que JPelirrojo. Si busco una reflexión más aguda y compleja sobre obras clásicas (o contemporáneas, pero no mainstream) entonces acudo a las fuentes correctas, o a mí mismo. Para esta segunda necesidad los podcasts son una salida excelente. Los podcasts se basan totalmente en el sonido y habitualmente los que escuchamos podcasts tenemos mayor tolerancia al tiempo de reflexión. Cuando se unen el hambre y las ganas de comer (las ganas de escuchar y gente hablando sobre ese tema con verdadera pasión) entonces el podcast es el lugar. El vídeo, sin embargo, requiere otro tipo de atención, requiere estar parado ante el aparato dedicándole ojos y oídos, además de un considerable ancho de banda.

Sólo sirven para entretener, y sirven también para animar a la lectura, qué duda cabe. Pero animar a la lectura no implica animar a la reflexión. No todo el que lee reflexiona. La lectura no implica que posteriormente se reflexione sobre lo leído.

No es verdad que los jóvenes de hoy en día no lean. Por el contrario, creo que leen más que nunca porque todas las nuevas tecnologías se basan en los textos. El problema es otro, es el contenido que leen. No confundamos lo que pedimos a los jóvenes (que lean) con lo que queremos por conocimiento propio que consuman (contenido de alta calidad). YouTube permite que el joven se asome al formato, a la lectura en libro o en ebook, y disfrute de ese libro porque se lo ha recomendado alguien guapo y con mucho carisma.

Menos da una piedra y, ¿quién no te dice que un día se aburra de esos libros que sólo hablan de romances felices y decida internarse en la literatura clásica?

Los que, desde luego, ni comen ni dejan comer, son esos críticos a los que les pica el culo porque ven que personas de menor edad que ellos, acostumbrados al uso de las nuevas tecnologías, son capaces de atraer a un público joven al que jamás hubiesen podido aspirar desde sus columnas dominicales.

Un saludo.

Francisco Riveira

En Estambul, Turquía.

31 de diciembre de 2013

No publiques, por favor.




Pospón la publicación.
Haz un bien a la humanidad y no llenes Internet o las librerías de más mierda poco trabajada. Ya hay suficiente.
Que no te pueda el ansia de la fama, o de ganar dinero temprano, pues aunque consigas una de ambas con suerte no te caerá una etiqueta de por vida (y de por "eternidad"), a saber, la de inepto impulsivo.
No publiques, aunque Amazon te lo ponga tan fácil.
Imagino la autoedición y la publicación como si, de repente, las fábricas se abriesen a nosotros, aun no siendo ingenieros de producto ni mecánicos: ¡producid lo que queráis, yo os doy las herramientas y la infraestructura, que me salen gratis!
Saldrá basura, productos que durarán cinco días, que no atenderán más demanda que la demanda del egocentrismo creador. Hay basura publicada que sólo alimenta a familiares y amigos, que no tiene interés público, que es una mero vómito de fórmulas mil veces repetidas y, además, reescritas al estilo microondas: recalentadas.

Ya hubiese publicado varios libros. Esto más que presunción es una llamada de atención a todo el que lea esto, una intuición vital. He tenido la posibilidad de publicar varias veces. Desde que inició el mundo de los e-books e incluso antes, en algunas ocasiones que se me presentaron. Pero cuando uno da su nombre, cuando en Internet no hay derecho al olvido, cuando cualquier documento llamará a la puerta tarde o temprano, en la indigencia o en el éxito de la crítica y de la aceptación del público (o de las masas)... entonces uno se vuelve más precavido y decide guardarse sus cartas para ver si puede surgir, con el tiempo y la espera voluntaria, una combinación mejor.

¡Escalera de color!

Os dejo con Diderot, una buena medicina para curarnos de gurús, blogeros y creadores de opinión que no se paran a pensar que la exaltación de las posibilidades de la tecnología lleva consigo el empobrecimiento del producto cultural, su banalización y su posterior tratamiento industrial: recicle después de usar.

"La crítica trata de distinto modo a los vivos y a los muertos. ¿Ha muerto un autor? Se ocupa de realzar sus cualidades y paliar sus defectos. ¿Está vivo? Es lo contrario. Son los defectos los que señala y las cualidades las que olvida [el crítico], y en eso lleva razón: se puede corregir a los vivos mientras que los muertos no tienen remedio.
Sin embargo, el censor más severo de una obra es el propio autor. ¡Cuántas fatigas se da a sí mismo! Él conoce el vicio oculto y el crítico casi nunca pone ahí el dedo. Esto me recuerda a menudo el dicho de un filósofo [Epícteto]: «¿Hablan mal de mí? ¡Ah, si me conocieran como me conozco yo!» . 
Los autores y críticos antiguos empezaban instruyéndose, y no entraban en la carrera literaria hasta salir de las escuelas de filosofía. ¡Cuánto tiempo había guardado el autor su obra antes de exponerla al público! De ahí esa corrección que sólo puede ser hija de los consejos, la lima y el tiempo.
Nos apresuramos en presentarnos al público y tal vez no éramos ni lo bastante ilustrados ni lo bastante hombres de bien cuando tomamos la pluma".
Denis Diderot, en "De la poesía dramática".

Un saludo.

En Logroño, 31 de diciembre de 2013.