Robotín de Google

Mostrando entradas con la etiqueta economía. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta economía. Mostrar todas las entradas

22 de diciembre de 2014

Una lotería irracional e inmoral



En cualquier país que ha hecho el bachillerato tendría que prohibirse o, al menos, regularse de alguna manera (críticamente) este tipo de fenómenos.
Para estos pequeños comentarios de hoy he seguido un vídeo de Gustavo Bueno tratando este mismo asunto, es muy esclarecedor y me gustaría que le echaseis un vistazo, todo lo que diga yo aquí es comentario a pie de página de él.

Pero España es diferente, en todo y en esto también. Y estaría bien tener costumbres que nos diferenciaran como pueblo si tuviesen algún sentido, si tuviesen algún valor a pesar de ser profundamente irracionales... sin embargo la lotería es profundamente estúpida e inmoral. Inmoral porque acostumbra a ilusionar sin basarse en ninguna actividad provechosa, ni siquiera es hospitalaria con las teorías del elogio de la pereza: ¿cómo se puede conquistar la pereza participando en un concurso improbable de ganar? No es un buen proyecto de vida. Nadie serio juega a la lotería todos los años y luego le queda la poca cara de dar lecciones a los demás sobre cómo manejar su dinero... nadie salvo los españoles. Los españoles ya han hecho de este juego el opio del pueblo, como dice Gustavo, es el opio que alimenta una esperanza vana, vana por no estar sujeta a ninguna teoría ni práctica posibles (racionales). No tendría tampoco que ser aceptada por los liberales, simplemente es un juego que se legitima socialmente por la costumbre que en este país se ha creado. Ha pasado a conformarse toda una estructura cultural alrededor de ella. Y no sólo hablo de la cancioncita o el vídeo lacrimóngeno sino de esas apuestas por internet, esos comentarios rallanos en lo pseudomágico que asocian a los números una belleza que no tienen (al menos no esa belleza que veían los pitagóricos...),etc. La numerología vuelve a hacer presencia y todos aquellos que se quejan de que no haya habitaciones en el piso trece de los hospitales u hoteles, o de que la plaza decimotercera del avión esté suprimida, todo por que la creencia irracional de la mayoría de los pasajeros es capaz de modificar actitudes, leyes y normas que nada tienen que ver con ella. Y yo me pregunto: ¿qué clase de legitimidad tiene un país que modifica, por una vez al año -sin contar las otras cientas en que lo hace con otro tipo de cosas- su discurso del emprendimiento, de la jodienda de la excelencia y del trabaja mucho que después vendrán los beneficios y saldremos de la crisis? Bien, lo cierto es que ninguna, y si se es de una forma frente al discurso económico los gobernantes toman el fenómeno de la lotería tal y como lo que es: un sacacuartos, el impuesto de los tontos... y se aprovechan de ello aplicando impuestos, de tal suerte que crean a la población una actividad anual que a la vez que reparte riqueza entre dos gatos contados se recupera un buen pellizco a través de Hacienda.

Y esto supone una de las tradiciones más arraigadas de España. Y esta es una tradición laica. Todo lo que rodea a esta tradición da pena, horror y ha de ser criticado. El juego está bien, es lícito, es moralmente aceptable si no pasa al terreno de lo público. Pero cuando este juego deja de ser juego (por mucho que alguien se invente que elige números por según qué fecha importante, etc... ¡esa decisión no tiene ninguna motivación racional!) y pasa a ser parte de las fiestas de Navidad... entonces sí que tenemos derecho a criticar.

Y criticamos todas las actitudes que nos parecen mal. Y las criticamos desde nuestras pequeñas bases teóricas. Y no, el fenómeno de la lotería no hay por dónde cogerlo desde una perspectiva de clase. Ya está bien de querer estudiar fenómenos atmosféricos aplicando las reglas gramaticales del ruso.

Un saludo.

Francisco Riveira

En Estambul, Turquía.

3 de diciembre de 2014

El discurso de autoayuda favorece a los poderosos



Todo aquel que haya leído un poco sabe que no somos dueños de nuestras vidas ni de nuestras acciones. Esto crea un grave problema en el derecho porque nos hace irresponsables de nuestros actos. Hay por encima de nosotros algo que nos envuelve, conforma y da vida y que no podemos controlar. Llama a este "algo" sociedad, economía, mercado, instituciones, familia, Estado, religiones... Todo ello nos hace sentir y estar de una manera concreta en el mundo y, hasta donde yo sé, nadie me ha encuestado sobre qué opino de todos estos sistemas que ejercen su poder sobre mí y sobre los demás.

Es aquí cuando se abre un interrogante en la vida de toda persona leída: ¿he de comprometerme con el mundo o, por el contrario, seguir viviendo sin pensar en todo lo que ocurre en él? Quizá hacerse esta pregunta ya sea una forma callada de compromiso. Hay preguntas que no nos llegamos a hacer porque no tenemos la vida, las condiciones o los suficientes estudios como para crearlas.

Cuando se cita a Pablo Iglesias en tertulias de la derecha cavernaria de España se suele perder de vista que Pablo Iglesias habla desde un sistema ideológico más o menos concreto. Muchas de sus frases, sacadas de contexto, no significan nada, como las de cualquier persona. Al menos hasta ahora, porque su discurso es ya más de andar por casa. Sin embargo, cuando se le cita hace años, en aquellos momentos no hablaba como político sino como teórico. Se hacía preguntas y las respondía gracias a sus lecturas. Os digo desde ya que para ser profesor de una Universidad hay que haber leído un poquito bastante. Aunque sea tan solo por repetir constantemente lo que decían gramscis, marxs y lenines, el discurso y el lenguaje teórico común se acaban por pegar. 

Ese es un modo válido (y algo más complicado y trabajoso) de llegar a la conclusión de que hay que comprometerse con el mundo. Repito, nadie que haya leído un mínimo es capaz de despegarse del mundo en que vive. La lectura nos tiene que acercar al mundo y los que leen para evadirse de la realidad son parte del problema, de la inacción, de la "mayoría silenciosa". (Este creo que es el único término sociológico inventado por Rajoy. Para un personaje con tan pocas luces parece suficiente).

Están los que llegan a esta conclusión por las condiciones en las que viven. Estos son mayoría. No saben por qué piensan lo que piensan, desconocen los motivos teóricos, lo que está detrás del sistema que les discrimina, les desahucia o mete en la cárcel. Lo que saben es que es de justicia revelarse contra ese sistema. Esta intuición no es una intuición teórica sino práctica. Cuando los políticos hablan de crear poder y conciencia popular (o de clase, aunque esta terminología ya se lleva menos) hablan de esto: hay que enseñar al pueblo, por desgracia poco cultivado, a ver su situación y a darle los motivos para enfrentarse a ella. 

Pero reconozco que hay otros que no viven esta situación de necesidad. Son aquellas antiguas clases medias moderadamente acomodadas, sin problemas de dinero y con apoyos familiares para llevar a cabo cualquier proyecto. Es gente sin mala intención pero que no ve la realidad. Estos son los que se dejan llevar por los discursos de autoayuda que acaban por afirmar el tipo de frase más violenta y repugnante de todas las que se pueden oír hoy en día  "A nadie le va mal durante mucho tiempo sin que él mismo no tenga la culpa." (atribuida a Montaigne).

Esta barbaridad solo puede ser propia de gente sin mala intención que trata de animar a los demás. Lo que no saben es que, al tiempo que animan y dan fuerza están culpando al que no debería JAMÁS recibir acusaciones de culpabilidad. El escritor o repartidor de consejos de autoayuda suele levantarse contento, sentirse bien con su forma de ayudar a la gente. Hay que tratarle desde el respeto y con la teoría en la mano (porque no hay otro modo de hablar con los que comparten frases efectistas). Hay que mostrarle que, lejos de estar ayudando a los más desfavorecidos, les está hundiendo en el fango de su propia desgracia atribuyéndoles un pecado que jamás cometieron. 

¿Cuánto mejor iría al mundo si este club de cándidos se dedicase a culpar a los que detentan el poder?

Francisco Riveira

En Estambul, Turquía.

26 de noviembre de 2014

Qué hay detrás de los contrarios a la Renta Básica




Cuando somos pequeños un modo de sobrevivir en los entornos sociales es haciéndonos homogéneos, siguiendo modas, copiando formas de hablar y de actuar. Los grupos son parte principal del desarrollo del individuo porque le permiten socializarse correctamente. Es muy claro que una carencia en este sentido puede resultar en dificultades en la vida adulta para mantener relaciones sanas y provechosas.

Esta es la teoría. Es una teoría psicológica (psicología de grupos) que se aplica casi de manera universal. En psicología de grupos hay un punto de partida según sea el país al que este grupo pertenece. Se suele decir que en los países asiáticos se tiene una preocupación más fuerte por la sociedad que por el individuo en concreto mientras que, en los países del primer mundo occidental, donde el modo de vida liberal ha hecho mella, las personas se preocupan más por sí mismas, por sus vidas y por sus proyectos, sin pretender en ningún momento que lo que hagan pueda facilitar la vida a los demás.

No hay más que ver qué ocurre cuando se propone la renta básica en países como Suecia. Podría decirse que votar no a una propuesta como esta tiene más que ver con un egoísmo criminal que con una reflexión profunda sobre la situación de los habitantes de un país. Sin embargo, sí que los hay, sí que hay argumentos en contra, argumentos que de alguna manera basan sus razones en teorías económicas (liberales) y en supuestos cuidados hacia aquellos que más beneficiados resultarían de tales medidas: votamos en contra de que tengas un poco de dinero para sobrevivir dignamente y que no aceptes cualquier trabajo basura porque si no la economía entrará en inflación, los empresarios sufrirán mucho y, la más importante y mentirosa (al menos en España), si te damos dinero entonces podrás hacer el vago ya que nada te obliga a molestarte en encontrar un trabajo.

Cuando hablamos de gente que pasa hambre mis alarmas se activan. Hay formas y formas de discutir la cuestión de la renta básica universal y, de hecho, no es una solución que se haya inventado ahora. Me da que la mayoría de las críticas a esta vía de solución de los problemas más graves de la sociedad moderna (el hambre, la pobreza) tienen menos de compasivas y empáticas que de teóricas del librillo de las más modernas escuelas de negocios y economía.

Aquí no discutiré las buenas razones en contra, discuto esa intención intrínseca, ese odio irracional (o basado en patrañas) que nos motiva a llamar a la gente vaga antes de que lo demuestre, que nos hace actuar como adivinos sobre realidades que, en nuestra sociedad, nunca se han llevado a cabo. Cuando la mayoría de personas que critican esta renta básica lo hacen basados en que es una medida utópica porque promoverá la "naturaleza" egoísta y vaga de todos los seres humanos al mismo tiempo están definiéndose a sí mismos como egoístas y vagos. Egoístas en puestos de importancia, vagos de puertas hacia dentro. Más daño hace el que trabaja toda su vida para enriquecerse a costa de los demás que el pobre vago que vive de las sobras de los dueños del mundo.

Francisco Riveira

En Estambul, Turquía.

24 de noviembre de 2014

La economía al servicio de las personas


No hay cosa más irritante que escuchar hablar a un liberal sobre economía. Pertenecer a una escuela determinada parece otorgarle una inmunidad ante cualquier comentario crítico. Lo peor es que hay títulos que corroboran que, como poco, sabe algo de economía. Es cierto, hay liberales titulados y, por desgracia, son la mayor parte de ellos.

La economía comenzó a ser una ciencia social hace relativamente poco. Se fue conformando especialmente en el siglo XIX y con Marx giró hacia un modo de entender el mundo del capital mucho más preocupado por los efectos de las políticas que por las políticas mismas. De ahí tal cantidad de revoluciones a finales de su siglo: se confrontaban el viejo modo de entender las relaciones de poder (económicas) y las nuevas teorías, dando como resultado inquietantes eventos sociales. 

Las ciencias naturales no están al servicio de nadie pero creo que las ciencias sociales sí que tienen que estar al servicio de las personas, tienen que servir para algo, para algo bueno.

Y cuando admitimos que la economía sirve para enriquecer y no para repartir los bienes de los que disponemos (tanto naturales como culturales -tecnológicos, etc-) entre aquellos que los necesitan de verdad, entonces estamos alejándonos de una concepción de la economía práctica para hablar de una economía teórica y descriptiva. La economía tiene que servir para emancipar. Tiene que estar a nuestro servicio y así tiene que comenzar a verse en las escuelas donde se aprende. 

Las universidades hablan de economía con números, explican cómo funciona el mercado, cómo se trabaja en un banco, cuáles son las operaciones bursátiles, etc... pero no todos los que salen con un título en economía han podido ver la otra parte. Si preguntas a un estudiante de economía (o de ADE, estos últimos, sobre todo, son los más despreocupados por el bien de los demás) por qué hace lo que hace no siempre te contestará que tiene un interés social sino que quiere tener un trabajo rápido, que quiere hacerse rico, que quiere aprender a jugar en bolsa, especular... La corriente de economistas preocupados por la sociedad es hoy escasa pero emergente.

Al igual que los profesionales de la salud siguen el código deontológico tendríamos que crear uno similar para los economistas. Estos pueden ser los salvadores de la humanidad o los que terminen de condenarla para siempre.

Uno de los economistas críticos con las políticas neoliberales en España fue Jose Luis Sampedro. Mañana comentaré el libro que he leído ("La sonrisa etrusca") pero hoy quería detenerme en este aspecto particular de su personalidad (muy completa y consecuente con sus principios). Como resumen, Jose Luis Sampedro nos avisó a todos de que la economía había estado en manos de los enemigos de la sociedad durante demasiado tiempo. Los nobeles de economía, los teóricos, y la mayoría de los libros que se estudian hoy en día partían de un principio básico (el profit) sin ocuparse para nada de las consecuencias que aquellos presupuestos económicos podían tener en la sociedad real.

Es algo muy común que una ciencia social comience a especular sobre otras teorías y que al final acabe por no señalar ninguna realidad concreta. Esto es así porque las ciencias sociales no siguen los mismos mecanismos de verificación que las naturales. Los papers sobre economía suelen dar vueltas sobre realidades concretas que son vistas a través del cristal de una teoría en particular. Las teorías en economía suelen ser siempre insuficientes ya que ninguna ciencia social (por mucho que utilice las matemáticas) es capaz a día de hoy de describir hasta las últimas consecuencias los fenómenos que pasan por su mira.

Cuando estas semi-ciencias son intuiciones para aplicar una tecnología concreta (en este caso, políticas económicas) y los economistas hablan desde la altura de su cátedra como "especialistas" hay que poner mucho cuidado. No tenemos que dejarnos engañar.

...

Este artículo viene a colación de tres intereses importantes que tengo en estos momentos: el proyecto intelectual de Sampedro, el estatuto científico de las ciencias sociales y el fenómeno Podemos y la campaña de desprestigio que todos (desde todos los flancos posibles) están elaborando contra ellos.

Sobre este último tema pude ver hoy un artículo donde se decía todo lo contrario. Hasta hoy se ha citado a los economistas que afirman que las propuestas de Podemos (quiero apuntar que, en calidad de anarquista, soy muy poco sospechoso de apoyar a Podemos) no se pueden poner en marcha porque entrarían en conflicto con el mercado, con las agencias de calificación, con los organismos internacionales que regulan la economía en Europa, etc. Todos estos intentos de deslegitimar un programa político (que quizá todavía no esté formado, eso me da igual) tienen una intención no científica, ¿acaso pensaba alguien que los periódicos y los articulistas escribían buscando la verdad por sí misma? ¡Ja! La intención es desprestigiar, es cortar las alas al pájaro antes de que pueda llegar a salir del nido por primera vez. Pero se utiliza aquí, como muchas otras veces, una herramienta poderosísima por su supuesta objetividad: la ciencia de la economía. 

Como ya he explicado, cualquiera que tenga un poco de sensibilidad ante estos temas sabrá que la economía que aparece en los telediarios y que nos intentan meter a empujones en el cerebro es una economía que no tiene mucho que ver con la micro-economía, con la economía doméstica que es, al fin y al cabo, la que a la mayoría de personas nos interesa.

Pero de repente aparece un artículo en que se dice todo lo contrario. Se dice que desde el "Financial Times" apoyan a Podemos porque tiene todo el sentido del mundo querer deshacerse de la deuda. Y digo yo: aunque esta idea no estuviese apoyada por ninguna teoría, ¿llevarlo a cabo o intentarlo al menos no sería lo éticamente aceptable? Navegando un poco más uno encuentra que el economista que escribe eso no es, ni mucho menos, una asociación en búsqueda de la verdad objetiva (como así es la delirante pretensión de programas como El Objetivo de Ana Pastor). Es, sin embargo, un reconocido periodista económico que ha escrito varios libros sobre la importancia de una economía dedicada a las personas (Wolfgang Münchau). 

Así que citar artículos según convenga a nuestros intereses, compartir por redes sociales lo que mejor pensemos que nos representa y, sobre todo, basarnos en puntuales estudios científicos o científicos sociales para apoyar nuestras tesis, es algo que no recomiendo a nadie. Por encima de eso está la ciencia social. Tenemos que comprender que esas ciencias son maleables ya que las creamos nosotros, y sólo por ser así tienen que ser sospechosas. Otra discusión es que yo prefiera una teoría sospechosa pero que al menos intente erradicar la desigualdad. Ahí ya está actuando esa deontología que propuse al principio de este post.

Y para rematarlo, os dejo con un vídeo de Sampedro hablando de la economía que creemos buena.





Que nunca la realidad social demostrable o las teorías egoístas encumbradas por la codicia puedan con nuestro deseo de crear una sociedad más justa y libre.


Un saludo.

Francisco Riveira

En Estambul, Turquía.

23 de octubre de 2014

Por qué tenemos que gastar dinero en ciencia





Hay muchos motivos para esgrimir un pensamiento crítico. El primero de ellos, y más importante a mi parecer, es el de la pura búsqueda de la verdad por sí misma, sin otra pretensión.

Pero ahora está de moda pensar de manera utilitarista: que lo que hagamos sirva para algo. Esta posición también es respetable pero no siempre acaba de funcionar. ¿Qué ocurre cuando determinada investigación no nos lleva a nada claro con lo que, por ejemplo, poder hacer un aparato que nos haga la vida más fácil? En este caso los utilitaristas abandonarían la investigación y dedicarían sus esfuerzos a otro tipo de materias más sabrosas. ¿Qué ocurre si esa investigación tenía un interés sencillamente archivístico, o por el encuentro de la pura verdad - o de algo que nos acercara a ella- ? ¿Qué ocurre si no investigamos en aquellas ramas que no nos prometen premios tecnológicos al instante pero que, al cabo de unos años, acaban por darnos frutos insospechados?

El criterio utilitarista no es el mejor (históricamente) para hacer política científica. La ciencia ha de seguir sus propios criterios y habida cuenta de que la ciencia no tiene objeto, sino campo, ha de pasar de uno a otro sin la intervención política de nadie. Pero la ciencia, como el resto de actividades humanas, necesita dinero. Hasta hoy, la manera más habitual de que un científico consiguiese dinero era a través de un mecenas, un Estado o asociación importante, o a través de su propio patrimonio. Pero se ha dado el caso de que los científicos hoy en día son personas de clase baja o media, que han podido alcanzar el conocimiento al que hace siglos sólo podía aspirar el clero o la burguesía. Y aquí encontramos un problema, que es el que expongo.

Se necesita un criterio para dar dinero. Hoy en día el criterio es muy endeleble cuando nos referimos al coaching: hay mucho dinero dedicado a esta chuminada. También el criterio es endeleble cuando nos referimos a las neurociencias. Todo lo que lleve la palabra "neuro" o que se refiera al cerebro de una u otra manera va a tener el beneplácito de los gobiernos, de la prensa científica en general y de las publicaciones científicas en particular. La ciencia también atraviesa modas.

Una vez pasada la moda "cerebrocentrista" quizá asistamos a la fiebre por los autómatas, que está hoy en día surgiendo (o resurgiendo). También la robótica tiene un futuro muy prometedor. Entonces, ¿qué criterios seguirá un gobierno cuando tenga sobre su mesa varias propuestas de colaboración económica en proyectos científicos? Seguirá no sólo los criterios que dicten los propios científicos interesados en conservar su puesto de trabajo sino también los criterios relativos a la moda del momento.

Con este post he querido abrir la problemática. Las políticas económicas son importantes en cualquier momento pero hay que pensar que la ciencia requiere mucho más tiempo que el que otorga una legislatura. La ciencia y el dinero destinado a ella no puede disminuir de una legislatura a otra porque siempre existe el riesgo de que todo el trabajo realizado por un laboratorio en concreto luego no sirva para nada si no tiene recursos suficientes. No hay problema en terminar con una línea de investigación porque si algo bueno tiene la ciencia es que todo es publicable y recuperable. Pensemos por un momento de otra manera: no utilitarista, tampoco por moda... pensemos en la pura búsqueda de la verdad o, si lo queréis decir de otra manera, pensemos en el trabajo de todos esos científicos que se ganan el pan acercándonos más a las leyes que se esconden tras la naturaleza. Pero aun así estaríamos ante un pensamiento utilitarista, ¿verdad? Demos dinero a la ciencia: mantengamos los estómagos llenos de nuestros científicos.

Así que mi propuesta es, a riesgo de condenarme citando a Platón, la siguiente: hay que buscar la Verdad por sí misma, sin más pretensiones. Hay que dar dinero a la ciencia por sí misma, sin esperar recibir nada a cambio. Seek the truth for its own sake.

Probablemente esta sea la mejor inversión en capital riesgo que se puede hacer.

Un saludo.

Francisco Riveira

En Estambul, Turquía.

31 de diciembre de 2013

No publiques, por favor.




Pospón la publicación.
Haz un bien a la humanidad y no llenes Internet o las librerías de más mierda poco trabajada. Ya hay suficiente.
Que no te pueda el ansia de la fama, o de ganar dinero temprano, pues aunque consigas una de ambas con suerte no te caerá una etiqueta de por vida (y de por "eternidad"), a saber, la de inepto impulsivo.
No publiques, aunque Amazon te lo ponga tan fácil.
Imagino la autoedición y la publicación como si, de repente, las fábricas se abriesen a nosotros, aun no siendo ingenieros de producto ni mecánicos: ¡producid lo que queráis, yo os doy las herramientas y la infraestructura, que me salen gratis!
Saldrá basura, productos que durarán cinco días, que no atenderán más demanda que la demanda del egocentrismo creador. Hay basura publicada que sólo alimenta a familiares y amigos, que no tiene interés público, que es una mero vómito de fórmulas mil veces repetidas y, además, reescritas al estilo microondas: recalentadas.

Ya hubiese publicado varios libros. Esto más que presunción es una llamada de atención a todo el que lea esto, una intuición vital. He tenido la posibilidad de publicar varias veces. Desde que inició el mundo de los e-books e incluso antes, en algunas ocasiones que se me presentaron. Pero cuando uno da su nombre, cuando en Internet no hay derecho al olvido, cuando cualquier documento llamará a la puerta tarde o temprano, en la indigencia o en el éxito de la crítica y de la aceptación del público (o de las masas)... entonces uno se vuelve más precavido y decide guardarse sus cartas para ver si puede surgir, con el tiempo y la espera voluntaria, una combinación mejor.

¡Escalera de color!

Os dejo con Diderot, una buena medicina para curarnos de gurús, blogeros y creadores de opinión que no se paran a pensar que la exaltación de las posibilidades de la tecnología lleva consigo el empobrecimiento del producto cultural, su banalización y su posterior tratamiento industrial: recicle después de usar.

"La crítica trata de distinto modo a los vivos y a los muertos. ¿Ha muerto un autor? Se ocupa de realzar sus cualidades y paliar sus defectos. ¿Está vivo? Es lo contrario. Son los defectos los que señala y las cualidades las que olvida [el crítico], y en eso lleva razón: se puede corregir a los vivos mientras que los muertos no tienen remedio.
Sin embargo, el censor más severo de una obra es el propio autor. ¡Cuántas fatigas se da a sí mismo! Él conoce el vicio oculto y el crítico casi nunca pone ahí el dedo. Esto me recuerda a menudo el dicho de un filósofo [Epícteto]: «¿Hablan mal de mí? ¡Ah, si me conocieran como me conozco yo!» . 
Los autores y críticos antiguos empezaban instruyéndose, y no entraban en la carrera literaria hasta salir de las escuelas de filosofía. ¡Cuánto tiempo había guardado el autor su obra antes de exponerla al público! De ahí esa corrección que sólo puede ser hija de los consejos, la lima y el tiempo.
Nos apresuramos en presentarnos al público y tal vez no éramos ni lo bastante ilustrados ni lo bastante hombres de bien cuando tomamos la pluma".
Denis Diderot, en "De la poesía dramática".

Un saludo.

En Logroño, 31 de diciembre de 2013.



7 de julio de 2013

La Crisis como concepto comodín - Parte 3: Formas de enfrentar al poder




(Está en todos lados, nos acecha constantemente y lo peor es que no somos conscientes.)

En antropología hay un concepto llamado "proxémica". Estudia las distancias físicas que generalmente un ciudadano toma con otro en la calle o en un espacio cerrado. Como el propio nombre indica, estudia esa "proximidad". Habría varios tipos de proximidad según nuestra relación con el otro pero eso no es importante para lo que quiero introducir hoy. Lo importante es que la proxémica es AUTOMÁTICA, sucede inconscientemente a cualquier persona con un poco de eso que se ha dado en llamar inteligencia emocional y/o habilidades sociales. Lo ideal del asunto es que podamos separarnos del resto sin pensar en ello, al igual que nuestro corazón late independientemente de nuestro estado de consciencia o de nuestra respiración (haz un ejercicio conmigo, piensa en respirar... inspira, exhala...). 

Darse cuenta de los procesos automáticos e inconscientes es toda una revelación. Engolfarse en ellos y regodearse en su funcionamiento.

Eso es lo que los profesores intentan hacer en sus clases desde que somos pequeños: nos abren los ojos ante un mundo que funciona (de aquellas maneras...). Sin su ayuda no lo podríamos comprender. Son especialistas en inocularnos ese conocimiento. Ahora más que nunca, un profesor debería guiarnos y no solamente ofrecernos ese conocimiento, ya que él no es la única fuente legítima.

Nos abren los ojos y volvemos a lo de siempre. Nos gusta vivir con los ojos cerrados porque es lo cómodo. Es cómodo no pensar en chocarse con la señora que va andando a un metro nuestro. Es cómodo no pensar en los latidos y en la respiración pero... de repente la señora choca contra nosotros, nos da un ataque de asma, o tenemos un paro cardíaco.

He aquí la angustiosa consciencia.

En la mejor obra, a mi parecer, de Lev Tolstói, La muerte de Iván Illich, se nos narra la experiencia de un burócrata preocupado por sus funciones administrativas y por su ascenso a la cima de las clases sociales. Aparece su mujer, tan preocupada por cambiar las cortinas de su casa recién estrenada. Aparece su hijo, ajeno a todo. Vemos al personaje protagonista jugando a las cartas con sus amigos tan tranquilamente... hasta que, en la parte media de la obra, sufre un pequeño dolor. Este dolor va siendo cada vez más fuerte. El dolor hace que Iván sea más consciente de sí mismo y de todo lo que ocurre a su alrededor. 

El dolor nos hace ser conscientes del presente. El dolor es el aquí y ahora, el entorno y el dintorno de aquello que hemos dado en llamar YO.

El protagonista, antes de morir, se da cuenta de la clave de su vida y de la naturaleza de aquello obvium re, lo que permanece implícito en el resto de cosas.

(¡No hago spoilers diciendo que se muere ya que así es el propio título del libro! Leedlo, os lo recomiendo, y no es una lectura muy larga).

La clave es descubierta por el dolor, por la cercanía de la muerte, por la interiorización, por la constante lucha contra sí mismo.

Así es el poder. El poder tiene las mismas características que un/el dolor.

El poder se esconde en nosotros, en los otros y en el resto estructural. El poder no tiene más que lugares comunes donde aparecer, pero es una aparición diáfana. El poder no se ve. El poder nos permite ver el resto del mundo a través de sus intrigas y formas prácticas pero por sí mismo es invisible. El poder fundamenta el mundo actual, lo pinta, lo envenena y lo envilece.

Si estamos en la posición de los poderosos estaremos encantados de seguir en esa posición. No me creo la buena voluntad del rico. Ser rico y tener buena voluntad son conceptos antagónicos. La riqueza surge necesariamente de la desigualdad y del mal del prójimo. Siempre y cuando haya un pobre ningún rico podrá dormir con la conciencia tranquila.

El poder entra en sus conciencias y las adormece y vitupera: ¡adelante -dice la conciencia- estás siguiendo el buen camino, que tú seas rico redundará en el beneficio universal de LA HUMANIDAD!

Entonces se justifica el poder. Entonces se justifica la desigualdad. 

El poder no es sólo económico. No quiero pecar de reduccionista. Pero el poder que más gusta comentar es el económico. 
También existen otro tipo de poderes: el poder del hombre frente a la mujer, el del mayor frente al menor, el del más exitoso frente al olvidado por la sociedad, el del heterosexual frente al colectivo LGTBQi, el del jefe y el esclavo trabajador...

Si no nos gusta es preciso enfrentarlo. Por derecho divino, por leyes no escritas, por principios, me importan bien poco los motivos, y ojito con aquel que te diga que busques legitimidad para enfrentarte al poder.

En eso se fundamenta la anarquía (an-archós, negación o supresión del poder).
La anarquía busca, por definición, la desaparición del poder constituido y del no constituido (de facto). Para ello hay múltiples caminos que otro día comentaré con más detenimiento.

Pero el poder no se combate tan solo desde la anarquía. Existen otras muchas formas de enfrentamiento del poder, si bien no tan radicales pero muy válidas y casi capaces de poder ser puestas en marcha automáticamente.

Hay grados diversos de enfrentamiento al poder. Por esto no me gustan las entrevistas sin sustancia. Tampoco me gustan los debates televisivos. En los pocos en que hay una mínima puesta en cuestión al poder establecido las intentonas de dar algo de luz sobre la cuestión del poder per se (¡sin datos numéricos sino hechos puros y duros!) son del todo insuficientes. ¡Podremos darnos con un canto en los dientes si en alguno de ellos se habla con todas las letras y bien alto de desobediencia civil!

Hay grados. Yo considero que el más bajo es el grado ad hominem o el del ejemplo práctico de las estadísticas. La estadística, como dije el otro día, es la punta del iceberg. El que sólo debate con estadísticas no debate, únicamente hace cosquillas al poder. Tampoco se pueden debatir los hechos, pues estos son los que son y no se detienen en sí mismos sino que dependen de...


Dentro de la estructura económica, política o legislativa (es una tríada que me gusta, como veis) hay varios tipos de cuestionamientos en un nivel puramente teórico. 
Comenzando por la propuesta de normas (como ha hecho la economía del siglo XX, ¡tan injustamente galardonada, incluso Nobel estará revolviéndose en su tumba por tamaña desvirtuación de sus premios!) que poco tienen que ver con la realidad hasta la descripción de los puros hechos. 
El científico ha de ver la estructura de los acontecimientos y tratar de entender por qué estos adquieren una forma y no otra. ¿Qué los motiva?

No es suficiente la ciencia para hacer una crítica profunda a esto. Esta crítica, repito, es lo llamado "enfrentamiento". La ciencia no nos vale, ¿por qué?

Porque el poderoso también es científico. El poderoso también conoce la teoría, ¡incluso la crea! El poderoso en sentido amplísimo está subsumido bajo unos esquemas que ni siquiera él inventó pero que le dan de comer caviar de Beluga. El poder no se enfrenta desde la racionalidad, como así pensaron muchos ilustrados. El siglo XX les quitó la razón. Voy a hacer una reductio ad hitlerum (cosa que odio pero que a veces está bien como recurso): ¡el propio Hitler, en la primera parte de Mi lucha decía que lo racional era comportarse de la manera en que él lo hacía y pensar de la manera en que él pensaba! ¡Hasta ese nivel llegó la razón, a pasar a judíos por la incineradora con una sinfonía de Wagner sonando mientras por el tendido de megafonía! ¡Oh, cumbre racional de la humanidad!

Me hacen gracia los "círculos escépticos" que, con la razón presidiendo la mesa, debaten sobre todos los temas. ¡Sus conclusiones pecan de tal superficialidad supina que suscitan el mismo interés que los artículos de opinión en el suplemento dominical! 

De momento no hay nivel entre la razón y la realidad a la hora de enfrentarse al poder.
El siguiente paso es más poder o rechazar, debilitar o eliminar fulminantemente a ese poder (o poderes).

Se rechaza al poder con más poder, no con flores en los fusiles. Se debilita al poder con mejores discursos, no con concesiones lingüísticas hacia los poderosos (¡qué daño ha hecho la RAE como organismo de referencia -más bien organismo de AUTORIDAD ARGUMENTAL- a la hora de aclarar las discusiones terminológicas!). Se debilita el poder rechazando el reformismo y apuntando hacia la raíz: es preciso ser radical, en el sentido más auténtico de la palabra. 


Estoy perfectamente informado de que el poder no puede eliminarse fulminantemente. También estoy informado de que el sistema se deja criticar desde su propio interior. Pero también estoy al tanto de que este último orden de crítica es el que más resultados ha dado. 

El papel político no se juega en las urnas. Y no digo "no sólo", es que NO se juega en las urnas. Nos han pintado que la democracia es el sistema político menos malo y nosotros asentimos a esa retórica casi irrenunciable e incontestable.

El juego político es un juego de poderes.
Los juegos tienen reglas. "¡Qué razón tenía Platón!" Dicen algunos por ahí. "¡La filosofía no sirve para nada!" Dicen los bachilleres asqueados. Y yo diría, ¡ojalá hubiesen decapitado a Platón, ojalá la filosofía no sirviese para nada y no fuese un paso más en la legitimación descarada del poder y de la desigualdad!


Hoy no abogo por erradicar el pensamiento económico (como pensamiento único), ¡hoy abogo por el enfrentamiento directo al poder y a sus lacayos!

5 de julio de 2013

La Crisis como concepto comodín - Parte 2: Política, leyes y la diosa Economía.



Si el hombre es económico hará de la Economía su diosa.
El ser humano ha variado el centro de sus intereses.
Ahora en vez de hablar de política en los telediarios se habla de economía.
Si en algún momento parece que la gente habla de política realmente lo que estará siguiendo será un discurso de la mano de la ley, no saliéndose de ella ni viendo más horizonte que el que ella nos pueda dibujar.

Esta tríada es la que gobierna el horizonte intelectual y ontológico de nuestro mundo.
Cualquier discusión efectuada al margen de esos tres valores es una abstracción boba y sin sentido.
Todo parte o desemboca en uno de esos tres nudos.

En un principio fue la ley. La ley surgió como necesidad de la política. Para ordenar a los seres humanos era necesario no ya una estructura formal sino un aparato legal que legitimase actuar de tal u otra manera, sin estar constantemente preguntándose por lo moral (comportamiento).

Seguir la ley al pie de la letra significa el abandono del hombre político para dar lugar a una víctima de las reglas de juego previamente estipuladas.

Normalmente las leyes se ejecutan y se elaboran por las personas que menos tienen que ver con ellas. No hablo de ejemplos porque los ejemplos me llevan pareciendo una pérdida de tiempo enorme desde que las tertulias televisivas se basan en la estúpida y eterna mención de los mismos.

Los jueces designan y ponen a funcionar las leyes como mejor les parece. No hay persona objetiva. ¿Quién es el juez del juez? ¿La censura pública? Os acabo de decir que no hay discurso al margen de la ley en este siglo XXI español así que os podéis imaginar por dónde van los tiros. Os invito a bucear por los periódicos, de cada diez artículos de opinión en términos económicos habrá uno político.

Un juez utiliza las leyes en cada momento como mejor cree conveniente y de la manera más plausible. Démosle un voto de confianza y creamos que juega el papel ejecutor de un organismo imparcial y aun así veremos grandes rasgos de subjetividad en sus decisiones.

No es posible la justicia así entendida. Los jueces son títeres de un sistema legislativo nebuloso y retorcido que jamás ha conseguido (ni conseguirá) estar por delante de los acontecimientos reales.

Las leyes no sirven para el mundo real. Así como no sirve estar informado de algo que ocurrió hace un mes tampoco nos ayuda poseer leyes ni constituciones con meses e incluso años de antigüedad.

No tengo una propuesta positiva para evitar esto.

Lo que sí entiendo es que habríamos de intentar recuperar ese hombre político, ese opinador al margen de la ley a veces utópico y en otras, las más, certero y agudo. Discutir al margen de la ley amplía el terreno de juego y, si algo es propio del ser humano, es su capacidad de ampliar el terreno de juego real habiéndolo hecho antes en su propio magín.

Por esto no veo ni recomiendo ver tertulias políticas en la televisión.

Las estadísticas son el opio del pueblo. Discutir con las estadísticas en la mano es ver el árbol y no el bosque. Lo cualitativo nunca se puede reducir a lo cuantitativo y tras las cifras hay realidades de radical importancia para la vida de las personas.

No se puede discutir con cifras porque, si algo tienen las cifras, es que siempre habrá un dato que sirva (sacado de su contexto) para apoyar una u otra posición. Es preciso debatir sin cifras ni estadísticas pues estas, repito, están elaboradas en base a unos parámetros ya establecidos y en base, en el peor de los casos, a una mala intención por parte del que las sostiene o crea.

Voy a poner un ejemplo:

Parece ser que hay menos dinero para la educación en España. Unos van a mostrar una serie de estadísticas que les den la razón (y seguramente la tengan) y otros van a informarles de casos concretos en que esos presupuestos estatales para la educación no sólo no hay descendido sino que han aumentado. Cuando discutimos con la estadística en la mano nadie tiene la razón. La realidad económica da razón al número.

Hay que debatir políticamente, sin atender al número. El número da miedo o da risa y SIEMPRE maniata a la crítica, en cambio la política juega en un terreno ético.

Es ahí donde se encuentra el debate interesante.

Aristóteles planteó el crecimiento de la economía (oikos -casa-, nomos -ley-) desde el ámbito familiar hacia la polis o "Estado" en general. Es curioso ver cómo el tiempo ha eliminado por completo la primera acepción de la palabra "Economía" y, en los últimos tiempos, ha pasado a ser una disciplina al servicio de los mercados y especuladores.

¿Se puede volver a la acepción inicial de la economía?

No. Hoy no nos sirve, dado el avance tecnológico e industrial, llevar a cabo una economía autárquica en el sentido cerrado de la familia y de la vivienda particular. Nos es del todo necesario comunicarnos con las demás personas para satisfacer nuestras necesidades.

¿Qué podría hacerse?

Ya que es imposible hablar desde una posición política (en sentido muy estricto) habrá que ver si a través de esa endiosada economía podemos meter las narices en el funcionamiento de este sistema. Es por ahí por donde se atrevió a entrar Marx. ¿Por qué fue economista y no psicólogo? Algo vio aquí.

Además de las patentes desigualdades que la plusvalía dejaba a su paso por los obreros del siglo XIX se dio cuenta el amigo Marx de que la discusión comenzaba a cerrarse en torno a las ciencias naturales. Cuando una ciencia natural intenta ser capaz de explicar todo el mundo es cuando es peligrosa y hay que desmontarla punto por punto.

El peligro o ventaja (según se mire) de la Economía era que jamás predecía nada. De hecho, en las primeras clases de cualquier estudiante de Economía se deja bien claro que hay dos tipos de Economía: la normativa (meros juegos conceptuales que jamás se pondrán en práctica) y la positiva (que estudia lo que ya sucede en el mundo y trata de comprenderlo).

¡No hay ciencia económica predictiva o práctica! ¡Es sólo utópica o descriptiva!

En tantas otras "ciencias" sociales como ella hay un recurso cobarde o de dudosa honradez intelectual: el recurso ceteris paribus. Si el resto de cosas permanecen iguales, con las mismas condiciones y sin posibilidad de cambiar, ¡entonces mi teoría funcionará!

¡Qué triste queda ese economista cuando en ningún lugar del mundo puede poner en marcha sus teorías puesto que, si algo tenemos los seres humanos, es esa ingénita cabezonería de salirnos de los pronósticos y reglas establecidas!

Hay que matar a la diosa Economía.