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28 de noviembre de 2014

Sobre la selección artificial y un mal ejemplo de periodismo científico



La desinformación científica en los medios digitales es cada vez más patente. Al proliferar webs sobre cantidad de temas podemos ver que la calidad no siempre va de la mano. En casos como el mío (un post de política y filosofía -y demás-) si uno está equivocado respecto a algo tampoco pasa nada, nadie hace caso y ya está, no perjudicamos a nadie. Sin embargo, ¿podemos decir lo mismo de los blogs sobre salud? 


Cuando uno escribe en un blog sobre salud tiene que tener bastante cuidado con lo que dice. Yo puedo escribir aquí diariamente porque también me sirve para reflexionar (a veces en todo el día no tengo tiempo para esto, ¡incluso estudiando filosofía!) pero también porque los temas son variados, no necesitan una preparación extrema y me vale con saber un poco del tema para soltar algo que creo interesante y útil. Pero no, un blog de salud no es igual. En un blog de salud no se puede soltar lo primero que a uno le pase por la cabeza porque eso sí que implica que haya lectores que se crean informaciones equivocadas (con o sin mala intención) y entonces así comienzan los bulos, la incultura científica de la mayoría de la población y las no pocas teorías de la conspiración sobre ciencia, los científicos y las instituciones y empresas científicas (que algunas sean ciertas no implica que este espíritu general conspiranoico, algo fácilmente constatable en cuanto uno navega un poco por Internet, sea una equivocación).


¿Qué quiero decir? Que los periodistas científicos tienen que exigirse a sí mismos una calidad suficiente (ya que, está claro, no hay nadie por encima de ellos que coteje lo que han dicho, incluso en periódicos importantes y con presupuestos millonarios detrás).

El primer paso es no publicar cualquier cosa que a uno le pase por la cabeza. 
Normalmente estos blogs y artículos suelen ir de la mano de la actualidad. Me parece muy bien, como periodistas tienen que ayudarnos a comprender el presente (son como los historiadores del presente). Pero a veces queriendo ir muy rápido para darnos esta información se pierde el ejercicio obligatorio para cualquier periodista (o así debería ser) que es informarse. Ni más ni menos. E informarse no en lo primero que uno se encuentre por la red sino en revistas adecuadas y fuentes primarias, directas, de los propios investigadores si es preciso.

Está la fiebre de sacar noticias referidas a una o dos conclusiones que un estudio ha elaborado. El problema de citar estudios en particular es que se pierde el horizonte del estado de la cuestión. Al decir, encima, que "la ciencia dice tal", al escribir estamos esgrimiendo un argumento de autoridad. La ciencia no funciona con estudios particulares sino con la conjunción de todos ellos y, sobre todo, su falsación a posteriori. Es más valioso para la ciencia no lo que se descubre por primera vez sino lo que se demuestra falso (v. K. Popper). Por tanto, el periodista científico que se preciase tendría que seguir este método de dar las noticias (tengo ejemplos buenos, por ejemplo, el mejor para mí en España es Manuel Seara Valero, con su programa A hombros de gigantes.).

Hoy leo esto en un blog de salud y de gastronomía. Se habla en él de que los pollos son ahora 4 veces más grandes que hace medio siglo. ¿Por qué han aumentado de tamaño? Por algo que la humanidad lleva haciendo desde que supo sumar uno más uno: la selección artificial. De este modo, seleccionando los mejores animales de cada generación y uniéndolos entre ellos, se conseguía mantener los genes (alelos) que favorecían determinadas características favorables para, por ejemplo, el estómago de los humanos. ¿No es cierto que cuando más grande es el animal que comemos, mejor vivimos? O, en el caso de los caballos de pura raza, ¿no es cierto que son más veloces, ágiles y dóciles los seleccionados artificialmente? 

Pues bien, la escritora de este post decide, al más puro estilo Mariló Montero con el alma del criminal, mostrarnos sus temores:

"Después de descubrir que hoy en día los pollos son hasta cuatro veces más grandes que hace cuatro décadas me invade un mar de dudas. Aunque los investigadores afirman que no hay ningún perjuicio para nuestra salud porque no se les ha hormonado, no logro desprenderme de la desazón que me produce cualquier tipo de intervención o manipulación ¿y vosotros?"

Nosotros, que estamos bien informados, no sentimos miedo ante la manipulación porque, aunque esta palabra suene mal, es la que nos ha llevado al nivel de evolución y desarrollo tecnológicos en los que estamos. Si no hubiésemos manipulado la naturaleza a nuestro antojo ahora seguiríamos viviendo en las cavernas, esto es un hecho. 

Este tipo de posts son los que llevan a la desinformación, al miedo irracional y a la desconfianza en las personas que menos sospechosas pueden ser de, voluntariamente, hacernos mal a los demás: los científicos.

Un saludo.

Francisco Riveira

En Estambul, Turquía

26 de octubre de 2014

El nacimiento de las Matemáticas




La historia general de las ciencias parece haber seguido un progreso indiscutible. Se suele decir entre los teóricos de las ciencias que estas son el reflejo más honesto de un progreso intelectual de toda la humanidad. ¿Por qué? Porque ellas mismas se van transformando, van siendo capaces de explicar mayor cantidad de eventos y, poco a poco, consiguen borrar de su seno todas sus imperfecciones. ¿Qué sería del mundo político, por ejemplo, si pudiésemos aprender de todos los errores del pasado? Por eso es tan común la distinción entre ciencias humanas y ciencias naturales, o ciencias sociales y ciencias puras. Ambos tipos de ciencia son intentos legítimos de explicar y comprender realidades que tienen lugar en nuestro mundo. Si decidiésemos preocuparnos sólo por las ciencias naturales, correríamos el riesgo de olvidarnos del objeto de estudio reflexivo que suponen las ciencias humanas. Pero, ¿no es una contradicción el estudio del fenómeno humano, habida cuenta de que el sujeto investigador tiene como objeto a sí mismo? Por eso hay quien dice que las ciencias humanas tendrían que adoptar un enfoque más propio del de las ciencias naturales. En esta línea, las ciencias naturales tienen en las matemáticas su mejor amiga. Las matemáticas se han utilizado en numerosas ciencias naturales y las demás ciencias sociales, como modo más o menos aventurado de probar su cientificidad, han echado mano de las matemáticas. 

Sin embargo, las matemáticas no son, históricamente, tan infalibles como ha parecido. Resulta que para la mayoría de los filósofos importantes las matemáticas fueron aquello a lo que agarrarse en épocas de incertidumbre. Y no solo en épocas sino también en proyectos intelectuales. Si, como decía Descartes, las matemáticas habían tenido tanto éxito dentro del conjunto de las ciencias, ¿por qué no tratar de aplicar sus principios al resto de las mismas, incluidas la disciplina filosófica? Hay que pensar que Descartes, mediante esta intuición, estaba dando voz a un sentimiento generalizado en su época: querer matematizarlo todo. Un siglo más tarde nos encontraríamos con Leibniz, principal valedor de la "Mathesis Universalis", que buscaban no sólo una explicación del mundo en el que vivían sino que esta explicación estuviese realizada a través de la herramienta más perfecta que había creado el ser humano: las matemáticas. Siglos más tarde, con Russell y Gödel (entre otros) encontraríamos bastantes problemas para sostener esta postura y las matemáticas se someterían a la revisión que, tarde o temprano, toda ciencia recibe por parte de aquellos que la interrogan críticamente.* ((Este párrafo lo adelanté hace varios posts))

A pesar de esto, las matemáticas tienen un estatuto históricamente mucho más firme y apenas han variado los axiomas que funcionaron hace más de 2000 años, en el nacimiento de las mismas. Tomando el caso de las matemáticas anteriores a los griegos comprobamos que esta ciencia estaba en manos de los sacerdotes (egipcios, por ejemplo) y que la tomaban como un saber tradicional. Si se les preguntaba por cómo habían llegado a determinado resultado ellos respondían diciendo que siempre había sido así y siempre había funcionado. Así, parece ser que al llegar a Grecia las matemáticas perdieron su función práctica y fueron sometidas al resto de críticas filosóficas que eran habituales en filósofos de la talla de Platón o el propio Tales. Este último, a pesar de que no queden registros de su camino hacia la elaboración de determinadas leyes o axiomas, sí que se molestó en resumir los principios más básicos. Las matemáticas tal y como las entendemos hoy en día nacieron junto a la filosofía (tal y como la entendemos hoy en día, también). Una filosofía que dejaba de tener un interés mitológico y que, aunque no lo abandonase, se afiliaba al discurso razonado como un método racional de solución de problemas o de alcance de la verdad. 




Así, en la escuela de Platón se podía leer en la entrada: que no entre nadie que no sepa geometría. Hasta tal punto era importante el conocimiento matemático aplicado a los cuerpos planos o volumétricos y sus formas.

La imagen que es preciso tener de las matemáticas tiene que pasar por los filtros históricos convenientes. Principalmente porque sabemos que no se puede hablar del estado de una ciencia hace 2000 años en los mismos términos que de la misma en la actualidad. Un ejemplo de esto es cuando (bajo un error grave, a mi parecer) se intenta estudiar un fenómeno pasado aplicando los criterios de la actualidad. Si entendemos las matemáticas como una ciencia cuyos principios han variado históricamente entonces no podemos pensar que los matemáticos hayan actuado de la misma manera a lo largo del tiempo. Un ejemplo es el siguiente: 

Proclo dice en un comentario de sus obras que Tales hizo avances importantes en el terreno de las matemáticas pero lo que realmente hizo fue sistematizar los conocimientos que había disponibles. La idea cuando hablamos de sistematizar es ver qué teoremas se deducen de ciertos axiomas. Sin embargo, cuando hablamos de las matemáticas en Grecia hablamos de Pitágoras y de los pitagóricos: de la secta pitagórica. En esta secta las matemáticas tienen un carácter religioso y no se pueden estudiar desvinculadas de ello. Para ellos, las matemáticas son una parte del lenguaje que permite entender el universo. La aritmética para los pitagóricos fue fundamental antes del giro hacia la geometría: proporcionaba los fundamentos necesarios para profundizar y comprender una estructura perfecta que es lo que entendemos por universo. Sin embargo, para ellos la geometría es mera representación espacial, y esta geometría tiene, como ya he dicho antes, una proyección institucional, disciplinaria: es preciso aprenderla para poder entrar en la secta y vivir como pitagórico.

Y esto nos lleva al caso de Platón. Por lo que a él respecta, la reflexión matemática debería tomar como objeto la forma misma de los objetos, no su representación material o sensible, sino su forma eidética. En el fondo Platón busca una especie de análisis basado en elementos puramente ideales. No tenemos nada claro cuáles son sus axiomas en la matemática ya que, además, emplea un método analítico diferente al de la matemática deductiva: partimos de los axiomas para demostrar algo. Utilizamos los problemas que tenemos a mano para poder deducir la proposición en particular. Platón no trabaja así, el método analítico de Platón, que luego fue heredado, es un método invertido, contrario al que acabo de mencionar. ¿Por qué? Porque sabe que la cadena entre las premisas y la conclusión a veces no es obvia. Intenta remontarse a los fundamentos desde los que podríamos deducir esa proposición, esos fundamentos podrían ser hipótesis. El método es lo que solemos conocer como análisis: disolución de la proposición que tratamos de entender. Luego Platón lo que hace es comprobar si en la síntesis esas conclusiones son realmente suficientes. En Platón hay un método de análisis y luego un proceso de síntesis para saber si hemos desarrollado la prueba demostrativa que queríamos obtener.



Si cometiésemos el error de asomarnos a este problema aplicando criterios actuales entonces resolveríamos la cuestión diciendo que estos matemáticos pecan de una grave falta de rigor científico. Nuestra crítica a esta imagen que ha emergido del desarrollo de la matemática griega y pre-griega se basa en lo siguiente: ellos se preocupaban mucho más por la cuestión funcional o instrumental. Los sacerdotes egipcios sabían que si aplicaban esos principios conseguían buenos resultados: sabían que funcionaba pero no por qué funcionaba. Y hoy, la ciencia y la tecnología no funcionan así. Bajo la perspectiva actual podríamos decir que la matemática primigenia era a-científica, ¿dónde quedaban los principios o axiomas mas que en el rincón de la tradición?

En resumen, mi visión del estatuto científico de las matemáticas no es novedosa y, de hecho, se encuentra compartida por bastantes teóricos de la ciencia. Además, es una visión compatible con el hecho de que los axiomas de las matemáticas habían permanecido inalterables e incuestionados hasta principios del siglo XX (con Gödel, por ejemplo). Este giro metodológico se ocupaba más de la teoría (causas, presupuestos implícitos…) que de que fuesen teorías válidas y efectivas en la práctica. El siglo XX fue testigo de la revisión de muchos principios que habían parecido firmes e incontestables tanto en ciencia como en el mundo social.

Francisco Riveira

En Estambul, Turquía.

23 de octubre de 2014

Por qué tenemos que gastar dinero en ciencia





Hay muchos motivos para esgrimir un pensamiento crítico. El primero de ellos, y más importante a mi parecer, es el de la pura búsqueda de la verdad por sí misma, sin otra pretensión.

Pero ahora está de moda pensar de manera utilitarista: que lo que hagamos sirva para algo. Esta posición también es respetable pero no siempre acaba de funcionar. ¿Qué ocurre cuando determinada investigación no nos lleva a nada claro con lo que, por ejemplo, poder hacer un aparato que nos haga la vida más fácil? En este caso los utilitaristas abandonarían la investigación y dedicarían sus esfuerzos a otro tipo de materias más sabrosas. ¿Qué ocurre si esa investigación tenía un interés sencillamente archivístico, o por el encuentro de la pura verdad - o de algo que nos acercara a ella- ? ¿Qué ocurre si no investigamos en aquellas ramas que no nos prometen premios tecnológicos al instante pero que, al cabo de unos años, acaban por darnos frutos insospechados?

El criterio utilitarista no es el mejor (históricamente) para hacer política científica. La ciencia ha de seguir sus propios criterios y habida cuenta de que la ciencia no tiene objeto, sino campo, ha de pasar de uno a otro sin la intervención política de nadie. Pero la ciencia, como el resto de actividades humanas, necesita dinero. Hasta hoy, la manera más habitual de que un científico consiguiese dinero era a través de un mecenas, un Estado o asociación importante, o a través de su propio patrimonio. Pero se ha dado el caso de que los científicos hoy en día son personas de clase baja o media, que han podido alcanzar el conocimiento al que hace siglos sólo podía aspirar el clero o la burguesía. Y aquí encontramos un problema, que es el que expongo.

Se necesita un criterio para dar dinero. Hoy en día el criterio es muy endeleble cuando nos referimos al coaching: hay mucho dinero dedicado a esta chuminada. También el criterio es endeleble cuando nos referimos a las neurociencias. Todo lo que lleve la palabra "neuro" o que se refiera al cerebro de una u otra manera va a tener el beneplácito de los gobiernos, de la prensa científica en general y de las publicaciones científicas en particular. La ciencia también atraviesa modas.

Una vez pasada la moda "cerebrocentrista" quizá asistamos a la fiebre por los autómatas, que está hoy en día surgiendo (o resurgiendo). También la robótica tiene un futuro muy prometedor. Entonces, ¿qué criterios seguirá un gobierno cuando tenga sobre su mesa varias propuestas de colaboración económica en proyectos científicos? Seguirá no sólo los criterios que dicten los propios científicos interesados en conservar su puesto de trabajo sino también los criterios relativos a la moda del momento.

Con este post he querido abrir la problemática. Las políticas económicas son importantes en cualquier momento pero hay que pensar que la ciencia requiere mucho más tiempo que el que otorga una legislatura. La ciencia y el dinero destinado a ella no puede disminuir de una legislatura a otra porque siempre existe el riesgo de que todo el trabajo realizado por un laboratorio en concreto luego no sirva para nada si no tiene recursos suficientes. No hay problema en terminar con una línea de investigación porque si algo bueno tiene la ciencia es que todo es publicable y recuperable. Pensemos por un momento de otra manera: no utilitarista, tampoco por moda... pensemos en la pura búsqueda de la verdad o, si lo queréis decir de otra manera, pensemos en el trabajo de todos esos científicos que se ganan el pan acercándonos más a las leyes que se esconden tras la naturaleza. Pero aun así estaríamos ante un pensamiento utilitarista, ¿verdad? Demos dinero a la ciencia: mantengamos los estómagos llenos de nuestros científicos.

Así que mi propuesta es, a riesgo de condenarme citando a Platón, la siguiente: hay que buscar la Verdad por sí misma, sin más pretensiones. Hay que dar dinero a la ciencia por sí misma, sin esperar recibir nada a cambio. Seek the truth for its own sake.

Probablemente esta sea la mejor inversión en capital riesgo que se puede hacer.

Un saludo.

Francisco Riveira

En Estambul, Turquía.

21 de octubre de 2014

La Filosofía ya no busca la Verdad



El arte de la hermenéutica nos dice que tenemos que tomar los textos qua textos. Nos dice que la excesiva contextualización puede estar fuera de lugar y que más nos valdría atenernos a las tesis y pretensiones de verdad del texto. Esta manera de pensar me parece correcta siempre y cuando pensasemos que la filosofía (los textos filosóficos, que son de lo que esta materia se nutre principalmente) tiene pretensiones de verdad. Creo que mucha de la filosofía que hoy en día se crea no tiene pretensiones de verdad, o al menos no la intenta buscar tan encarnizadamente como en el pasado. Las pretensiones de verdad de textos kantianos o aristotélicos son hoy hasta ridículas. ¿Por qué? No por la pura pretensión, que es hasta loable, sino porque vistos desde la actualidad suponen aproximaciones a problemas variopintos que, desde luego, no se pueden responder tan solo desde una materia como la filosofía.

Estoy con Gustavo Bueno (de nuevo) cuando nos dice que, para él, leer libros de filosofía que hablan de otras filosofías es una tarea bastante estéril. Dice que más nos valdría a los estudiantes de filosofía o filósofos (o historiadores de la filosofía) leer otro tipo de libros, como por ejemplo libros de biología, cosmología... y, por supuesto, hacerlo de las teorías actuales (si es que en algún momento tuviésemos interés de encontrar esa sempiterna verdad buscada por tantos filósofos de renombre: hay una cosa clara, hoy en día estamos más cerca de esa Verdad de Platón, mucho más cerca que hace cien o doscientos años).

La historia no tiene un progresus, eso es algo innegable. Sin embargo, la ciencia sí que lo tiene. La ciencia y la técnica. La ciencia busca la verdad por el mero hecho de encontrarla, sin intenciones ulteriores. La técnica busca la verdad como instrumento para crear nuevos artilugios o tecnologías pero, si en algún momento ha de rechazarla, no le supondrá mayor problema. Feyerabend se equivocaba en algunos momentos de su teoría sobre la ciencia: no eran los científicos "puros" los que se vendían al mejor postor (la verdad que mejor cupiese en sus aseveraciones) sino otro tipo de científicos de segunda categoría: los ingenieros, los creadores de tecnología, etc.

Pero la Filosofía, desde siempre, ha tenido pretensiones de verdad. Hoy creo que la Filosofía está relegada a una posición bastante poco favorable para los que queremos dedicarnos a ella. No es ni siquiera una ciencia social. Unos dirían que es algo menos que una ciencia social, a saber, que es un continuo disparate que no se sostiene empíricamente. Otros dirían que es algo más que una ciencia social, o incluso una ciencia natural, pues intenta descifrar qué se esconde detrás de todas ellas. ¿Cómo que qué se esconde? Pues bien, te dirían los filósofos -y me incluyo entre este último grupo-, parece ser que la filosofía es la mejor rama del conocimiento para descubrir los supuestos antropológicos, políticos, científicos, dogmáticos... e incluso religiosos que hay detrás de muchas ciencias o pseudociencias. Las ciencias no tienen capacidad introspectiva en un sentido metacientífico. Esto es, si bien son capaces de mejorarse a sí mismas dentro de su categoría o campo de conocimiento (por ejemplo, biología molecular), no serán de ningún modo capaces dentro de su propia terminología de descubrir qué tienen en común con postulados de, por ejemplo, otro tipo de biología centrada en los organismos macro. Si esto es cierto, entonces la filosofía (de la ciencia) tiene todavía muchas cosas que decir. Pero no tiene que dar una guía de comportamiento a nadie, como pretenden los filósofos de la ética. Sólo (y este "sólo" es por sí mismo suficiente para justificar la elaboración de más libros sobre la cuestión) nos permite descubrir qué presupuestos tienen estas ciencias, dándonos una visión epistemológica global de todas ellas.

Para mí la Filosofía interesante de hoy en día es la epistemológica, o la filosofía de la ciencia en sentido general (la que puede conversar con las ciencias sociales o naturales a partes iguales). Creo que la Ética tendría que abandonar las facultades de Filosofía y creo que la Filosofía Política tendría que estar presente en todas las facultades de Ciencias Políticas, para quitarles la tontería a muchos de esos estudiantes (que, sin saberlo, están consumiendo toneladas de prejuicios y tesis implícitas en postulados aparentemente objetivos).

Titulo este post diciendo que ya la Filosofía no busca la Verdad. Esto es de dominio común entre los estudiantes de esta disciplina. Quizá no busque la verdad con mayúsculas sino verdades menos fundamentales, o verdades puntuales que nos permitan comprender fenómenos de suma importancia como, qué duda cabe, lo son las ciencias duras o sociales.

Me temo que los que quieran alcanzar LA VERDAD se van a tener que conformar con alguna religión. Ni las ciencias ni la Filosofía pueden prometernos esa verdad a riesgo de resultar pretenciosas e insuficientes.

Un saludo.

Francisco Riveira

En Estambul, Turquía.


16 de abril de 2014

Crítica a Robert Lanza



Antes que nada me gustaría dejar claro que mi crítica está dirigida desde la epistemología o filosofía de la ciencia. Desde la biología podría hacerse pero mis conocimientos de la misma son insuficientes.
Articularé este post de la siguiente manera:

-Comentario sobre la medicina, médicos y su labor.
-Comentario sobre new age y el mal uso de términos como "cuántico", "conciencia", "mente", "espacio" y "tiempo".
-Comentario del artículo en Público sobre Robert Lanza.

...

Si te ha seducido el título por su primera parte te animo a seguir leyendo porque espero dar cuenta de todo el rechazo que me ha provocado leer este artículo. Si te ha seducido la segunda parte entonces quizá te decepcione porque ni conozco a Robert Lanza desde hace tiempo ni estoy informado de su carrera como médico. Baste, para criticar al médico, criticar a los médicos y a su disciplina en general, a sus despropósitos epistemológicos y ausencia de cierres categoriales entre las ciencias que utilizan como instrumento de apoyo (biología, química y física, principalmente), además de, cómo no, el artículo que os traigo.

Me voy a referir a este artículo así que antes de seguir leyendo no estaría de más que le echases una ojeada. El tiempo que vas a tardar en terminarlo no supera los tres minutos. Además es de lectura fácil, tan fácil como escandalosa.

...

¡Pero qué charlatán! Y cómo me jode que se dé hueco a esto en periódicos supuestamente serios como Público. Me jode porque creo que los diarios digitales son necesarias herramientas de lucha contra las desigualdades y los que las permiten pero también porque, como altavoz, son usados indiscriminadamente tanto para hacer el bien como para introducir en la cabeza de sus lectores ávidos de consuelo tonterías sin sentido.

Quería comenzar con una crítica a los médicos. Sostengo a partir de ahora lo que Gustavo Bueno, creador de la escuela del materialismo filosófico, dice sobre ellos:

Los médicos son biólogos de segunda. Se apoyan en la biología de la misma manera que un piloto de avión se apoya en la aeronáutica: un piloto de avión no necesita ser ingeniero aeronáutico pero, sin la aeronáutica, no podría ejercer su trabajo. Lo mismo ocurre con los médicos: sin la biología no podrían curar, serían charlatanes, y su labor no serviría para nada. La medicina es una profesión innoble: hay que mancharse las manos. Ojo, parece que estoy metiéndome con los médicos y su labor pero no, sólo quiero dejar claros los límites de su labor y de las demás ciencias.

¿En qué lugar de la ciencia se encuentran los médicos? Los médicos son a la biología lo que los arquitectos a la física o matemáticas: se ayudan de ellas pero no por interés teórico sino por necesidades prácticas. Los médicos, al igual que los albañiles o los fontaneros, están en el mundo para hacer una labor práctica que es, entre otras, la de curar a sus pacientes. Por tanto, el médico ejerce una actividad práctica, no intelectual, y tanto más práctico es un médico cuanto más efectividad tiene curando pacientes: esto es lo que se premia. Pero en biología no importa el paciente, importan los organismos en sí. ¿Qué dice Gustavo Bueno ante esto? Hablando de uno de sus paseos (epistemológicos) por la Facultad de Medicina de Oviedo cuenta que se encontró con un grupo de médicos con los que estuvo hablando de lo que les diferenciaba a ellos de los biólogos. En el caso de un tumor, por ejemplo, los biólogos se alegrarían porque tendrían algo nuevo para estudiar mientras que los médicos tratarían de extirparlo y pasar a otra cosa, más que nada porque el tiempo apremia y hace falta despachar pronto al paciente para que entre el siguiente.

Esta es la diferencia fundamental entre un médico y un biólogo: práctica vs teoría. No voy a decir que la teoría no se aplica a la práctica médica pero hay numerosos atajos que el médico toma y que el biólogo, en aras de la objetividad y del conocimiento puramente científico y naturalista, no se puede permitir. El médico va a entender al cuerpo como un todo (y no estoy tan seguro de esto...) mientras que el biólogo va a estudiar parte por parte, sin relacionarlas entre sí. En este ejercicio relacional el médico no necesita, porque le hace perder el tiempo, seguir los dictados de la biología o la química al pie de la letra. Y, a pesar de todo, no le va mal.

...

Las corrientes new age se han puesto de moda porque las personas de moda se han adscrito a ellas... por poneros un ejemplo: Tom Cruise y la cienciología. Mi intuición ante este fenómeno, porque es tan grande e importante que cuesta entenderlo bien, es que es el terreno preparado para los charlatanes de nueva hornada que comienzan a surgir a finales del siglo XX y comienzos del XXI como consecuencia de una desnaturalización de la realidad y una sociedad cada vez más panteísta que ha cambiado al dios cristiano por el dios naturaleza. La secularización de la realidad trae consigo numerosos inconvenientes entre los cuáles está tanto el creer en las pseudociencias como el abandono del aparato crítico. Esto tiene dos caras: por un lado ya no creemos en dios pero, por desgracia, nuestro aparato crítico no va más allá de eso y es incapaz de enfrentarse ante las nuevas tonterías que aparecen en boca de señores muy bien vestidos y cuyo discurso es, en apariencia, convincente.

Mecánica cuántica for dummies: esto es peligrosísimo. Una teoría se comienza a utilizar por estos movimientos por lo atractiva que resulta. Dentro de lo "cuántico" podemos añadir cualquier estupidez que se nos ocurra y, así, blindarla con el sello científico. ¿Para qué hablar de las consecuencias de esto si son evidentes?

Os dejo AQUÍ una película que supone un buen ejemplo de cómo aproximarse a la mecánica cuántica con una falta de rigor espeluznante. La mecánica cuántica en absoluto va por ahí, no plantea que los sujetos podamos crear la realidad en nuestro interior. La postulación del principio de incertidumbre por Heisenberg tiene unas consecuencias ontológicas, físicas e incluso epistemológicas que me llevaría todo el día enumerar así que no lo haré. Baste con decir que me encuentro enfrentado con todo mi ejército al mal uso de estas teorías, que acaban vinculándose al budismo o al esoterismo.

Soy eliminativista en relación a la mente, es decir, creo que no hay estados mentales. Soy materialista, en este sentido, y pienso que los intentos de demostrar la mente son ecos del dualismo platónico o del mentalismo new age que he criticado antes. Aunque considero interesantísima la teoría de los qualia, a día de hoy es más cómodo teóricamente, a mi parecer, postular que la mente no existe.

Esto nos lleva a otra cosa: la conciencia. ¡Qué problemas enormes nos ha traído la conciencia! No voy a decir que no existe físicamente, porque es evidente, sino que es un epifenómeno (esto es lo que hoy, en biología, se admite). Del cerebro surge la conciencia, involuntariamente, como fruto de la filogénesis e, incluso, de la ontogénesis, porque una de las carencias de los llamados niños lobo es la consciencia...

Y bueno, sobre el espacio y tiempo... ¿qué decir? Por supuesto que no son proyecciones de nuestra mente (no existe) o nuestra conciencia (la misma conciencia es proyección o epifenómeno de algo, ¿cómo una proyección podría, a su vez, proyectar las dimensiones?). El espacio y el tiempo están ahí, o están ahí para nosotros. La locura es pensar que si no estamos nosotros no hay espacio ni tiempo (esto se ha postulado por Kant pero está más que superado...), que nosotros creamos ambas realidades y, además, ¡a nuestro placer!
Ojo aquí, porque viene lo interesante.

...

Ahora vamos al artículo de público, párrafo por párrafo, basado en todo esto que he dicho ahora:

(http://www.robertlanzabiocentrism.com/is-death-an-illusion-evidence-suggests-death-isnt-the-end/
http://www.publico.es/514814/existe-la-muerte-una-teoria-cientifica-asegura-que-no )


"New evidence continues to suggest that Einstein was right"


"Our classical way of thinking is based on the belief that the world has an objective observer-independent existence."

Después de un argumento de autoridad y de una mención a una creencia sobre la ontología del mundo, ¿cabe hacer otro análisis que no sea epistemológico? Yo creo que no.


El artículo es demagógico. Los ejemplos que se utilizan no tienen ninguna validez científica ni entran dentro de lo que podríamos llamar un estudio serio sobre una realidad empírica y demostrable.
Antes que nada me gustaría decir que hay varios tipos de muertes, entre ellas está la muerte médica, que es a la que este señor hace mención. El dar por hecho que entendemos lo mismo al hablar de la muerte y que, de verdad, tenemos que seguir haciendo caso a determinadas frases que Einstein decía en el bar con los amigos, es un poco arriesgado. Pero yo entiendo la estrategia de este médico: llamar la atención a un segmento de lectores ávidos de consuelo y pasar a la historia como un científico extravagante que habló sobre cosas no demostradas e intuitivas... Pero así no ha de funcionar un científico. Un científico no puede ir a un artículo, hablar como tal (salvo si es un artículo de opinión, como parece que es el que cito), citar dos estudios parcialmente, contarnos qué dijo Einstein sobre el caso, mezclar conceptos como espacio, tiempo, mecánica cuántica, mente y conciencia y pasar por ahí la batidora para sacar este puré de charlatanería.

Como sé que no os vais a leer su artículo, voy a terminar este post comentando los párrafos más llamativos de Público:


"Ahora, un científico estadounidense afirma que la muerte "es una ilusión" y que las evidencias científicas sugieren que "la muerte no es el final"."

Nos enfrentamos aquí ante tres palabros malentendidos. La muerte como muerte médica, la ilusión como capacidad del ser humano de crearse realidades que no tienen su correlato en la naturaleza y la muerte que "no es el final". El peligro de esta última es claro: la ciencia como consuelo, la ciencia como herramienta auxiliar de la sotereología secularizada del siglo XXI.



"[...]cree haber hallado la respuesta en la Física cuántica, más concretamente en la nueva teoría del biocentrismo, basada en que prácticamente todo lo que asumimos como un hecho, existe porque nosotros creemos que es así."

Sin comentarios... Bueno, sí. Eso del biocentrismo... ¡qué disparate! El biocentrismo en sentido amplio es la biología reduccionista pero aquí ni siquiera llega a ese nivel, aquí se desprende que el biocentrismo es que nosotros, como "entes vitales", somos el centro de nuestro mundo, el centro ontoepistémico, desde el que se dibuja toda la realidad. Si esto no os recuerda al solipsismo cartesiano, no sé a qué os puede sonar...



"De este modo, el científico señala que conceptos como el universo, el espacio o el tiempo existen sólo en nuestra conciencia, como instrumentos construidos para la propia vida. "Todo lo que ves y experimentas en este momento -incluso tu cuerpo- es un remolino de información que ocurre en la mente", escribe."

Ya he hablado antes de esos cuatro términos. En el artículo de Robert Lanza se utilizan todos indiscriminadamente, mezclando sentidos amplios y estrictos, significados espiritualistas y científicos... sin hacer ninguna distinción. Es vergonzoso que un médico así pueda tener cabida en la prensa escrita digital de este país. Os animo a enfrentaros a este tipo de contenido, como así han hecho muchos de los comentaristas ya (algunos han hecho el análisis correcto, situación que me hace volver a recuperar, por momentos, la fe en la humanidad).



"Sostiene, por tanto, que si el espacio y el tiempo no existen, "la muerte no existe en un mundo intemporal y sin espacio". "La muerte no existe en ningún sentido real en estos escenarios", afirma.
¿Significa eso que vivimos eternamente? El profesor explica que la inmortalidad "no significa una existencia perpetua en el tiempo, sino que reside fuera del tiempo completo". Y explica así lo que podría quedar tras la muerte del cuerpo: "La vida es una aventura que trasciende nuestra manera lineal y ordinaria de pensar. Cuando morimos, no lo hacemos en el modo de una matriz aleatoria, sino según la matriz ineludible de la vida. La vida tiene una dimensión no lineal, es como un flor perenne que vuelve a florecer en el multiverso", concluye."
Como os habéis creído que el espacio y el tiempo no existen, porque lo digo yo así de gratis, entonces os digo, al modo silogístico aristotélico, que la muerte no existe, porque en un mundo intemporal y sin espacio no existe... Esta reducción al absurdo es muy común entre los cristianos de nueva hornada que intentan dotar a su religión de argumentos filosóficos para así verse más fortalecida (de esto hablaré más detenidamente otro día).

Ya con lo de que la vida es una aventura y lo del tiempo completo (a mí me recuerda a las categorías trascendentales de Kant...) me ha derrotado. Ante esa terminología de matrices aleatorias e ineludibles, multiversos y dimensiones, que mezclan en vomitivo potaje nociones matemáticas, físicas y biológicas, no puedo hacer otra cosa que irme a un rincón y llorar.

Como quería proyectar esta indignación en algún lado os ofrezco este post, ejemplo de que en ocasiones el peor enemigo de la ciencia está dentro de ella. Por suerte, no valen científicos puntuales para crear conocimiento sino que es precisa una comunidad científica que verifique constantemente los descubrimientos. No valen hipótesis sino teorías consensuadas y con posibilidad de falsación para evitar tautologicidad y circularidad.

El diario Público corre el riesgo de convertirse, con este tipo de noticias "científicas", en un diario amarillista, más preocupado por el titular grandilocuente que por la divulgación científica rigurosa.

Un saludo.

Francisco Riveira
En Logroño, 16 de abril de 2014.