Robotín de Google

5 de noviembre de 2014

Buscar la oportunidad de aprender idiomas




Yo hubiese estudiado más alemán, francés y, sobre todo, italiano, antes de venirme de Erasmus. Hay muchas oportunidades de hablar estos idiomas y probablemente en pocas ocasiones vitales como estas se me de la oportunidad de poder hacerlo diariamente y casi cada hora. Este es el entorno perfecto para, con una base más o menos sólida (unos cuantos miles de palabras), mejorar cualquier idioma. Y sólo tengo un nivel medio en inglés y en italiano. En italiano he aprendido estructuras nuevas, palabras de jerga juvenil y formaciones de los subjuntivos, cosa de la que adolecía por mis cursos en la escuela oficial de idiomas. En inglés... creo que ahora mismo soy capaz de entender el 90% de lo que cualquier persona dice en inglés, siempre y cuando no sea una jerga muy concreta o un acento cerrado (he descubierto que, aunque pareciese al revés, hay estadounidenses con un acento cerradísimo, que no hacen ni el mínimo intento de hacerse entender por el resto que no hemos nacido en su país). También estructuras y, sobre todo, linkers. Con estructuras me refiero a formas de plasmar pensamientos complejos. Se comienza siempre al revés que el español. Tengo un profesor estadounidense que habla perfectamente ese idioma y es muy fácil seguirle. Eso sí, lo habla rapidísimo. Pero es su inglés tan nítido, variado, fresco (siempre salpica sus explicaciones con anécdotas referidas al tema) y real que es un gusto escucharle. Asistiendo cada semana a sus clases ya tengo suficiente "listening" para preparar mi próximo título en inglés, el Advanced Certificate (ese creo que llegará el año que viene).

Pero claro, todo se aprovecharía más con una base sólida en esos idiomas (me refiero al alemán y al italiano). Hay varias cosas en este mundo que nunca están de más, que siempre acumulan y nunca restan, que siempre tienden a mejorar y en las que apenas hay regreso. Una de ellas son los idiomas. Por mucho tiempo que dejes aparcado un idioma, al volver a él siempre te sonará todo, y si vas al lugar donde se habla o decides entablar conversación con un nativo, acabarás por recuperar tu nivel previo y, una vez hecho, sólo podrás ir a más. En los idiomas no hay que temer olvidar palabras pues estas se pueden recuperar fácilmente. Lo que hay que temer es dejar de pasar oportunidades para practicarlos y, por tanto, acabar mejorando nuestras propias habilidades.

Si tuviese 10 años menos me gustaría comenzar a aprender bien, por ejemplo, el alemán. Pero por mi cuenta, ya que he descubierto que los profesores son muchas veces obstáculos para ser bueno en un idioma. Uno se acaba acostumbrando a ir a clase, a rellenar un libro... y al final esas horas de clase son las únicas que uno dedica al idioma en cuestión, mientras que el resto de la semana vive en un entorno repleto de castellano. ¿Por qué no nos íbamos a acomodar también en este sentido? ¿No hay gente que se apunta a un gimnasio para usar la máquina de correr y luego va a su trabajo en coche? Lo mismo ocurre con los idiomas: hay que hacer de ellos una forma de vida y buscar las oportunidades de utilizarlos.

Después de este Erasmus sé lo que más echaré de menos: tener la posibilidad de hablar muchísimos idiomas sin apenas salir de un aula o de, por ejemplo, un ensayo de mi coro.

Un saludo.

Francisco Riveira

En Estambul, Turquía.

3 de noviembre de 2014

El intelectual en el campo de concentración



Primo Levi comenta el ensayo de un filósofo llamado Jean Améry sobre la situación de los intelectuales (es decir, de sí mismo) en los campos de concentración. ¿Por qué de los intelectuales? ¿Acaso son una especie diferente del resto? Para ellos, sí. Y yo creo que también. No creo que tengan necesariamente que haber estudiado filosofía o alguna carrera de letras, tampoco que hayan publicado mucho o que tengan una relación estrecha con el mundo académico. El intelectual, para mí, es el que ve siempre por detrás de todo lo que se da como obvio. El intelectual gusta de descubrir lo abstracto tras los planteamientos más normales que surgen en el día a día. El intelectual ya no puede mostrar otra actitud ante la vida, salvo una actitud crítica, pero de un criticismo muy por encima del que esgrimen los denominados "escépticos". El intelectual no es sólo un escéptico, es también un creador, no le basta con criticar el mundo sino que también se compromete con él y su mejora. Él es el primero que busca dentro de sí mismo e intenta ser su mayor crítico. Creo que la mayor parte de las definiciones de intelectual van por esta línea. No me gusta poner ejemplos pero voy a utilizar varios. Intelectuales son, hoy en día, personas como Noam Chomsky o Umberto Eco. ¿Qué les diferencia del resto de pensadores? Que han logrado crear piezas fundamentales para entender el mundo presente. Y no sólo eso, son también personas interesantes en sí mismas. El intelectual no es nunca una persona fuera de la pólis, no hay intelectual del tipo lobo estepario. Hay personas que hablan de Kant como un lobo estepario que no salió de su pueblo en su vida. Y esto es en parte cierto. Lo que no es de dominio común es que se citaba con los primeros presidentes de los Estados Unidos y les ofrecía consejo. Tampoco se sabe que, antes de crear esa obra voluminosa sobre filosofía, fue un profesor de biología. 

El intelectual cae en un campo de concentración y entonces se enfrenta a lo que nunca ha probado: el trabajo físico. Hay varios tipos de personas en esos campos de concentración y las que más sencillo (aparentemente) lo tienen son aquellos que ya tienen una buena forma física, que ya han usado el pico y la pala previamente. Los intelectuales tienen que dejar sus facultades superiores a un lado y someterse a este trabajo. Arbeit macht frei, se lee en la entrada de Auschwitz. Pero ese no es el tipo de trabajo que le hace libre. El intelectual es necesario, siempre lo ha sido y creo que siempre lo será. Tiene que haber alguien que reflexione sobre lo que, a ojos de la mayoría, parece natural. Tiene que haber alguien que lo denuncie, pero no desde una posición política sino desde una filosófica, atendiendo al fondo de la cuestión, y sin importarle partidismos o qué es más adecuado decir en cada momento. Ahí tenéis a Hannah Arendt que, como judía, hizo un comentario hiriente sobre la relación del mal y aquellos que masacraron a millones de judíos, a saber, que ni eran tan malos ni era tanta su voluntad de hacer daño. ¿Era adecuado escribir ese tipo de ensayos en esa época? Para alguien que quisiese obtener votos, no. Para alguien que estuviese siempre, lloviese o hiciese calor, en busca de la verdad, definitivamente sí.


El trabajo no hace libre, al menos no el trabajo físico. El trabajo físico tiene una serie de cualidades que no voy a negar pero la pretensión de que el ser humano libre lo es a través del trabajo es más propia del protestantismo que de una reflexión profunda sobre la realidad. Marx, por ejemplo, teorizó en esa línea, pero no pudo advertir que en el futuro muchos de los trabajos no requerirían un esfuerzo físico por parte de los asalariados sino que este esfuerzo importante lo comenzarían a realizar las máquinas. 

No, el trabajo físico no dignifica, y menos a un intelectual. Más concretamente (e íntimamente), el intelectual se siente insultado cuando llega el momento de usar sus manos para algo que no sea escribir o abrir un libro (o dar una conferencia o clase). No ha hecho el esfuerzo mental durante tantos años para acabar de aquella manera.


Luego viene la explicación menos irritante: 

"En cuanto al trabajo, que era principalmente manual, el hombre culto estaba en el Lager mucho peor que el inculto. Le faltaba, además de la fuerza física, la familiaridad con las herramientas y el entrenamiento, que a menudo tenían sus colegas obreros y campesinos; por el contrario, se sentía atormentado por un agudo sentimiento de humillación y degradación. De Entwürdigung precisamente, de dignidad perdida.[...] Aparte del trabajo, la vida en el barracón también era más penosa para el hombre culto. Era una vida hobbesiana, una guerra ininterrumpida de todos contra todos. [...] Los puñetazos propinados por la autoridad podían ser aceptados, eran literalmente un caso de fuerza mayor; pero eran inaceptables, por inesperados y fuera de la norma, los golpes que se recibían de los compañeros, a los que pocas veces el hombre civilizado sabía responder. [...] Ha sufrido [Améry-Mayer] de una manera diferente a la nuestra de no políglotas reducidos a la condición de sordomudos: de manera, si puedo decirlo, más espiritual que material. Ha sufrido porque era de lengua alemana, porque era un filólogo que amaba su lengua: como sufriría un escultor que viese manchar o romper una escultura suya. El sufrimiento del intelectual era, por consiguiente, distinto, en este caso, del de un extranjero inculto: para éste, el alemán del Lager era un lenguaje que no entendía, con riesgo de su vida; para aquel era una jerga bárbara que entendía, pero que le desollaba los labios si intentaba hablarlo." 

Los hundidos y los salvados, Primo Levi (Capítulo VI).

Un saludo.

Francisco Riveira

En Estambul, Turquía.

2 de noviembre de 2014

Las telenovelas y los sentimientos básicos universales




Las telenovelas en Turquía son las segundas más exportadas del mundo. Las personas, en este país, se pasan buena parte del día viendo la televisión. A todas horas puedes encontrar dramas en los que aparecen turcos, ricos, pobres, con un pasado oscuro, con un futuro brillante, etc. No son tan tontas como en los países sudamericanos, donde la repetición de las mismas fórmulas ya ha convertido a la telenovela en una pura búsqueda del morbo. Sólo quieren mantener la audiencia y ampliar por más temporadas.

En las telenovelas turcas se parte de una situación muy concreta, normalmente es un problema grave que incluye algún conflicto político, racial o de clase. Puede que, por ejemplo, una mujer de buena familia se enamore de un griego, y así sea como comience esa serie. Desde hace décadas los turcos no sienten mucha simpatía por los griegos y tener algo como esto en sus televisiones, casi diariamente, les hace enfrentarse a sus propios recelos y prejuicios. 


Como este es un país creado de manera "no natural", es decir, es un país que ha hecho que tanto armenios como griegos, como los propios turcos (los más cercanos al antiguo imperio otomano) tengan que vivir bajo una misma bandera, entonces surgen estos conflictos de índole política y social. Es por esto, por las políticas de Atatürk, que creó la República bajo directrices ilustradas e intentó modernizar a todo el pueblo, por lo que este país tiene una apasionante diversidad cultural. 

A los Erasmus se les suele preguntar por qué eligen un país y la mayoría, como fórmula ya gastada, responden que "para conocer otras culturas". Pero, por ejemplo, un Erasmus en Toulouse no tiene ni la centésima parte de variedad cultural de la que hay en Turquía. Quizá esto se deba a que Turquía no deja de ser un país entre dos continentes, entre dos modos de ver la vida o de entender la realidad. 


Este sueño de diversidad cultural en el que vivo es difícil de encontrar en cualquier otra ciudad del mundo. Aquí buena parte de los habitantes están de paso. La ciudad va creciendo cada vez más y de hecho los habitantes registrados oficialmente difieren en varios millones con los que, de hecho, viven en Estambul. Hay barrios creándose constantemente, edificios construyéndose por una necesidad imperiosa. El tráfico, cada vez es más incontrolable y, por suerte, la red de metro está creciendo no por capricho, como en algunas ciudades españolas (Bilbao o Valencia) sino por pura necesidad. Si hubiese alguna ciudad en el mundo donde fuesen a servir los coches voladores Estambul sería la primera en aprovecharlo al máximo. Y, a pesar de eso, el tráfico aéreo también es constante. Incluso están pensando en construir un nuevo aeropuerto. 

A todo esto, Estambul se presentó hace unas semanas a un premio por la ciudad más limpia (verde) del mundo. Me alegro de que los gobernantes de esta ciudad mantengan en buena forma su sentido del humor.

...

Cuando se conoce que los espectadores disfrutan de una serie, entonces la historia principal se va narrando puntualmente de capítulo en capítulo. La acción principal deja paso a sub-tramas que cuentan otras historias y que hacen que la serie (o telenovela) pueda durar varias temporadas más de lo que hubiese durado haciendo mención a sólo una trama. Los turcos se enganchan a ellas como en España nos enganchamos a Pasión de Gavilanes en su momento, o como en Estados Unidos (y el resto del mundo) se han enganchado a Breaking Bad o a Juego de Tronos.

Las series y las telenovelas son herramientas muy adecuadas para representar la realidad de un país, para crear emociones en el espectador, animarle a pensar sobre cuestiones íntimas, hacerle creer que lo que ocurre en la serie le afecta a él como sujeto individual, darle la ilusión de que es especial y de que esa serie está hecha para él. Sin embargo, este sentimiento de comunión con lo narrado es general y acontece tanto en su caso como en el del resto de espectadores. De la misma manera funciona la literatura. A veces el autor parece que nos está hablando directamente a nosotros, como si nos conociese muy bien. Sin embargo, es cosa nuestra, es una proyección... tendemos a extraer casos particulares de lo general, de lo universal, de los afectos y pasiones humanos. Quizá esta serie de sentimientos básicos universales, y no un idioma o una ley, sea lo que nos pueda dar motivos para pensar que una comunidad humana sin fronteras es posible.

Un saludo.

Francisco Riveira

En Estambul, Turquía.