Robotín de Google

8 de febrero de 2015

Mi viaje por Egipto - Vuelo a Hurghada - Primer día



El tiempo en Estambul era bastante inestable. Unos días antes había nevado como hacía tiempo que no lo hacía y la ciudad había colapsado entera. Por lo que a mí respecta, ya llevaba un tiempo pensando en qué meter en la mochila y qué lugares visitar. No dediqué mucho tiempo a esto último porque pensaba que ir a la aventura tendría mucho mayor atractivo. Eso sí, el vuelo de vuelta lo compré varios días antes de marchar. Así, el día 10 de enero iba a comenzar mi viaje por Egipto, volando desde Estambul (que es donde vivo por el Erasmus que estoy cursando en mi último año de carrera) hasta Hurghada, una pequeña ciudad costera al este de Egipto, en el Mar Rojo. 

Esta ciudad iba a suponer tan solo un paso necesario para llegar a las ciudades verdaderamente interesantes como Luxor o Asuán, pero hasta ellas no había vuelos baratos ni directos. 


A la mochila metí ropa para unos diez días. Mi mochila es de 40 litros y la llevé hasta casi los topes, aunque volví con alguna cosa más (no muy pesada). Además de la ropa llevé la tecnología justa como para no aburrirme y documentar bien con imágenes y vídeo todo mi viaje. El día de reyes, el 6 de enero, fui al Media Markt en las Trump Towers de Estambul para comprarme una batería externa, un accesorio que siempre eché de menos cuando viajaba más de un día y, sobre todo, cuando viajaba a lugares sin corriente eléctrica. Esta batería tenía unos 10000 mili amperios y me servía para recargar el móvil unas tres veces (es una batería muy grande), por tanto mi autonomía en Egipto iba a ser de un día de uso constante a dos/tres días de uso pausado. También llevé mi tablet y el Kindle, el último apenas lo usé y me queda por leer todo el libro de los Hermanos Karamazóv que comencé en el mismo avión. Por lo demás: chanclas, bañador, toallas y unas zapatillas cómodas de running para andar por ahí. Este calzado no es, ni de lejos, el mejor para andar por superficies arenosas... las zapatillas están hechas para que los pies transpiren bien y, claro está, con tanta arena es una guarrada. Pero me alegro de haber llevado este tipo de calzado deportivo. Por supuesto, gafas de sol. Y otra cosa, pastillas para el dolor de cabeza (a veces en los viajes, de tanto andar bajo el sol o de tanto estar bajo presión en entornos diferentes, me da dolor de cabeza; por suerte en este viaje no tuve que hacer uso de ellas) y también para facilitar la digestión. Como ya estoy acostumbrado a comida turca, que es bastante picante y agresiva para la flora intestinal (no toda), tampoco tuve mayor problema en Egipto, donde la comida es similar.


En el aeropuerto de Estambul (Sabiha Gokcen) se podía hacer check-in directamente así que fue una pérdida de tiempo el haber bajado en el día anterior a imprimir los billetes. En otros aeropuertos no existe esta posibilidad y hay que hacer el check-in con anterioridad al vuelo, similar al mecanismo de Ryanair. ¡Aún esperamos el día en que todo esto se pueda hacer con un aparato NFC, sin siquiera desbloquear la pantalla del móvil! No me creo que haya tanta tecnología en los aeropuertos y que, en este sentido, estén tan atrasados.

En la espera compré varios chocolates aunque tuve que enfrentarme al primer problema de entendimiento idiomático (y mira que me sé mover bien por Turquía). Había una oferta de M&M's que indicaba 2x1. Yo, con la idea de que comprando uno me regalaban otro, agarré dos y fui a pagar. El cajero, un buen hombre que me miraba con simpatía, me decía que no era así la promoción... pero me lo decía en tan mal inglés que no llegué a entender nada hasta que otro viajero me comentó que la promoción se aplicaba de manera que comprando dos, te regalaban uno. En fin, ¡cuidado con estos cambios de concepto porque parece que sólo en España un dos por uno significa literalmente eso!

El vuelo fue nocturno, una pena y un desperdicio de vistas porque pasábamos por encima de Chipre, de todo el Mediterráneo como es obvio y también sobre el Cairo. Las llegadas en avión al aeropuerto del Cairo son impresionantes porque se ven las pirámides pero en Hurghada sólo hay desierto y más desierto... sin contar las estrellas, que comenzaban a ser algo que capturó mi atención desde incluso antes de aterrizar.


El vuelo fue más largo de lo previsto porque teníamos viento de frente (el vuelo de vuelta fue justo al revés, mucho más corto por el viento de cola). 

Al llegar y bajar del avión fui consciente de que, por primera vez, salía del continente europeo (si no contamos a Turquía como parte de Asia). El aire estaba menos cargado que en Estambul y el tiempo a las 4 de la madrugada, que fue cuando llegué, era el mismo que en Estambul a las 3 de la tarde. Efectivamente, había regresado a la primavera... ¡en pleno enero!





Sin embargo, en Egipto las noches, durante los meses que van de septiembre a marzo, son algo frías. 
Al llegar tan tarde al aeropuerto decidí no reservar una noche de hostal porque apenas lo utilizaría. Este fue mi primer acierto en todo el viaje, acierto que después me llevaría a un tremendo error, como os comentaré a continuación.

Así que mi idea era hacer tiempo en el aeropuerto hasta que amaneciese y pudiese echar a andar al hostal reservado para la noche del 10 al 11 y 11 al 12.
En el aeropuerto tuve que comprar el visado. Me costó 25$, 10 más de los que me esperaba tras haber leído por Internet sobre ello. Por suerte, llevaba ya 20$ y unos cuántos euros. En la primera sala según bajé del avión había varios atendiendo las compras de visado. Le comenté al que atendía que no disponía de 25$ y él me dijo que había un cajero al fondo, que ahí podía sacar las libras correspondientes (cada dólar supone 7,5 libras egipcias). Así que eso hice hasta que me dijo que le servían mis euros. Demasiadas vueltas para el mismo resultado.

Me acerqué al puesto de sellado de visados por mi cuenta. Una serie de turistas que venían en otro vuelo estaban esperando su propia fila unos metros a mi derecha, atendiendo a, me imagino, su propio guía que les había acompañado desde su país (y esto no es lo normal). La mayoría eran rusos. Hurghada es una ciudad con gran afluencia de turistas rusos tanto por los vuelos baratos como las condiciones climatológicas que ofrece, sin duda mucho más suaves que en la fría Rusia.

Me sellaron el pasaporte en la última página, haciendo honor no a que hacen todas las cosas al revés (que también) sino a que los libros árabes se abren por lo que nosotros entendemos como la última página. En no pocas ocasiones, a lo largo de mi viaje, tuve que avisar a los policías o militares de que el sello que buscaban estaba bien escondido en la última página del librito que me pedían.

Lo siguiente fue comprar una tarjeta de móvil en Vodafone Egipto. Me dijeron (y esa era mi intención para un viaje tan largo en un mismo país) que Internet móvil funcionaba fenomenal en Egipto y que merecía mucho la pena hacerse con una tarjeta prepago de conexión a internet. Pude pagar con tarjeta de crédito y me costó unos 15€ al cambio. Eran 7 gigabytes y con lo que pagué por ella me ahorré mucho dinero a lo largo del resto de mi viaje. Sin lugar a dudas, internet móvil se convierte en una herramienta indispensable cuando uno está viajando por otro país... lástima que las tarifas roaming sean tan abusivas y que, ni de lejos, estemos yendo en la dirección de tumbar las barreras internacionales del coste y sobrecoste de las telecomunicaciones. Por lo demás, Egipto me sorprendió por su excelente conexión bajo la red de Vodafone, llegando en muchos sitios más lejos de lo que muchos hoteles con conexión Wi-Fi llegaban. Como indicador de la velocidad tengo que decir que en algunos hoteles era difícil ver un vídeo de YouTube a 240p mientras que en el móvil, uno a 480p se reproducía holgadamente.

Esperé en la cafetería tras preguntar a los vigilantes del aeropuerto si no era posible esperar dentro de la terminal. En la cafetería procuré dormir algo (ya estaba cansado aunque el viaje no había sido para tanto, casi me había costado más rato llegar al aeropuerto desde mi casa en Estambul que el propio vuelo de Turquía a Egipto) y estuve escuchando un podcast que me descargué unos días antes con un documental sobre el antiguo Egipto. El documental duraba unas cuantas horas (seis horas y media en concreto) y os dejo aquí el ENLACE por si os apetece) y me pareció muy interesante y riguroso. De esa forme me semi-preparé para todo lo que iba a observar y visitar en las próximas semanas. Por supuesto que habiendo recibido una educación en historia antigua un poco más avanzada habría disfrutado del viaje más y con diferencia, ¡pero qué le vamos a hacer!

Pasaron las horas, cuatro, cinco, seis... y a las seis y media, bajo el primer amanecer que contemplé en África, salí del aeropuerto camino al hostal.

Me esperaban dos horas de paseo.

4 de febrero de 2015

Mi viaje por Egipto - Introducción

Acampamos una noche en el desierto

Bienvenidos de nuevo a mi blog.

Hacía meses que no dejaba de escribir por tanto tiempo pero, como os dije, este parón obedecía a dos razones: que he comenzado a escribir semanalmente y que he hecho un viaje por África.
Estas líneas son los primeros párrafos tras varias semanas en las que no he usado mis manos para otra cosa que no sea agarrar mi mochila y visitar una y otra y más ciudades.

Voy a escribir largo y tendido sobre el viaje por Egipto, con un nivel de detalle ni apabullante ni insuficiente sino en su justo punto medio (o lo que a mí me parezca).
En este post de introducción me gustaría comentaros un poco por encima las cifras y los nombres más importantes del viaje, tanto de ciudades como de personas, al igual que unas pocas anotaciones para hacer más comprensible el resto del viaje.

Lo principal es que he viajado solo. Los viajes solitarios son algo que no me importa, y tampoco son una actividad aislada: he encontrado a decenas de viajeros solitarios a lo largo y ancho del país africano y tanto ellos como yo nos sorprendíamos de ver a otros que se habían atrevido a un país con tantos problemas políticos, económicos y humanitarios... La reflexión sobre esta cuestión irá apareciendo conforme vaya describiendo las situaciones y espero que os parezca interesante. Normalmente los viajeros suelen escribir crónicas esquemáticas de sus viajes pero yo no me puedo resistir a hablar de él de una manera más amplia. También, quiero apuntar, voy a dedicar varios días a esto y, a continuación, voy a proceder a terminar mi primera carrera: Filosofía. Para ello me quedan unos 3 meses y medio de trabajo en Estambul y otro mes y medio más en España, donde tendré que preparar el Trabajo de Fin de Grado. Todo eso va a ocupar demasiado tiempo en mi vida y por eso quiero "quitarme de encima" la tarea de escribir sobre Egipto lo antes posible. Ya tenía ganas de escribir. Perdonad por esta digresión, será la última (de hoy).

La visita a Abu Simbel fue obligada
He viajado veinte días. Más o menos este es el tiempo que se tiene que dedicar a un país como Egipto para no quedarse con ganas de más. Con veinte días da tiempo de sobra a ver más o menos todo con un mínimo de profundidad. En un país tan grande las distancias son muy dolorosas para el reloj y lo mejor es disponer de mucho tiempo para travesías de doce horas en autobuses cochambrosos, pasando veinte mil controles policiales y del ejército. En veinte días se pueden visitar las ciudades más conocidas y las atracciones turísticas y monumentales en las que todos pensamos cuando nos hablan de Egipto.

Las ciudades a las que he viajado son las siguientes: Hurghada, Luxor, Asuán, Abu Simbel, Cairo, Alexandría, Qasr Farafra y Dahab. Por no hablar de los tours que no siempre se centraban en una ciudad concreta. Egipto no es un país de ciudades, es más un país de valles, de construcciones sumamente antiguas que son ciudades en sí mismas. 



Algo de lo que me siento orgulloso es de que he viajado por mi cuenta. Ya conocéis lo que me gusta hacer las cosas por mi cuenta. Todo lo he comprado y planificado yo. Lo cierto es que no llevaba ningún plan concreto sobre qué ver y sobre qué lugares visitar, sí que tenía en mi cabeza una lista de los lugares que merecían la pena ser visitados y, además, un circuito fácilmente modificable para no perder demasiado tiempo en enlaces de una ciudad a otra. Al final de mi viaje cumplí más o menos el planning que me propuse. Lo malo de viajar por cuenta de un mismo es que a veces las cosas no salen bien, hay esperas mortales y problemas en el transporte que dan para varias anécdotas. Lo bueno es que uno ve mucho más que la piscina de su crucero y que la tienda de papiros del amigo del guía contratado por el hotel y, en fin, que uno socializa más con los locales.


En Asuán hice fotos de película
He conocido a muchos egipcios. Cuando digo muchos es muchos. Cada día hablaba con una decena de ellos y era casi un juego. Una persona tímida no puede ir a Egipto por su cuenta porque el viaje perderá toda la gracia. Saber inglés (bien) es fundamental, por un lado es obligatorio para hacerse entender en cualquier ambiente (los egipcios, por supervivencia, saben hablar inglés) y para comprender a los egipcios que no tienen buen acento. Si uno habla peor inglés que ellos entonces está perdido en la mayor parte de las ocasiones. El inglés es el segundo idioma más hablado de egipto, tras el árabe. Cuando digo que he conocido a egipcios es que he conocido a todo tipo de ellos, por eso creo que es tan interesante que me ponga a escribir lo antes posible sobre mis experiencias. Así, a bote pronto, he conocido a militares, a arqueólogos, a vendedores, a conductores, a propietarios de negocios, a tour operadores locales, a policías, a niños trabajadores, a beduinos, a mujeres trabajadoras, a religiosos, a estudiantes extranjeros, a obreros, a camareros, etc. Y conocerlos no es haberles visto varios segundos. Conocerlos ha sido haberme presentado ante ellos y haber compartido mis experiencias y ellos haber hecho uso de una hospitalidad que, en muchos casos, era abrumadora.

He grabado suficientes vídeos (y lo suficientemente buenos) como para poder hacer una serie completa en Youtube. Me gustaría salpicar todos estos posts con imágenes y vídeos de mi viaje y, aunque sé que va a ser algo más costoso, voy a intentarlo.

Así es como quiero comenzar esta serie de posts. Podría seguir escribiendo pero no tengo más tiempo. Gracias por haberme leído y espero que os gusten los próximos posts.

¡Un saludo!

Francisco Riveira.

En Estambul, Turquía.

1 de enero de 2015

Cambios para el 2015





Hola a todo el mundo y feliz año nuevo.

Voy a ser muy breve comentando los cambios que voy a hacer en el blog:

-Un post semanal.
-Un episodio de podcast semanal.

-Un vídeo semanal (si es que hay material suficiente). 

Los tres medios se retroalimentarán, por supuesto. El blog no es tan gratificante como sí que lo era hace 10 años (que fue cuando abrí mi primera cuenta de Blogger). Por aquel entonces la gente comentaba un montón, se creaban comunidades tan bonitas como las que ahora podemos ver entre Youtubers y, en fin, había apoyo mutuo. 


Ahora la cosa ha cambiado y es hasta más gratificante hacer un podcast. Dedicándole a un podcast el doble de tiempo que a un post recibía bastantes más visitas (más del doble habitualmente) y más feedback. Llevo queriendo retomar el podcast desde hace ya un tiempo pero entre que publico aquí diariamente y que apenas tengo tiempo para otra cosa que no sea estudiar y visitar el lugar en que vivo, no lo he hecho.

Por eso planeo algo más humilde, publicar semanalmente en cada uno de esos tres canales, y ver lo que ocurre.

Comenzando por hoy, probablemente el siguiente post trate sobre la preparación del viaje a África y en el siguiente hable de mis experiencias desde Egipto. Los vídeos que grabe estarán editados y aunque no soy experto, sí que tendrán algo de mejor pinta que los últimos que estaba subiendo, con apenas dedicación, pulso muy inestable y no siempre grabando cosas que mereciesen ser grabadas.

Lo sé y por eso, por lo exagerado de publicar diariamente, voy a dejar de hacerlo. Y este es un consejo que hasta mi madre me ha dado.

...

Por lo demás, no tengo ni idea de qué me va a deparar este año 2015. Ni yo ni la mayoría de los que nos vamos a graduar. Algunos tienen claro que quieren seguir estudiando. Otros, como yo, tenemos de repente un mundo de posibilidades abierto que, en mi caso, va desde la música hasta los idiomas pasando por la aviación y la continuación de los estudios de filosofía. Aún quiero ser profesor y quiero luchar por cumplir ese plan de vida. 

Sin embargo, después de 6 años de pura seriedad, formalidad, de pura rutina diaria, sin sobresaltos y sin emociones... parece que de repente comienzo a echar de menos esa existencia estética (como decía Kierkegaard). 

Por eso, hasta donde llegue el dinero, hasta donde llegue la beca, o hasta donde lleguen mis ganas de trabajar y los conocimientos adquiridos hasta hoy (doy gracias por haberle dedicado tiempo a aprender inglés, ¡me ha abierto muchísimas más puertas de las que me esperaba!), voy a intentar que con las decisiones que tome a mediados de este año, ya graduado, procuren abarcar todo ese ámbito de intereses.

Y sé que todo no puede ser a la vez, sé que otras cosas requieren dinero en abundancia (como la aviación, o un máster en nosédónde) pero si hemos llegado hasta aquí, seguir adelante ya es cuestión de inercia como poco.

¿Y qué sentido tiene documentar todas estas inquietudes? Pues porque considero que mucho de lo que pasa por mi cabeza tiene sentido no sólo para mí sino un valor intrínseco que puede ser utilizado y aprovechado por cualquier persona con un mínimo de sensibilidad intelectual. Los problemas que me han ocupado hasta hoy, desde el inicio de mi carrera, han dado vueltas sobre la cuestión de la filosofía de la ciencia, la literatura y la política. No sé mucho de las dos últimas y lo poco que sé de la primera es lo que me permitirá allanar el camino académico que en un futuro seguiré. Todo esto tiene sentido más allá del arco de mi mandíbula. Creo que escribir al público, bajo un nombre y apellidos reales, tiene también un valor de cara a esta tontería de la "marca personal"; que no es otra cosa que el hecho de que a uno se le conozca por ser quien es. Que este término esté empresarializado y, por tanto, que la persona esté cosificada, es una consecuencia funesta de un modo de pensar que también merece la pena criticar con todas las armas dialécticas. 

Esto era un poco de lo que quería decir, espero no haberme dejado mucho en el tintero. Os emplazo al próximo post, podcast o vídeo en Youtube. Por supuesto, cualquiera de ellos tres serán publicados tanto en mi Twitter (@fraveira) como en este blog.
Y, por cierto, espero poder hacer la migración del blog antes de que se termine el 2015.

Un saludo.

Francisco Riveira

En Estambul, Turquía.

30 de diciembre de 2014

[VÍDEO] Nieva en Estambul


Esta ciudad no está preparada para una nevada así...




Un saludo.

En Estambul, Turquía.

29 de diciembre de 2014

Un tour por Egipto



Unas horas más tarde tengo el viaje más claro.
Me he aprovechado de que algunas empresas publican sus tours por Egipto para hacerme una idea de lo que puede merecer la pena ver cada lugar. Por supuesto que iré con menos agobios, porque no hay cosa que más se aleje de la palabra vacaciones que ir a prisas por un país desconocido, a contrarreloj. Me gustaría que este viaje no fuese a contrarreloj. El país
es tan barato que cada día no pesa tanto como en un país de Europa, de los caros. Los hoteles, transportes, entradas a museos y comida no suman cantidades onerosas...

Saliendo el día 10 de Estambul llegaremos en la madrugada del 11. Son 3 horas de vuelo y no hay cambio horario. Llegamos a Hurghada y ahí dormiremos y pasaremos el día 11 entero. El lugar tiene playas y un centro muy bonito aunque no se caracteriza por sus excavaciones, museos, etc. En fin, será un lugar de paso.

En Luxor la idea es estar desde el 12 hasta el 15. Es la ciudad de Egipto que más cosas tiene para ver y por eso hay que dedicarle suficiente tiempo. Tampoco quiero agobiarme así que, si me apetece estar un día más, simplemente lo alargaré, porque en total me sobran varios días que no se me ocurrió con qué llenarlos. El 15 a medio día iremos a Asuán, más al sur, donde también hay mucho que ver. Ahí me informaré bien de lo que cuesta un tour de un día a Abu Simbel, y si puedo integrarme en algún grupo que esté ya hecho (mientras hablen alguno de los tres idiomas que sé bien, me sobra). El 17 lo pasaría entero en Abu Simbel y al día siguiente volvería a Asuán. Ese día en Asuán lo pasaría también planificando mi ruta por el Desierto Blanco. Aunque dije que no quería planificar nada no voy a ser tan suicida de meterme en el desierto sin una noción de qué va a ser de mí. La idea es ir a Al-Farafra y apuntarme en un tour también, aunque no descarto viajar solo durante un día y medio para ver qué se siente al ir por el desierto (eso sí, siempre con la carretera como referencia y mi buen GPS ayudándome a no extraviarme). Los animales nocturnos no son los típicos de la selva, por supuesto, y a lo sumo me encontraré con algunos simpáticos zorros, a los que asustaré más que viceversa.
El 22 afrontaré el final del viaje y llegaré a Giza para ver las Pirámides, que es algo que no puede faltar en un viaje a Egipto. 

Después de eso pasaré dos días en el Cairo y otros dos en Alejandría. No hay mucho que ver ahí, dicen, pero sin embargo unas ciudades tan grandes siempre tienen actividades.
Dependiendo de cómo vayan los vuelos de vuelta (que todavía no he comprado) me gustaría visitar la ciudad de Suez y Sharm. Descarto volver a Turquía desde Israel, no quiero movidas fronterizas.

En Estambul, Turquía.

28 de diciembre de 2014

Mi primer viaje a África



Me imagino Egipto como un lugar aún más especial que Turquía. Nunca he estado en África aunque la tengo muy idealizada. Si hay que tener en cuenta la pobreza a la que la mayoría de sus habitantes están sometidos, este enamoramiento puede parecer estúpido y ciego. Pero... ¿acaso cabe un enamoramiento que no peque de serlo?

En la Universidad de Turquía tenemos casi un mes entero de vacaciones, desde el 10 de enero hasta el 1 de febrero. Después de eso vienen uno o dos meses de los tranquilos en la Universidad para acabar, como ahora mismo, con el agobio y la presión (leve, pero constante) de los exámenes. 

En España esto no es así, o al menos no lo es en la Universidad de Zaragoza. Tenemos unos tres meses de vacaciones pero al acabar el cuatrimestre apenas nos queda un fin de semana antes de volver a retomar las clases. Para los compañeros alemanes que están haciendo Erasmus aquí, las mismas se multiplican, porque sus segundos cuatrimestres comienzan en abril así que... ¡les quedan más de dos meses de break entre uno u otro!

Muchos de nosotros hemos comenzado a planificar viajes. Al menos, la mayoría de los Erasmus que yo conozco (incluso aquellos que ya no volverán a Turquía) quieren hacerse un viaje alrededor del país. Pero alrededor no es por Francia o Alemania, sino por el verdadero alrededor. Mientras que la mayoría de los Erasmus más europeos tienen 20 países a su alrededor a menos de dos horas de avión, nosotros también tenemos esta suerte pero multiplicada: tenemos a pocas horas de avión países que ningún español soñaría con hacer a lo low-cost.

Y aquí llega mi caso. Ya tengo los billetes para irme, dentro de menos de dos semanas, a Egipto. Hace 1 día ni se me habría pasado por la cabeza, así que me toca todo este tiempo para prepararme... y es tan grande, tan basto, tan monumental, que agobia tener que pensar en cómo podré visitarlo todo, dentro o fuera de los guías turísticos. Y es que pienso ir del 10 hasta cuanto me dé el dinero. De momento no tengo vuelo de vuelta aunque, como digo, tendría que ser antes de finalizar el mes. Eso me da un máximo de 20 días para ver bien el país... qué digo bien! Y en enero es una buena fecha para ver Egipto porque las temperaturas son más llevaderas que en primavera o en el verano, donde se derriten hasta los camellos. Si el euro es fuerte contra la lira turca, contra la libra egipcia lo es aún más. Estamos hablando de que un euro equivale a 10 libras egipcias. Hay muchos egipcios que viven (sobre todo en el desierto) por una libra al día. Hay formas de comer con ese dinero. Obviamente no quiero ir como turista, quiero ir como viajero. Hay una diferencia esencial: no voy con todo organizado (aunque sí que me gustaría tener una idea de qué ver, de qué hay en cada lugar), mientras que un turista ha pagado porque esa organización funcione. No tengo pensado dormir en hoteles sino en hostales o incluso al raso (dicen que dormir al raso en un campamento del desierto blanco es una experiencia irrepetible, habrá que verlo). La comida será aún más barata de lo que estoy acostumbrado aquí y lo único especial por lo que tendré que pagar es para visitar museos (aunque tengo carnet de estudiante). Así que, en general, he leído que con 10€ al día (e incluso menos) es suficiente para estar bien en Egipto, con alojamiento, transporte, comida... 

Esta es mi idea general antes de partir. Me quedan, como digo, dos semanas para hacerme una idea de todo lo que este país tiene que ofrecerme, dos semanas para poner mi poco árabe a punto y poder enterarme al menos de cuánto cuestan las cosas y de cómo son las ciudades y los caminos sobre los paneles. Espero que, al menos, estén transliterados.

No hace falta decir que, durante todos esos días, el blog quedará en stand-by y que, si bien me gustaría hacer vídeos y fotos, tampoco quiero obsesionarme por fotografiar el lugar. El otro día en Hagia Sophia casi me daban ganas de gritarle a los japoneses que viesen el lugar por sus ojos antes que por la lente de su réflex.

Si creyese en algo diría que mi viaje a Egipto será un viaje espiritual.

Un saludo.

Francisco Riveira.

En Estambul, Turquía.

27 de diciembre de 2014

La ética del religioso



Toda generación actualiza a sus pelmazos. Hasta el papa cita a Nietzsche. Los curas hoy ya están subidos al carro de la tecnología. Van de parroquia en parroquia, de iglesia en iglesia, con sus Saab 93 (es un coche muy de cura), comen su jamón, beben su vino, y después de dar el peñazo se meten en el restaurante más típico y zampan hasta el final. Claro que hay otro tipo de curas, los que van en metro, en autobús, los que no tienen dinero como para estar de restaurantes, los que no dan misa sino que se ocupan de los más necesitados en los momentos oportunos. Me refiero a todos aquellos que están en otros países, ayudando, en nombre de dios, pero que al final, en algún momento de sus vidas, deben pensar: qué bien me siento ayudando, me daría ahora mismo igual que hubiese un dios porque mi vida tiene sentido sin él. Y es que el sentido, siendo cristiano, siendo creyente, siendo practicante, siendo alguien tan integrado en ese conjunto de doctrinas morales, tiene que ser algo bien difícil de escoger. Porque ellos no dejan de ser personas, por mucho que en determinado momento comiencen a hablar por boca de dios. No dejan de ser personas y saben que tienen algo especial que les hace diferentes. Muchos son humildes, pero falsamente. Y no hay cosa más exasperante que un falso humilde. Los peores son los que te piden que des gracias a su dios por ponerles ahí. Pero así como una religión está creada ex profeso para controlar, también tiene sus consecuencias positivas: y es que, al final, ayudan, y creyendo o no que ayudan bajo la mirada de su divinidad, hacen algo bueno por los demás.

Y entonces vienen los ogros que sólo critican, entre los que me incluyo (aunque pretendo, y más últimamente, desde que me rodeo de personas que creen en la mayoría de las religiones monoteístas, dejar de sólo hacer eso), para decir que esas personas no tienen sentido crítico alguno. Que si están ahí es por fuerza mayor, que ni ellos, a su edad adulta, han sido los que han decidido ser curas, todo ha sido una sucesión de casos fortuitos que les ha llevado a elegir ser religiosos. Pero lo mismo podría decir del que se considera como crítico-escéptico: tampoco, poniéndonos así, es su culpa o su mérito haber llegado a tales conclusiones (ateísmo, ciencia por encima de lo demás, etc), si un religioso no tiene la culpa de haber llegado a ser lo que es, tampoco los demás. 

No sé por qué aceptamos, sin pensarlo, que somos libres para elegir lo bueno y que, por el contrario, cuando elegimos mal (y, para muchos, entre los que me incluyo, moralmente elegir una religión como guía de vida no es lo correcto -por no usar la palabra "mal") es cuando funcionamos determinados por el ambiente, por nuestros genes, por una especie de olvido repentino de nuestra persona.

Dado que cada vez estamos más cerca de llegar a esa conclusión (que no tenemos nada que ver con nosotros mismos, que el libre albedrío es pura ilusión), estaría bien comenzar a vigilar los problemas derivados de esto mismo. No creo que un buen estudiante o teórico de la ética pueda serlo alejado de las teorías, por ejemplo, de la neurología... si es así, si va a hacer lo mismo que se ha hecho siempre (especular), mejor que se quede calladito y ahorre tinta y papel.

Cuando leemos los estudios que sacan conclusiones tautológicas, básicas y triviales del tipo: el que mata es un perturbado, el que viola tenía problemas de pequeño, la mujer maltratada tiene que ser considerada como víctima, etc, estamos asistiendo claramente a un estudio que parte valorándose a sí mismo y concluyendo lo que le interesa de manera anticipada. Estos son los estudios que se hacen hoy en día en antropología o en psicología. 

No queremos más imposturas intelectuales y menos cuando se trata de ética.

Un saludo.

En Estambul, Turquía.

26 de diciembre de 2014

[VÍDEO] El segundo día de conciertos, With a little help from my friends



No conocía a Joe Cocker hasta ayer, que lo escuché en Carne Cruda. Justo era una de las canciones que cantamos en el coro, With a little help from my friends, original de los Beatles. Nuestra versión la podéis ver ahí arriba, la suya justo debajo de estas palabras. Este post no es un homenaje, porque no le conocía, pero sí a esta canción, una canción que, aun sin saber su nombre, me emocionaba por las coristas que cantaban el título de la canción. Tanto en jazz como en gospel los coros dan una personalidad y epicidad a las canciones muy difíciles de conseguir con uno o dos cantantes.

Espero que disfrutéis ambas canciones tanto como yo lo he hecho (desde dentro y desde fuera) y que os animéis a conocer más de este tipo de estilos de música.

Por cierto, el segundo día de conciertos fue mucho mejor que el primero, nos fueron a ver entre ambas actuaciones mil personas, cierto es que estábamos ahí los tres coros de la Universidad. En la última canción del segundo concierto, Under Pressure, estuve yo como único solista. A pesar de vérmelas con un público tan amplio, sentía la presencia y potencia vocal de todo el coro detrás de mí y mi seguridad como cantante, tras varios años de trabajo, me impide ponerme demasiado nervioso ante una actuación como estas. En cuanto tenga un enlace de Under Pressure lo subiré también.





Un saludo.

En Estambul, Turquía.

24 de diciembre de 2014

Reflexión de un ateo en país musulmán


Bueno, no es para tanto, me digo, después de haber cenado bien, caliente y con buena compañía. No es para tanto porque al fin y al cabo los amigos son la familia que uno elige y amigos concebidos tras unos cuantos meses de coro (eso sí, en turco) suelen ser una buena elección.


Mañana tendré mi primer desayuno turco y sí, llevo en Turquía ya casi cuatro meses. Hay cosas que me faltan por probar y lugares a los que tengo que ir. Ayer, como visteis, subí un vídeo de Hagia Sophia, enseñando cómo es por dentro. Es una pena que esté en tal estado pero qué le vamos a hacer, es lo que ocurre con los edificios milenarios. 

Esta ciudad está llena de contrastes. Uno puede vivir ajeno a su magnificencia si se dedica a ir desde su barrio (en el Downtown) a la Universidad. El único momento (y no es poca cosa) en que se puede observar la belleza de la ciudad es al bajar al campus sur de la Universidad del Bósforo. Desde ahí se puede otear, en días soleados, la otra orilla. El puente brillante de noche es una maravilla para la vista, y los barcos últimamente sueltan muchos fuegos artificiales, hoy nos hemos quedado mirando dos de ellos cuando salíamos del club de música. Y con una rutina así, ¿qué sabrán los turcos de esta Universidad de lo que es la vida? Pues bien, yo creo que esto es por lo que hay que luchar en todos lados, tenemos que luchar para que todo el mundo pueda acceder a una buena educación, a varios idiomas y a gente de todo estilo que les aporte conocimiento y apoyo. Los turcos en esta universidad son una especie de élite y ellos mismos se reconocen como afortunados, de dos millones de peticiones de entrada tan solo han pasado por el aro 5000, anualmente. 

El ambiente es bucólico en verano, no me imagino cómo puede ser una noche de mayo en este campus, habiendo terminado los exámenes y disfrutando ya de los últimos coletazos de una beca Erasmus (que, por cierto, aún no ha llegado a ningún español que conozca). Los días aquí son muy cortos, pero bastante más tratables que en Zaragoza, donde el cierzo te arrastra a su voluntad como si fueses una marioneta.


Por supuesto que no se celebra la Navidad. Hoy ha sido un miércoles más y mañana será un jueves como cualquier otro. Las familias simplemente siguen sus vidas y, de hecho, hay gente con exámenes a lo largo de estas fechas (¡yo tengo uno el 3 de enero!). Es en estos pequeños detalles cuando te das cuenta de que estás en otro país, de que a pesar de que, si no quieres, no ves la diferencia (porque por poder puedes quedarte en tu cuarto todo el día y solo salir cuando las circunstancias te lo exijan), 

Turquía es musulmana y como tal funciona. Pero ni de lejos es un choque cultural tan grande como China u otros países un poco más hacia el este. ¿Quizá este país me sirva de preparación para otros? Mi relación con los "moros" ya está totalmente trastocada. Mientras que en mi instituto los raros y no integrados eran los musulmanes, ahora soy yo el ateo que intenta considerar una sociedad musulmana que, por otro lado, se comporta como la española en la mayoría de las ocasiones. Y esta relación se ve alimentada por toda la gente con religiones diferentes. Prácticamente sólo me queda conocer a budistas para asistir a un buen plantel general del estado de la cuestión. Como ateo, ya no juzgo. Suele decir la gente, cuando alguien sale del armario, que ellos le aceptan, que seguirán ahí, que por ellos está bien. Y no se dan cuenta de que a nadie le importa si ellos aceptan o no, si seguirán ahí apoyando o no, que ellos no tienen que aceptar nada y que mejor se callen la boca. Esos mismos comentarios surgen con los musulmanes: yo no acepto o dejo de aceptar nada, aunque tenga motivos para pensar que tu religión, como todas, está equivocada desde su principio en según qué planteamientos éticos, ya no te juzgo, porque ni quiero ni debo. A menudo los ateos pierden la perspectiva, se engolfan tanto en sus pensadores de mierda (tipo Dawkins) que piensan que la religión es un puro capricho, que no hay nada tras de ella. Pero no es así, los ateos (entre los que, por supuesto, me incluyo) solemos actuar de un modo muy caprichoso. Y si el ateísmo se pregunta por qué no es capaz de crear comunidad, quizá tendría que cambiar sus bases. Quizá el ateísmo no propone, sólo describe. Y una teoría que no propone nada es estéril, egoísta y, muchas veces, destructiva. Los humanistas tenían la intención de poner al ser humano (en el Renacimiento ante todo) en el centro de todas las cosas, ¡pero porque tenían motivos, ya había habido suficiente dios por aquel entonces! Los ateos de hoy en día, los grupos de escépticos... no tienen planes ulteriores, ni siquiera fingen tener buenas intenciones como la de querer educar a todos, querer hacerles partícipes de la razón humana. Es un pozo de basura requetemanida.

Aunque no tengo la más pálida idea de cómo va a terminar, esto está yendo por un camino indeseable. Lo cierto es que viajar y hablar con otra gente (porque NUNCA basta viajar, hay que mojarse) es el mejor antídoto anti-prejuicios. Y sí, los ateos también somos prejuiciosos. No creer en dios (quizá precisamente por eso), en alguno de esos dioses, muchas veces tiene consecuencias nefastas... y si el cristianismo, o el catolicismo con el papa al frente está volviendo a proponer (o proponiendo por primera vez) las economías colaborativas, las políticas para los pobres, y la concordia universal... es por algo, ¡porque su conjunto de creencias tiende hacia un mundo así! La Biblia son muchos libros, divididos en dos grandes bloques, y si leemos el primer gran bloque no entendemos nada de Jesucristo. Si leemos el segundo, entonces, encontramos una obra que se ha completado de forma casi milagrosa, dando sentido al argumento de manera magistral. Y así es como un ateo tiene que leer la Biblia, considerándola una obra valiosa para su tiempo y para los futuros, aunque critique denodadamente la idea de dios, uno no puede sencillamente obviar esa obra y su influencia, al igual que Quijote es reconocible y ha dado lugar a ríos de tinta.

Puede que haya quien muera por una idea, pero que esa idea haya sido inventada y no tenga un correlato en la vida real no implica que no tenga un significado... un sentido.

Un saludo.

Francisco Riveira

En Estambul, Turquía.

23 de diciembre de 2014

22 de diciembre de 2014

Una lotería irracional e inmoral



En cualquier país que ha hecho el bachillerato tendría que prohibirse o, al menos, regularse de alguna manera (críticamente) este tipo de fenómenos.
Para estos pequeños comentarios de hoy he seguido un vídeo de Gustavo Bueno tratando este mismo asunto, es muy esclarecedor y me gustaría que le echaseis un vistazo, todo lo que diga yo aquí es comentario a pie de página de él.

Pero España es diferente, en todo y en esto también. Y estaría bien tener costumbres que nos diferenciaran como pueblo si tuviesen algún sentido, si tuviesen algún valor a pesar de ser profundamente irracionales... sin embargo la lotería es profundamente estúpida e inmoral. Inmoral porque acostumbra a ilusionar sin basarse en ninguna actividad provechosa, ni siquiera es hospitalaria con las teorías del elogio de la pereza: ¿cómo se puede conquistar la pereza participando en un concurso improbable de ganar? No es un buen proyecto de vida. Nadie serio juega a la lotería todos los años y luego le queda la poca cara de dar lecciones a los demás sobre cómo manejar su dinero... nadie salvo los españoles. Los españoles ya han hecho de este juego el opio del pueblo, como dice Gustavo, es el opio que alimenta una esperanza vana, vana por no estar sujeta a ninguna teoría ni práctica posibles (racionales). No tendría tampoco que ser aceptada por los liberales, simplemente es un juego que se legitima socialmente por la costumbre que en este país se ha creado. Ha pasado a conformarse toda una estructura cultural alrededor de ella. Y no sólo hablo de la cancioncita o el vídeo lacrimóngeno sino de esas apuestas por internet, esos comentarios rallanos en lo pseudomágico que asocian a los números una belleza que no tienen (al menos no esa belleza que veían los pitagóricos...),etc. La numerología vuelve a hacer presencia y todos aquellos que se quejan de que no haya habitaciones en el piso trece de los hospitales u hoteles, o de que la plaza decimotercera del avión esté suprimida, todo por que la creencia irracional de la mayoría de los pasajeros es capaz de modificar actitudes, leyes y normas que nada tienen que ver con ella. Y yo me pregunto: ¿qué clase de legitimidad tiene un país que modifica, por una vez al año -sin contar las otras cientas en que lo hace con otro tipo de cosas- su discurso del emprendimiento, de la jodienda de la excelencia y del trabaja mucho que después vendrán los beneficios y saldremos de la crisis? Bien, lo cierto es que ninguna, y si se es de una forma frente al discurso económico los gobernantes toman el fenómeno de la lotería tal y como lo que es: un sacacuartos, el impuesto de los tontos... y se aprovechan de ello aplicando impuestos, de tal suerte que crean a la población una actividad anual que a la vez que reparte riqueza entre dos gatos contados se recupera un buen pellizco a través de Hacienda.

Y esto supone una de las tradiciones más arraigadas de España. Y esta es una tradición laica. Todo lo que rodea a esta tradición da pena, horror y ha de ser criticado. El juego está bien, es lícito, es moralmente aceptable si no pasa al terreno de lo público. Pero cuando este juego deja de ser juego (por mucho que alguien se invente que elige números por según qué fecha importante, etc... ¡esa decisión no tiene ninguna motivación racional!) y pasa a ser parte de las fiestas de Navidad... entonces sí que tenemos derecho a criticar.

Y criticamos todas las actitudes que nos parecen mal. Y las criticamos desde nuestras pequeñas bases teóricas. Y no, el fenómeno de la lotería no hay por dónde cogerlo desde una perspectiva de clase. Ya está bien de querer estudiar fenómenos atmosféricos aplicando las reglas gramaticales del ruso.

Un saludo.

Francisco Riveira

En Estambul, Turquía.

21 de diciembre de 2014

Razones para aprender chino y árabe



Unos meses atrás escribí sobre cómo ser culto. Creo que se me olvidó darle más importancia a una parte ineludible dentro de ese camino: aprender idiomas.

Hay un tipo de personas (como yo) que nos gusta acumular y acumular conocimiento, y de cuanta más calidad, mejor. En este sentido, los idiomas son también una moneda de cambio con la que fardar o con la que, simplemente, poder resultar más cercano a otras personas en el mundo. Sin darme cuenta fui mejorando mi inglés y mi italiano, sin ser muy consciente de ello y con pocas oportunidades de practicarlo a lo grande. Eso sí, toda oportunidad que veía la intentaba explotar al máximo: en un viaje de tres días casi acosaba a los italianos para que hablasen conmigo y, en inglés, cuando conocía a alguien con el que no pudiese expresarme en otra lengua, intentaba hablar lo más posible, incluso con frases mal construidas o palabras inventadas y de apariencia internacional.

Los idiomas son otro de los grandes pasos a seguir para ser culto.
Hay tres o cuatro idiomas con los que uno puede decir que es capaz de hablar con la mayor parte de la humanidad: español, inglés, chino y árabe. El árabe lo tengo bastante presente, no diariamente sino dependiendo del círculo en el que me mueva. Con los amigos sirios (que no son metafóricos, son realmente personas de carne y hueso que he llegado a conocer) he aprendido un poco de ese idioma, aunque ya la mayoría se me ha olvidado... ¿por qué? Porque las anécdotas en idiomas con alfabetos distintos son difícilmente comprensibles. Quizá, por una buena jugada de la memoria, se mantengan palabras bien distinguidas (ki fak, evn el sharmouta...) pero para nada son suficientes. En cambio, con el inglés, francés, alemán... o las lenguas germánicas y latinas en general, al tenerlas tan presentes en nuestro día a día, esta labor es más interesante. A pesar de todo, un conocimiento de esos idiomas profundo y más allá de lo anédcotico requiere mucho tiempo. El alemán, por ejemplo, no es un plato fácilmente digerible.

¿Pero qué ocurre con otros idiomas como el chino? El chino y el árabe son los únicos dos idiomas que yo aprendería por motivos totalmente instrumentales, utilitaristas, sin intereses culturales previos (como me ocurría con el italiano o con el alemán). Son idiomas hablados por tantos millones de personas y que abren tantas puertas en cualquier ámbito (laboral, cultural...) que pasarlos por alto a mi edad (máxime habiendo gente con setenta y tantos que esá aprendiendo idiomas como si nada) es un error que no quiero cometer.



Por tanto, el siguiente paso en este camino es aprender bien uno de esos dos idiomas: chino o árabe. Ambos requieren años, requieren incluso vivir en el país (viviendo en Turquía
me doy cuenta de lo que estaría aprovechando aquí haber aprendido turco antes de venir), pero las satisfacciones que dan a corto y largo plazo son una consecuencia tan atractiva que no puedo esperar el momento de terminar la carrera y ponerme con ello.

Y si os interesan los idiomas y el modo de aprenderlos os dejo el canal de Steve Kaufmann

Un saludo.

En Estambul, Turquía.

20 de diciembre de 2014

Celebrando Hanukkah



Candelabro improvisado para celebrar esta fiesta judía con algunos amigos de Estados Unidos.


En Estambul, Turquía.

18 de diciembre de 2014

Los maestros salvarán a la humanidad



Somos humanos y no podemos controlar todo.
Una persona, hoy en día, por muy inteligente que sea, es incapaz de aprender todas las matemáticas de su tiempo.
La especialización tiene buenos resultados pero las personas dejan de ser completas.
Por no atender a mil bandos acabamos por no atender a ninguno.
La mejor forma de estar al tanto de todo no es a través de las redes sociales sino a través de los libros.
Los libros que nos alejan de la realidad pueden servir en ocasiones, pero no tendrían que ser la norma.
Cuando nos apetece descansar buscamos lo que mejor ocupe nuestro tiempo, y si no nos hace pensar, mejor aún. Ver y comer. Comer y dormir.
Cuando las encuestas dicen que vemos una hora más de Internet al día que de televisión, ¿tenemos que preocuparnos?
No sabemos qué hacer con tanta información y para eso existen los profesores.
Los periodistas ya no sirven para cotejar la información y facilitarnos lo más interesante.
El único medio de habla castellana que despierta mi interés casi diariamente es la revista JotDown. 
También los podcasts, pero de vez en cuando y uno por uno, elegidos cuidadosamente tras varios filtros personales y generales (de la propia plataforma que uso: iVoox). 
Un exceso de información me agría el carácter. Por eso, tras pasarme un verano entero trabajando y escuchando la televisión todas las mañanas y tardes, la limpieza de cerebro (en el buen sentido) ha sido de agradecer.
También tendríamos que limpiarnos el cerebro de Twitter y las redes sociales o, al menos, comenzar a seguir a otra gente e integrarnos en otros ámbitos.
Teme al hombre de un solo libro, teme al hombre de un solo tema, teme al regionalista, al que hace política familiar, al que ve el mundo desde tan solo una óptica y, cuando se enfrenta con otras visiones, las sigue entendiendo con su propio ámbito.


Teme al filósofo, al politólogo... que articulan sus discursos para unos pocos. 
Teme también a los que crean contenido para consumirse y pasar a otra cosa al instante. Teme, por tanto, al que te dé el pescado y no la caña para seguir pensando tú.


Tenemos que ser más los profesores, tenemos que potenciar esta vocación... el conocimiento y la información está por todos lugares pero su tratamiento, intelección y criba necesitan de una mano maestra que los dirija correctamente. O al menos lo que cada uno entienda por correcto.

En Estambul, Turquía.

17 de diciembre de 2014

Thérèse Raquin, de vuelta a la realidad



A veces necesito una dosis de realismo. Pero no del realismo de los noticieros, un realismo periodístico que nada tiene que ver con lo que verdaderamente sucede a las personas, sino un realismo intencionado, una descripción descarnada de los sucesos, casi médica y científica. Eso es lo que me ofrece Zola.

La primera vez que leí a Zola obtuve mi conciencia política, hasta ese punto llegó su narración a afectarme. Me refiero, cómo no, a una de sus obras más importantes: Germinal. 


Conforme iba avanzando sus páginas asistía aterrorizado a la vida de unos mineros de la Francia de finales del siglo XIX donde eran tratados como animales mientras que, al mismo tiempo, los señores propietarios se daban la buena vida. ¿Quiénes habían hecho más méritos para tener una vida relajada? ¿Los señores hijos de propietarios o los trabajadores hijos de proletarios que jamás podrían salir del agujero en que se encontraban? Asistí a ese fenómeno, al de los borrachos para olvidar, al de las camas calientes, al de la desigualdad puesta en escena sin necesidad del pecado que muchos escritores actuales cometen: el patetismo injustificado. El naturalismo, si algo tiene de agradable, es esa voluntad de objetividad que trata cualquier tema como si lo narrase una tercera persona. Esas son las descripciones que a mí me gustan, esas son las narraciones que creo valiosas. En un libro no me interesan los sentimientos del autor, o su vida privada (salvo en algunos casos) sino cómo sabe transmitir determinados sentimientos y acciones... y, para ello, nada mejor que el realismo y el naturalismo.


Galdós se encuentra en un nivel parecido al de Zola, aunque creo que Zola tenía mucho mayor conocimiento del mundo y "disfrutaba" de una época bastante más apasionante. Galdós escribía sobre su pasado más cercano (Episodios Nacionales) mientras que Zola lo hacía de su presente continuo. Ambos, por cierto, no fueron buenos estudiantes pero, curiosamente, acabaron como escritores geniales compatibilizando su actividad con el periodismo .

En Thérèse Raquin volvemos a asistir al mejor Zola. En sus inicios, quiso aplicar los tres puntos principales del naturalismo en esta novela. Tal atrevimiento le supuso no pocas críticas que le tachaban de inmoral. Y ya se sabe, cuando alguien describe objetivamente algo los que aplican criterios morales son los demás, no él.

La novela (no hago spoilers) trata de la vida de una familia algo desestructurada. Una madre amantísima, un hijo enfermo y una hija adoptada que viven siempre en el mismo agujero, una vida monótona, sin sentido y sin valor. Cuando se hacen mayores, los dos hijos (que no comparten sangre) se casan, haciendo de la madre una persona feliz pues sabe que cuando falte ella su hijo -siempre tendente a la enfermedad- va a estar bien cuidado. Todo su mundo se trastoca cuando hace aparición un viejo amigo del enfermo que se introduce una noche por semana en las veladas de la familia, donde juegan, charlan y pasan el rato. Este amigo consigue sacar de su ceguera pasional a la hija (Thérèse) y desde entonces la novela se desarrolla, pasando por dos momentos cumbre: el crimen y el desenlace.

Decía Zola que cada capítulo tenía que verse como una descripción lo más detallada y objetiva posible de un sentimiento, afecto, pecado capital o estado mental... quien lo quisiese ver como otra cosa y, además, lo criticase, estaría errando el tiro. Como digo, los críticos de su época se subían por las paredes. Hoy en día este libro, después de asistir a fenómenos como el realismo sucio o películas de dudoso buen gusto (tipo American Pie, Torrente) nos puede parecer pueril. Pero, poniéndonos en su tiempo histórico, la revolución que supuso para la literatura universal fue insospechado. Es un libro tan moderno que podría decirse que fue escrito cien años después de cuando realmente se publicó: 1867.

La narración tiene en cuenta tres cuestiones clave del realismo: la herencia familiar y su manera de conformar a la prole, los problemas más acuciantes que la sociedad crea en personas particulares (alcoholismo, crímenes, prostitución) y, cómo no, el efecto que la sociedad en sentido amplio tiene en los individuos que la habitan (una situación socioeconómica concreta, etc).

Es un libro de Zola la mejor manera de leer historia de Francia, e incluso de averiguar profundamente las impresiones de un ser humano tras haber pasado por una experiencia calamitosa y decisiva. Al igual que Zola, nuestro querido Galdós es el narrador apropiado para conocer la historia del siglo XIX. 

Hoy en día ya estamos tan imbuidos por realismos mágicos, poesías baratas y descripciones parciales de la realidad (quizá esto último facilitado por la imposibilidad de describir con un mínimo de rigor toda la realidad en su conjunto) que el naturalismo está fuera de moda. La gente quiere historias maravillosas que le transporten a mundos distintos al suyo, en otros planetas o en otras épocas.

Quizá este gusto por lo fascinante e inalcanzable sea una de las causas por las que parecemos ser una generación adormilada, más preocupada por conocer el final de Harry Potter que por descubrir qué se encuentra detrás de, por ejemplo, las motivaciones de un violador o un terrorista.

Un saludo.

Francisco Riveira

En Estambul, Turquía.

16 de diciembre de 2014

El primer concierto con el coro



Acabamos de hacer el primer concierto con el coro. Llevábamos preparando las canciones desde inicios de octubre y hasta aquí hemos llegado (aunque queda un largo camino por delante, toda la primera mitad de 2015). En el concierto de hoy también han participado los coros de jazz y clásica, que forman parte del club de música de la Universidad del Bósforo.

La última semana ha estado llena de ensayos y casi no me he dedicado a otra cosa más que a preparar las canciones. En mi caso particular he tenido que hacer mayor esfuerzo tanto en la última canción (We will rock you) como la penúltima (Under Pressure) porque me han dado las partes para solista, y es que el conductor del coro sabe que me gusta mucho Queen.

Así que hoy tuvimos el concierto, estuvimos desde las seis hasta casi las nueve y media dando vueltas, preparando nuestras voces, la coreogafía y hablando en general de cómo teníamos que estar una vez en el escenario. Como siempre, todo era en turco, con breves traducciones al inglés al final de cada explicación larga. Me da la sensación de estar perdiéndome la mayor parte de la experiencia de participar en un coro precisamente por esto, porque no entiendo ni los chistes, ni las expresiones, ironías, etc, que, imagino, tienen cuando hablan. A las nueve y media comenzamos y todo duró como veinte minutos que se me pasaron volando.

El asunto con el turco sigue sin despegar. Cada día aprendo nuevas palabras pero me queda muchísimo tiempo hasta ser capaz de seguir a medias una frase, y digo a medias, porque atrapar el significado completo es una tarea que, estoy seguro, no podré completar antes de que me toque volver a España.

En la última canción que hicimos en el concierto, Under Pressure, tenía los solos donde más claramente se me oía a mí. En ambas partes tenía que hacerme oír por encima de los demás porque de eso se trata, y en una frase debía alcanzar una nota aguda sin desentonar, creo que no lo hice mal. Sobre esto, me gustaría colgar aquí el vídeo tan pronto como lo suban a YouTube.

Lo podíamos haber hecho mejor, por supuesto, pero superó con creces mis expectativas. Era la primera vez que cantaba delante de cientos de personas y en ningún momento ello me dio nervios. Además, los potentes focos que estaban sobre mí difuminaban cualquier cara concreta. Eso sí, al final despredían tanto calor que la mayoría de los que estábamos en las primeras filas comenzamos a sudar al cabo de varias canciones.

En general muy contento y, como digo, tan pronto como esté subido el archivo lo publicaré aquí. Hacía ya tiempo que no escribía un post y después de una semana publicando vídeos del tour y un ensayo (ya escrito) sobre Zubiri, tenía ganas.

Mañana más.

Un saludo.

En Estambul, Turquía.