Robotín de Google

16 de julio de 2013

La vida non grata del pirata (televisivo)



Hay que mantener las apariencias.
Hay que vestirse también correctamente para poder ir a la televisión.
Nuestro objetivo, aunque tengamos coleta, es poder meternos en la televisión para que se escuche nuestro discurso.
Hay que entrar ahí pero con pasos firmes y seguros. Luego nos llamarán el "Jesucristo" comunista que viene a arreglarlo todo con sus estadísticas favorables a sus argumentos. Pero nos da igual.
Como nuestra tertulia de "serie b" ha tenido un éxito relativo nos llaman desde las GRANDES.
Aunque les entre y salga por un oído lo que digamos al menos van a simular, que es de lo que se trata, tolerancia disimulada. La progresía proyecta sombras de pluralismo y tolerancia.

...

Nos dejan hablar dos minutos. Cuando terminamos nuestra intervención a toda velocidad (porque el formato televisivo ha de ser rápido con objeto de evitar contenidos espesos, tediosos y sesudos) viene Paquito diciendo que nos vayamos a Cuba, que ahí seguro que nos entenderán.

Espacio publicitario.

Vuelven a preguntarnos sobre la noticia que es la comidilla de la jornada. Con el iPad en mano y una capacidad de síntesis y concisión casi sobrehumanas salvamos las estocadas.

...

Hemos dedicado hora y media en coger el transporte público, llegar a los estudios de grabación, maquillarnos y esperar a que nos llegue el turno de participación para hablar durante dos minutos, esperar una publicidad de diez minutos y en medio minuto dar una opinión sobre algún asunto.
Hemos opinado. La raíz y la base del iceberg estaban tan por debajo de nosotros que el debate ha resultado totalmente estéril.

Me pregunto si merece la pena tanto esfuerzo para tan escasos resultados.

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