Robotín de Google

29 de noviembre de 2014

Acción de gracias




Escuché una conferencia (que yo las escucho, no asisto a ellas, a través de la Fundación Juan March) hace varios años donde una mujer, ya famosa escritora, decía que había podido vivir toda su vida como una princesa gracias a haber estudiado, escrito y leído.

Efectivamente, eso es para mí vivir como un príncipe: escribir y leer. Tener todo el tiempo del mundo para estas dos actividades hace que el esfuerzo que haya que realizar para aprobar los exámenes sea un precio muy bajo a pagar. Que me paguen por estudiar filosofía, es decir, que me den una beca por hacer lo que más me gusta en el mundo, es como vivir en un sueño. Además, poder hacerlo fuera de la misma ciudad en la que había vivido durante 15 años es un lujo extra. Por no hablar de este año entero, que recién está comenzando, que voy a pasar en una de las ciudades más exóticas, llenas de historia y de gente magnífica como es Estambul. Este tipo de cosas, hace siglos, sólo estaban al alcance de príncipes, de aristócratas, de gente con mucho dinero, o gente con la firme convicción de que después se meterían a rezar a dios para poder estudiar todo lo que les diese la gana, bajo la obligatoriedad de no poder casarse, no poder ser libres, etc.

Pero que hoy, en el siglo XXI, una parte de la población podamos disfrutar de esto(si queremos), es un milagro que no ha sucedido porque sí sino por todas las revoluciones, manifestaciones y críticas a lo largo y ancho del planeta por gente más o menos realista que, sonase utópico o no, querían que cualquier persona, fuera cual fuese su condición económica, pudiese acceder a lo máximo en el mundo civil. Y aquí estamos, en mi caso se ha hecho realidad y aunque tener una carrera, o dos, o un idioma, dos, o tres (como es mi caso por el momento) no implica que se vaya a conseguir un trabajo asegurado, sí que es algo que en otros lugares del mundo, como Estados Unidos, no puede ocurrir gratuitamente. Que toda una sociedad como es la española haya estado financiando esta educación, que un organismo europeo, como es el que controla y gestiona las becas Erasmus, haya permitido que tanto yo como decenas de miles de otros jóvenes a lo largo y ancho de Europa sean capaces de pasar meses disfrutando y aportando a otras culturas y países, es algo indudablemente beneficioso tanto para ellos como para los demás.

Por tanto esto no es cosa de magia, ni un milagro como he dicho al principio del párrafo anterior. Es cosa de esfuerzos, muertes, sangre y violencia en el sentido apropiado. Porque, no lo olvidemos, que todo el mundo pueda acceder a esta educación ha producido no pocos sudores en aristócratas convencidos de que eran mejores que los demás. Porque también hoy hay gente que cree que hay que tener un mérito enorme, ser el mejor en lo que uno se proponga, para poder recibir una beca de este estilo (de las que permiten vivir dedicado al estudio). No, soy de los que piensan que no hay que competir por ser el mejor. Que yo lo haya hecho en determinados momentos no implica que eso tenga que aplicarse en el resto de los casos. Si todos intentan ser los mejores en lo que hacen entonces estamos impidiéndoles realizarse en otros ámbitos de la vida porque, no lo olvidemos, tampoco todo va a ser estudiar (también habrá que f... -parafraseando a Krahe). 

Darse las gracias a uno mismo es bastante risible y miserable. Uno mismo tiene para consigo un deber relativo. Soy de los que piensan que no es moralmente reprochable el suicidio puesto que nadie es nadie para decir si uno tiene que seguir sufriendo o no, por muchas teorías psicológicas que mantengan que a veces es mejor esperar y que, desde luego, el tiempo lo arregla todo. Así que si ni siquiera para con nosotros mismos tenemos el deber de mantenernos vivos, ¿qué menor será el deber de estudiar para ser más sabios? El inteligente puede que decida que el trabajo físico va más con su personalidad, con sus intereses, y habrá que determinar que así sea. El vago redomado hoy es más necesario que nunca para que, al menos, sirva como ejemplo de cómo no ser. Y no voy a ser yo el que haga una nueva apología de la pereza. Soy de los que piensan que la pereza es cada vez más necesaria, es hospitalaria con un pensamiento del decrecimiento, o del crecimiento moderado... compatible con una economía más preocupada por la sociedad que por los voraces mercados y mercachifles que los mantienen.

Por eso las gracias tienen que ser, siempre, a los demás. Los demás son los que nos mantienen así, los que permiten que comamos, que tengamos la educación que poseemos, los que pagan impuestos y nos dejan estudiar tranquilamente, esperando o no que un buen día demos eso de vuelta. 

Hay gente que desconfía de los que estudiamos humanidades. Es normal ya que ahora el pensamiento es contrario a las carreras que no crean seres productivos ni productores de material o de capital. Hay otros que dicen que creamos capital humano, ¡qué binomio más feo! Pero no, ni siquiera eso. Yo no pretendo crear ningún tipo de capital, de consumible, con mis futuros pensamientos sobre la parte de la filosofía en la que estoy más interesado (Filosofía de la Ciencia). Pretendo dar luz sobre los asuntos, o ser un historiador de una de las realidades más sobresalientes de la humanidad, una de sus más grandes y efectivas construcciones.

Y por ser capaz de hablar de ello, por ver en el futuro una mínima (o máxima, quién sabe) posibilidad de ser profesor y de cumplir mi sueño y seguir leyendo, escribiendo y enseñando (que es mi tercera pasión), doy gracias hoy a todos los que las quieran recibir.

Un saludo.

Francisco Riveira

En Estambul, Turquía.

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